Hablar del Vigo de las dos últimas décadas del siglo XX es hablar de Leri. Antonio Nieto Figueroa fue un personaje inescindible de los primeros pasos de la ciudad olívica en democracia, un político singular y, sobre todo, un enamorado de su ciudad natal.
Nació en el Berbés y fue concejal durante casi tres décadas con diferentes partidos, incluso creó uno propio. Creó también frases que hoy lucirían como eslóganes en bombillas de color: "Felices en Vigo", la más afamada, o "Ni un vigués de rodillas", con la que dan ganas de hacerse una camiseta para lucir en las mejores fiestas.
De Leri, que falleció en agosto de 2003 con 74 años, se recuerdan muchas batallas, siempre enarbolando la bandera de Vigo; plantar la bandera roja y blanca en Toralla para reclamar su acceso libre, fundar los campeonatos de fútbol del Vao y sus respectivos campos de arena, impulsar la reforma de Balaídos y la creación del zoo o ser el responsable de la instalación del primer sistema ILS en Peinador que facilitó la llegada de reactores.
Ganó algunas, perdió otras, pero siempre se batió el cobre por lo que consideraba de justicia para una ciudad que siempre vivió a la sombra de las administraciones autonómicas; para él, Vigo merecía mucho más, incluso tener su propia provincia y ser capital.
Reivindicación ante 2.000 personas
Así, el 25 de abril de 1997 aglutinó a cerca de dos mil personas en la Praza do Rei para reclamar, bandera de Vigo en mano, la creación de una nueva provincia en Galicia, en la que "su" Vigo sería la capital. Su petición no lastraba la figura de Pontevedra, sino que proponía ser la quinta provincia de la Comunidad Autónoma.
El que fuera alcalde, con Leri en su equipo de Gobierno, Manuel Soto, recordaba su figura en las páginas del Faro de Vigo en 2018 y destacada aquella batalla por la capitalidad y la quinta provincia. "En un contexto en el que las capitales de provincia se lo llevaban prácticamente todo, su pelea tenía todo el sentido. Yo lo secundé porque tenía toda la razón", explicaba.
Aunque lo cierto es que aquella escena, con él subido a un balcón del Concello, sosteniendo la bandera, aunque trataba de ser una llamada a la movilización y a la concienciación, siempre arraigada en su extremo "viguismo", un término que se le asocia de manera habitual, casi como fundador, no encontró el apoyo institucional.
Cuenta el recuerdo de la crónica de ese momento, publicada por La Voz de Galicia en 2020, que su discurso fue corto, no porque le faltasen las palabras, sino por la emoción. En él, reclamaba que devolviesen a Vigo lo que le habían "robado", un Vigo que estaba por encima de los partidos políticos. "O exigimos la capitalidad o se van a seguir burlando y meando sobre nosotros", reivindicaba ante los allí reunidos.
Quiso montar un referéndum para darle oficialidad a esta petición y presentó numerosas propuestas para lograr su objetivo, pero siempre le faltó el apoyo de la corporación local y una respuesta positiva por parte de ámbitos jerárquicos superiores, con una inamovible Constitución y el Estatuto de Galicia como compañero de viaje.
Eso sí, Soto sí que trató de mantener esa llama encendida en reiteradas ocasiones, aunque también acabaron en agua de borrajas. En 2006, el Partido Galeguista, del que formó parte para su regeneración, propuso de nuevo que Vigo fuese quinta provincia integrando 27 municipios.
Área Metropolitana
Aunque lo cierto es que la singularidad de Vigo, ciudad más grande de Galicia, fue reconocida a través de la creación del Área Metropolitana, como un instrumento que le daba "más importancia", al igual que la apertura en la ciudad de sedes de la Xunta y la Diputación.
Era más bien una forma de apagar un fuego que, aunque no se propagaba, mantenía las brasas todavía calientes, y acabar con una posible escisión de la ciudad olívica.
Pero en la práctica, ese Área Metropolitana institucional no funciona, a pesar de llevar aprobada años, con el Plan de Transporte Metropolitano como uno de los caballos de batalla entre Xunta y Concello, uno de los tantos desacuerdos entre ambas administraciones.
Las otras veces que sí
La reivindicación tiene base histórica, más allá de las peticiones de finales de siglo XX y principios del XXI. En 1810, Vigo fue capital de una de las cuatro prefecturas de la reordenación del territorio nacional que intentó José Bonaparte; concretamente, la del Miño Bajo.
En la práctica, esta condición no pasó de ser más que un cambio de nombre y ha quedado como un mero recuerdo casi olvidado y obsoleto.
Logró ser provincia durante el Trienio Liberal, gracias a la división territorial que se llevó a cabo en 1822, en la que Galicia tuvo cuatro provincias, siendo Vigo una de ellas, además de su capital. El retorno del absolutismo con Fernando VII, en 1823, dejó sin efecto esta condición. Se retornaba, así, a las siete provincias: A Coruña, Betanzos, Mondoñedo, Lugo, Ourense, Santiago y Tui.
Otras dos ocasiones fueron en 1836, aunque nunca se llevó a la práctica, y en 1840, con invasión armada por parte de los vigueses sobre Pontevedra, que tampoco obtuvo el premio buscado.
