Es imposible descender por la rúa Cervantes, en la zona de Churruca, y no girar la vista hacia Marujita. Se trata de una pequeña y colorida tienda que ofrece, principalmente, flores y frutas, pero también algunos elementos ornamentales que su dueña, Miriam Lorenzo, elabora con mucho cariño.
Damajuanas a modo decorativo, potas o cestos centenarios en los que antes se llevaba la fruta al mercado -y ahora cuelgan del techo transformados en lámparas- : son solo algunos de los enseres que hacen esta pequeña tienda, en la que todavía existe el trueque, un lugar especial en el centro de la ciudad y un oasis en el consumo masivo y la despersonalización que muchas veces se respira en las grandes áreas comerciales o en la venta por Internet.
Miriam Lorenzo en su tienda, Marujita, en Vigo.
Cuatro generaciones
Fue la bisabuela de Miriam la que se inició en el mundo del comercio de proximidad. Su hija, Marujita, y su nieta, Beni, perpetuaron un negocio que hoy Miriam continúa en Cervantes 8-10. En este emplazamiento existe desde hace más de medio siglo y, en los últimos 13, ha sido esta viguesa la que ha estado al frente para aportarle un toque de color.
"Mi madre lo tenía todo en blanco. Yo rehice un poco el local", cuenta Miriam. "Ella siempre tuvo muchísima gente. Creo que hay una parte que se ha mantenido fiel y otra que ha llegado nueva porque le ha llamado la atención. La verdad que lo he hecho con todo mi cariño. Es completamente distinto el trato que tengo aquí con la gente que el que puede haber en un súper. Vienen siempre las mismas personas, aunque los turistas también se paran mucho", añade.
Mercancía en la tienda Marujita, en Vigo.
"Podemos dar una nueva vida a lo que ya tenemos"
Todo en esta pequeña tienda tiene su historia: Utensilios antiguos, refugios de pájaros o pequeñas cestas: "Con nada podemos tenerlo todo", señala Miriam. "Podemos dar una nueva vida a lo que ya tenemos", añade.
Lo anterior es una máxima que la responsable de Marujita aplica en su vida. Hace más de 15 años sufrió un terrible accidente, cuando un coche la atropelló. Tras reponerse, las ganas de vivir la llevaron a amar, todavía más, la alegría de un mundo lleno de color. Por ello decidió pintar toda la tienda y hoy lo sigue haciendo. "Las ganas de vivir, de sentir los colores y la vida me llevaron a pintarlo todo", reconoce.
Predominan, especialmente, los rosas y los verdes, pero ningún color se queda atrás en Marujita. "Me encanta pintar y me encantan los colores", reconoce.
Tienda Marujita, en Vigo.
Producto de proximidad y trueque
Su mercancía viene desde muy cerca y en la tienda prima la sostenibilidad: "Toda la mercancía es lo más cercana posible. De la zona, del sur o de Portugal", cuenta Miriam, mientras entra por la puerta una clienta ataviada con una bolsa de tela en la que se puede leer "Marujita". Es una prueba más de la apuesta por esta vendedora de cuidar el medioambiente en una tienda en la que no existe el plástico.
Bolsa de la tienda Marujita, en Vigo.
Lo que sí existe y permanece en este local vigués es el trueque. "Tengo una clienta que es masajista. Yo padezco mucho de la espalda y me da masajes y, a cambio, yo le proporciono fruta hasta que cubro el tratamiento. Su alimentación ha mejorado y mi espalda, también", relata Miriam.
Esta viguesa encara una nueva etapa en Marujita. Admite que lo que más le gusta es que la gente se pare y le diga aquello de "tienes una tienda preciosa", porque, de esta manera, "nota el cariño": "Es mi intención. Que quien entre por la puerta se sienta como en casa, y creo que lo consigo", concluye esta viguesa.
