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Levantarse, apagar la alarma, mirar el tiempo: Lluvia. Es el día de la marmota -más lluviosa- en Galicia. La cuesta de enero la hemos subido con paraguas y parece que en febrero, al menos según las previsiones, no podremos deshacernos de este complemento.

El paso de borrascas no terminará con la actual, bautizada como Leonardo, y las alertas no paran de sucederse en la comunidad gallega, especialmente, en la mitad sur y en las zonas costeras.

¿Hasta qué punto el mal tiempo nos agria el carácter? ¿Nos influye tanto como se piensa a los gallegos? Los profesionales advierten que decir esto es "simplista", pues el carácter de una región no puede explicarse en base a estudios de dudosa actualidad, ni tampoco a un solo condicionante: Y es que hay más. Hablan de acceso a recursos, dispersión u oportunidades económicas para explicar qué lugares son más o menos "felices".

Con todo, y siendo la cuestión meteorológica la que nos ocupa, Carmen González Hermo, vicesecretaria de la Junta de Gobierno del COPG -Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia- e integrante del Grupo de Intervención Psicolóxica en Catástrofes e Emerxencias arroja luz, entre tanta lluvia, al respecto.

La primera pregunta es evidente, ¿afecta el mal tiempo a nuestro carácter?

Claro. Las personas somos seres naturales y lo que ocurre en la naturaleza también nos influye. Con todo, el mal tiempo no produce depresión, pero sí afecta al estado de ánimo. La buena noticia es que es reversible: Cuando vuelva el buen tiempo el humor se regulará.

¿Por qué pasa esto?

Principalmente porque hay actividades, ya sean deportivas, sociales o más rutinarias, que desempeñamos y que nos ayudan a cuidarnos y que, con el mal tiempo, pues no podemos hacer. Digamos que nos limita la participación social, la convivencia, la presencia en la naturaleza, los actos de ocio... Parece que se nos reduce la vida a las responsabilidades e, incluso, estas últimas debemos hacerlas con más prisa porque hay que movernos de un lado a otro sin mojarnos, o intentando aparcar en unos días en los que hay mucho más tráfico y es más difícil circular. En resumen, nos reduce los factores protectores y aumenta los estresores.

¿Entiendo que es más la ausencia de sol que la presencia de la lluvia lo que nos afecta?

El sol ayuda a liberar serotonina -el neurotransmisor que regula el humor- y la luz nos permite salir, hacer deporte al aire libre. Precisamente, la actividad deportiva también favorece esa liberación de serotonina.

¿Si ayuda a liberar serotonina, podríamos decir que el mensaje pasa por seguir practicando deporte a pesar de la lluvia? ¿En casa, por ejemplo?

No se libera igual, porque al aire libre esa liberación es mayor. Pero sí que es positivo mantener esa actividad física aunque sea en interior, así como las relaciones y el cuidado entre nosotros. Igual no tanto en grupos grandes, pero sí exprimir al máximo la palabra hogar. Centrarnos en nuestra casa y disfrutar de ponerla acogedora para nosotros y para nuestra familia o para la gente a la que queramos invitar también es positivo estos días.

¿Es un mito que en Galicia, por el tiempo, seamos más tristes?

Culpar al tiempo de algo así es simplificar mucho esta cuestión, ser muy superficial. Habría que ver estudios, actuales, para discernir si, efectivamente, la población gallega tenemos ese carácter que se nos atribuye. Puede haber otros factores que influyan en una población en este sentido: Condiciones sociales que vivimos durante muchos años, falta de recursos comunitarios, dispersión... Culpar al tiempo es demasiado simplista, sería lavarse las manos. Los gallegos, a pesar del tiempo, salimos a la calle (ríe), tenemos vida y participamos en la comunidad.