El Bar Javi de Coia es uno de esos locales que todo millennial de la zona recuerda desde su infancia. Este local hostelero ha evolucionado a la par de su sociedad: Antes era un punto de encuentro para los cabezas de familia que tomaban sus "chiquitas" al salir del trabajo, luego para los grupos de amigos y ahora para esa gente "de bar" que siempre encuentra en alguna de sus mesas a alguien con quien charlar.
Este bar de barrio vivió la etapa más delicada de un Coia que, en los 80 y principios de los 90, experimentó lo que era la inseguridad en la calle. Pablo Fernández, el gerente actual, recuerda que lo primero que hizo al asumir el funcionamiento del local fue quitar los barrotes de las ventanas. También se reservó el derecho de admisión para preservar un bar con buen ambiente, sano y tranquilo.
Lo anterior, sumado a las dificultades que siempre han rodeado -especialmente, en los últimos años- al sector hostelero, hacen que contar una historia de más de cuatro décadas sea más que loable. Su receta es la de siempre: el bar de proximidad que elabora sus propios platos y adereza cada consumición con un pincho de la casa.
En los últimos tiempos se ha hecho especialmente famoso su bocadillo de jamón asado, cuya receta era propiedad de la madre de Pablo y es el secreto mejor guardado de este local en el que hoy trabajan ocho personas. "Viene gente de todos los barrios de Vigo solo a por el bocadillo. Si lo pides por teléfono en cinco minutos lo recoges", asegura Pablo.
Empanadillas del Bar Javi, en Coia (Vigo).
Un bar que abrió en el 83
Manuel, el padre de Pablo, emigró a Uruguay y, a su vuelta, abrió las puertas del Bar Javi. Corría el año 83. Aunque inicialmente era más pequeño, se fue ampliando poco a poco para ganar espacio y tener su propia cocina. "Mi padre tenía una tienda, aunque siempre quiso abrir una cafetería", recuerda Pablo. "Al principio era muy pequeña, muy de vinos, de chiquiteo. Era lo que se llevaba por aquel entonces", añade. Le puso "Javi" en honor a su primer hijo, aunque tuvo dos más.
Pablo, el hijo más pequeño de Manuel, fue quien se encargó del local desde los 23 años, aunque él cuenta que siempre vivió la realidad del bar familiar desde que era muy pequeño. "A mí siempre me gustó el mundo de la hostelería, pero es verdad que estar toda la vida detrás de una barra es complicado", reconoce.
Bar Javi, en Coia (Vigo).
Un centro comercial que no fue
Pablo cuenta que, inicialmente, la idea pasaba porque los negocios que estaban alrededor del Bar Javi conformaran un centro comercial, sin embargo, no fructificó. Con todo, muchos convivieron durante años: bares, ultramarinos, peluquería, carnicería... Aunque ya algunos han empezado a cerrar la persiana.
El Bar Javi es el único bar de la Rúa Vilagarcía y es difícil encontrarlo vacío. Su labor trasciende a lo meramente comercial y se extiende a lo social: es un punto de encuentro en el barrio y dormirse escuchando el buen ambiente de este local es un clásico que da vida a la zona.
Aparte de quitar los barrotes de las ventanas, Pablo reformó el bar para darle un nuevo aire sin despojarle de su esencia de cafetería de barrio. "Yo sigo siendo muy tradicional trabajando. No quiero cambiar ese formato de bar", reconoce Pablo. "Hacemos cuatro cosas, pero intentamos que esas cuatro cosas funcionen", añade.
Todas las empanadillas, bocadillos, platos y, en definitiva, lo que se sirve en mesa, se elabora en la cocina. "Nosotros lo hacemos todo aquí. Creo que eso es lo que nos está premiando y lo que hace crecer el local. Al final nosotros no nos promocionamos en ningún lado, es el boca a boca", asegura el gerente del Bar Javi. "Puedo decir que cada año crecemos un poco más", añade.
Café Bar Javi en Coia (Vigo).
Un bar de barrio al que llega gente de otros
El perfil de cliente del Bar Javi es variopinto: a él llega gente de otros barrios, además de la del propio Coia. "Puedo decirte que antes el 90% de la clientela era gente conocida, del barrio. Ahora esto ha cambiado", remarca Pablo. "Seguimos siendo un bar barato: aquí te puedes tomar una empanadilla, un bocata y una cerveza por menos de diez euros, y eso hace que venga gente de todas partes. Puedo salir a la terraza y tengo un 50% de clientela que ya no conozco y eso que yo conozco a todo el mundo", añade.
Pese a todo, un importante porcentaje continúa siendo gente del barrio que, como Pablo dice, es "muy de Coia". Y es que, asegura el hostelero, "si eres de Coia probablemente te quieras comprar un piso aquí y te quedes a vivir en tu barrio. Son muy acérrimos. Es una pequeña aldea, ¡les cuesta salir al centro, ellos quieren su barrio!".
Es por lo anterior por lo que muchos echan de menos "el Javi" cuando cierra en agosto: "Descansamos unas semanas en agosto, pero notamos que la gente está loca porque volvamos a abrir. Es como que esta zona se queda desierta", cuenta el hostelero. "Cuando abrimos la gente está toda en la puerta", añade.
Café Bar Javi en Coia (Vigo).
"Lecciones para afrontar la vida"
A lo largo de todo este tiempo, Pablo asegura que ha vivido "una y mil batallas" detrás de la barra del bar. También anécdotas "de todo tipo" y ha conocido "a miles de personas y amigos". En el grupo de personas especiales, Pablo incluye a su mujer y a sus hijos: "Cuando trabajé con ella fue mi etapa más feliz. Tener un apoyo en hostelería lo es todo", confiesa.
El Bar Javi fue el gran "sacrificio" de Manuel, pero Pablo supo muy bien cómo continuar con el legado de un hombre "que solo vivió para trabajar". Lo hace actualmente con su equipo, los que están y los que ya no, porque todos han contribuido a conformar uno de los locales más emblemáticos del barrio y de los más longevos de la urbe olívica.
Pablo asegura que "dirigir un local tan emblemático en Coia" sobre el que se escuchan "tantas opiniones positivas" es algo que le "enorgullece" y hace que el sacrificio "tenga su recompensa".
