El crédito al consumo vuelve a ocupar un lugar central en la economía de los hogares españoles. En 2025, la financiación destinada a sostener el gasto cotidiano ha crecido con una intensidad que no se veía desde antes de la crisis financiera de 2008. El volumen total de préstamos al consumo ya supera los 110.000 millones de euros, un máximo histórico que refleja la presión a la que se enfrentan muchas familias para mantener su nivel de vida.

Este repunte se produce en un contexto marcado por una inflación persistente, especialmente en bienes básicos, y por un crecimiento de los salarios que no siempre logra compensar la pérdida de poder adquisitivo. Para una parte significativa de los hogares, el crédito ha pasado de ser una herramienta puntual a convertirse en un recurso habitual para llegar a fin de mes.

Por qué las familias recurren cada vez más al crédito

El aumento del endeudamiento familiar no responde a una única causa. Confluyen varios factores estructurales que explican esta tendencia:

Por un lado, el encarecimiento del coste de la vida ha reducido la capacidad de ahorro y ha empujado a muchas familias a financiar gastos corrientes con deuda. Por otro, aunque la renta disponible ha mejorado tras la pandemia, no siempre lo hace al mismo ritmo que los precios o que las expectativas de consumo. A ello se suma un acceso relativamente amplio al crédito al consumo, impulsado por ofertas comerciales agresivas y condiciones aparentemente más favorables en algunos segmentos.

Riesgos silenciosos en la economía doméstica

El endeudamiento creciente suele generar efectos que no se perciben de inmediato. Una economía familiar con una elevada carga de deuda es más vulnerable ante subidas de tipos de interés, pérdida de ingresos o gastos imprevistos. Además, el recurso habitual al crédito reduce la capacidad de ahorro y debilita los colchones financieros.

En el ámbito personal, esta situación incrementa el estrés financiero y favorece decisiones tomadas con urgencia y escasa perspectiva. Cuando se generaliza, deja de ser un problema individual y pasa a convertirse en un factor de fragilidad económica más amplio.

Educación financiera: prevenir antes que reaccionar

Más allá de las medidas legales para contener los excesos del crédito, el aumento del endeudamiento al consumo pone de manifiesto la importancia de la educación financiera. El problema no es solo disponer de financiación, sino saber cuándo y cómo utilizarla. Una educación financiera sólida y estructurada, conforme a estándares como UNI 11402 e ISO 22222, ayuda a las familias a entender cómo la deuda afecta a su economía, a prever posibles dificultades y a distinguir entre necesidades reales y decisiones impulsivas.

Cuando se adquieren estos conocimientos, el crédito deja de ser una solución inmediata a la urgencia y se convierte en una herramienta utilizada con criterio, al servicio de proyectos sostenibles y de una mayor estabilidad económica.

María Alegría

Responsable de comunicación y marketing de Asociación de Educadores y Planificadores Financieros