Mimi y José en su piso. À Punt
Mimi y José son pensionistas y tienen que compartir piso en Valencia: "Con 630 euros de renta no se puede comprar"
Ambos viven juntos en la capital del Turia gracias a la ONG Hogares Compartidos. Afirman que están "muy contentos".
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Compartir piso no es únicamente para jóvenes. La complicada situación económica en la que muchos sectores sociales se encuentran en la actualidad ha llevado a muchos a buscar opciones alternativas para poder acceder a una vivienda.
Es el caso de Mimi y José, dos pensionistas que, a través de la ONG Hogares Compartidos, viven una nueva experiencia vital en un piso compartido con otro compañero, tal y como han contado en el programa 'La Clau per a viure' de À Punt.
"Con 630 euros de renta no se puede comprar nada", denuncia Mimi. Ella, tras padecer problemas de salud desde hace dos años, tuvo que dejar su trabajo como autónoma. "Me dieron una incapacidad total", explica.
En ese momento, tuvo que buscar opciones para vivir ante la falta de ingresos y la baja renta que percibía de su pensión. "Antes de llegar a este piso tuve dos casas, pero al final la crisis, los clientes dejan de pagar, no puedes pagar tú y tienes que dejar los pisos", asegura.
Fue en ese punto cuando decidió contactar con la ONG Hogares Compartidos, donde le recibieron "con los brazos abiertos". Tras superar el proceso de selección y una entrevista, pudo comenzar a compartir piso. "Ha sido todo muy rápido", detalla Mimi.
Y, aunque está muy cómoda en el piso que comparte con José y otro compañero más, afirma que, en su caso, "compartir piso ha sido una obligación".
Por su parte, José, su compañero, asegura que "jamás pensaría que podría llegar a este punto" de tener que vivir en una vivienda compartida.
Sin embargo, al igual que Mimi, destaca que "comparte piso con dos personas maravillosas". "Es bonito llevarse bien, estoy muy a gusto", declara.
Todo ello gracias a la labor de Hogares Compartidos, una asociación que busca ofrecer alojamiento a personas mayores de 60 años con pensiones bajas, sin vivienda propia y que necesitan tener estabilidad en un sitio digno.
La convivencia
"Con 630 euros no puedes encontrar ni habitación ni piso", critica Mimi. Pese a ello, "está muy contenta" con sus compañeros de piso. "Tengo la casa muy alegre todos los días", celebra.
En el hogar, cada uno tiene "su misión". "Uno hace la comida, otro las tareas y cada uno hace sus cosas", explica José.
Él también se vio obligado a compartir piso después de "una vida peculiar". "Me fui a vivir a Marbella porque mi padre trabajaba allí. Trabajé allí en la representación hasta que murió y ahí fue cuando vine a Valencia", relata.
Él llegó al piso compartido porque vivió "demasiado bien". "No me daba cuenta de todo lo que me podía venir después. Trabajé y me divertí, ahora pago las consecuencias de lo que hice", lamenta.
Sin embargo, ahora José también está muy cómodo en el piso con Mimi y su compañero. "Es más que una familia, es la convivencia de todos los días, te ríes, hablas,...", sentencia.