Hay quien encuentra su vocación por casualidad y quien nace con ella. El segundo caso es el de Nerea Ruibal, artífice de Pipa Pirita, una firma de joyas cargada de personalidad e historias de vida, amparada bajo el sello de Artesanía de Galicia.
El proyecto de esta pontevedresa, afincada en Galicia tras un periplo profesional por Barcelona, cumple un año. 365 intensos días que han sido suficientes para asentar una marca con gran proyección y muy diversificada.
El camino de Nerea en el mundo de la joyería comenzó en la ciudad olívica, en la Escuela de Artes Plásticas del Atlántico. "Pipa Pirita está relacionado con Pipa, mi perrita, y con la pirita, que fue la primera piedra que mi abuelo me regaló. Es una piedra que no se puede tallar, pero brilla muchísimo. Mi abuelo, que también me regaló un curso de gemología, me decía que esa piedra era como yo", cuenta Nerea. "Me di cuenta de que era algo que me gustaba muchísimo, y cuando supe tallar piedras pues quise incrustarlas en metal", añade.
De la escuela de Vigo me fui, animada por un profesor, a la Massana (Barcelona), una escuela de arte de mucho prestigio: "Allí empecé a trabajar en los talleres de una joyería. Al ser gemóloga soy clasificadora, entonces me encargaba de comprar las piedras", recuerda Nerea. "Acabé trabajando también en Talleres Tous", añade.
Nerea es imagen de su propia marca, Pipa Pirita.
"Si nos quedamos embarazados, regresamos"
La artífice de Pipa Pirita cuenta a Treintayseis que detrás de su regreso a Galicia había un pacto con su marido: "Nosotros nos casamos en Galicia, pero vivíamos en Barcelona. Acordamos que si nos quedábamos embarazados volveríamos, y así fue", explica.
Aquella promesa fue, sin que sus protagonistas lo supieran, el inicio de Pipa Pirita. "Al principio trabajé como externa en Tous, sin embargo, fue difícil de combinar y luego ya fui mamá de dos niños que se llevan muy poco tiempo", cuenta Nerea. "Mi padre, que falleció, y mi marido siempre me apoyaron mucho para emprender. Cuando faltó mi padre decidí hacerlo", añade.
El alma del proyecto fue para su creadora representar una joyería honesta y humilde, "la que se hace con las manos y se trabaja con metales nobles". Todas las piezas, elaboradas por Nerea, pasan por un contraste de calidad y cuentan con el sello de Artesanía de Galicia.
Internacionalización y versatilidad
Además de la parte más comercial, Nerea imparte cursos y viaja a diferentes mercados para dar a conocer sus creaciones. "Este año, después del curso de Internacionalización de Zona Franca, nos iremos de misiones comerciales para tratar de encontrar distribuidores y abrir un punto de venta en México", expone Nerea.
Pese a llevar tan solo un año, Pipa Pirita ya cuenta con un equipo externo conformado por una comercial, una responsable de web, otra de redes y dos joyeros. "Es un equipo muy bonito", incide la joyera, que tiene en Vigo sus puntos de venta físicos -además de la web- en la Joyería Anthony y Galerías Fetén.
Nerea también trabaja en la versatilidad de las joyas que elabora -que también se pueden adaptar a seda y conformar pulseras-. Además, asegura que su "bebé" son los identificadores de copas: Pequeñas piezas que se emplean para dar respuesta a la recurrente "¿Cuál es mi copa?", y convierte huellas dactilares en anillos o pulseras, creando un recuerdo para toda la vida.
Cuando le preguntan a Nerea hasta dónde le gustaría llegar, ella responde convencida: "Lo mío es vocacional. Me gustaría poder vivir de ello muy felizmente, pero sin perder la esencia de la firma", concluye.
