Publicada

Eran otros tiempos. En 1978 gestionar la mercancía, los pedidos y los proveedores de una tienda de flores suponía un trabajo que, perfectamente, podría doblar al actual. Es lo primero que responde Manuel Rosario, gerente de la Floristería La Camelia de Vigo, cuando se le pregunta por aquellos comienzos: "Mi hermano Aquilino, que ya está jubilado, siempre tuvo como ilusión abrir una tienda de flores. Nos metimos un poco a la aventura", recuerda Manuel. "Las cosas se gestionaban de una manera muy distinta. Todo te llevaba el triple de tiempo. No había muchos recursos", añade.

En las floristerías también ha cambiado el origen de los ramos. "Ahora hay mucha importación de flores. Antes no la había", remarca Manuel. "Eran flores que se cultivaban en los alrededores y, durante el periodo invernal, se traían en cajas hechas de caña de bambú desde Barcelona. Venían en tren", añade. También, anota Manuel, acudían a Vigo algunos de los responsables de los primeros invernaderos que se habían instalado en O Rosal y a ellos le compraban la mercancía.

Con todo y pese a aquel incesante trabajo inicial, Manuel y su hermano se entregaron a un proyecto que les llevó a abrir varias tiendas en Vigo: Ronda de Don Bosco, Progreso, Pizarro y en El Corte Inglés -en la actualidad siguen abiertas todas a excepción de la del citado centro de compras y todas están gestionadas por la misma familia-. "Fue importante ir actualizándose y comprendiendo que era necesario adaptar el comercio tradicional a lo que hay hoy en día: Internet, ventas, cobros, página web... ", subraya el propietario de La Camelia, tienda que tiene su propia página desde la que se puede comprar y enviar flores a Vigo y alrededores.

Pese al avance de las compras por Internet, Manuel asegura que, en su caso y en el de su negocio, sigue ganando el "tú a tú" y los clientes que piden consejo en persona: "Siguen viniendo aquí. Muchos son clientes de toda la vida", asegura el empresario. "Te piden consejo, aunque en el caso de otras personas ya conoces más o menos lo que le puede gustar", añade.

Manuel y Digna, de la Floristería La Camelia, en Vigo. P.P.F.

Especializados en flores para regalo

La Camelia se ha especializado, principalmente, en el regalo, aunque entre la clientela fiel está la que disfruta viendo que en su casa siempre hay un jarrón con flores frescas. "Muchos clientes se llevan flores para su jarrón y, cuando se estropean, pues vuelven y compran más. Les gusta tener siempre en su casa flores naturales", explica Manuel, quien opina que es importante cuidar, especialmente, a la gente más joven, "pues compra muchas flores y son nuestros futuros clientes. Cuando viene un niño pequeño, si lo tratas bien, va a recordar esa bonita experiencia y va a volver".

Manuel está convencido de que no hay que tener un motivo para regalar flores: "A veces no tiene que haber un por qué", incide. Pese a ello, en esta floristería los tres momentos del año en cuanto a ventas son tres: San Valentín, el Día de la Madre y Fieles Difuntos, siendo los dos primeros los que, sin duda, marcan la diferencia: "La gente joven sigue siendo romántica y vienen empujando mucho en este sentido. La juventud regala muchas flores, más de lo que nosotros podemos creer", anota.

Las rosas son las flores más solicitadas en este negocio, aunque, por temporadas, puede haber otros pedidos recurrentes, como los girasoles o los tulipanes.

Floristería La Camelia, en Vigo. P.P.F.

Un centro de flores que no entraba por la puerta

Los hermanos Rosario guardan infinidad de anécdotas ocurridas a lo largo de todos estos años. Una de ellas la protagonizó un novio que quería sorprender a su pareja con un centro de flores que no entrara por la puerta y hubiera que recurrir a la ventana de la casa. "La sorpresa fue mayúscula", recuerda.

Precisamente, en La Camelia la clientela masculina supera, por poco a la femenina: "Nos hemos enfocado en el mundo del regalo, entonces, en él, hay más hombres que regalan a mujeres. Pero ya hay cada vez más mujeres que regalan flores a los hombres. Eso también está cambiando", subraya Manuel.

Floristería La Camelia, en Vigo. P.P.F.

Una fuente escondida

Uno de los pequeños tesoros de La Camelia es una fuente decorada con azulejos que, en 1978, se pintaron en Lisboa: "Se fueron trayendo poco a poco desde Portugal, porque pesaban mucho y los azulejos son delicados", recuerda. "La pintura representa a San Antonio con un cántaro en la fuente. A mi hermano le enseñaron el boceto y le gustó", añade.

Fuente de azulejos en la Floristería La Camelia, en Vigo. P.P.F.