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Rebeca Terrón, la viguesa que encapsula recuerdos y los transforma en 'micromundos'

Interiorista de profesión, realiza estas pequeñas obras de arte a escala 1:87 en las que reproduce de la manera más fiel a la realidad escenas que, hasta ese momento, sólo se guardaban en fotografías o en la memoria de sus clientes
Rebeca Terrón

Para congelar un instante, para detener el tiempo y quedarnos a vivir en un recuerdo tenemos varias herramientas. La memoria o, sin ir más lejos, las fotografías, esas que guardamos en cajones (o en carpetas del ordenador o en la memoria del móvil) para revisitarlas cada vez que lo necesitamos. Pero existen otras; por ejemplo, convertir esos momentos en 'micromundos', como los que crea la viguesa Rebeca Terrón.

"Siempre me gustaron las cosas pequeñas, las miniaturas me resultan mágicas y me viene de familia porque a mi madre siempre le han gustado también, pero todo, incluso lo de comer, el Cola Cao grande nunca entraba en casa", cuenta Rebeca a Treintayseis. Sus 'micromundos' son pequeñas obras de arte a escala 1:87 en los que trata de encapsular una imagen nítida de un recuerdo de aquel que se lo pide. Una fotografía, un momento especial o una casa familiar que ya solo vive en la memoria del que la vivió. "Me encanta que me pidan este tipo de casas, porque te das cuenta de lo importantes que son los recuerdos familiares, el sentirte de un lugar. En las casas siempre hay mucho sentimiento".

El origen está en una decoración de Navidad que tuvo que preparar para VM17, el primer coworking que hubo en Vigo. "Utilicé unos carameleros de cristal, les metí nieve y cuando vi el efecto se me ocurrió añadir unas figuras de un tren antiguo que tenía mi padre, a una escala mucho mayor que la que yo uso pero ahí estaba la idea". Y el término, también: "Rocío, quien gestionaba en ese momento el coworking, los vio y me dijo: "¡Anda, son como micromundos!".

Desde hueveras hasta bombillas

Si en la película dirigida por John Huston en 1941, 'El halcón maltés' decían que aquella estatua estaba hecha "del mismo material del que están hechos los sueños", ¿de qué están hechos estos 'micromundos'? Rebeca nos hace una lista: hueveras, cartón de acuarela, madera de balsa, acetato, cable, pajitas, brochetas y bombillas, entre otros. "Mi material estrella son las hueveras, con ellas consigo un efecto piedra genial, aunque luego las pinto, la textura es muy parecida a la real. Pero también trabajo con elementos de maquetas y cualquier cosa que me pueda servir, por ejemplo, con los pelos de una brocha hice un pajar". "Cambiar el uso a los objetos siempre me ha hecho mucha gracia", añade.

La viguesa, interiorista de profesión, se pone manos a la obra por encargo: "Yo sin presión trabajo fatal y así me va. No me digas 'cuando puedas'", asegura, sobre todo porque lo que más le cuesta es decir 'no' a un trabajo; lo hizo, por ejemplo, cuando le pidieron una Fontana di Trevi. Y es que recrear estos universos diminutos lleva su tiempo. "Depende tanto de la dificultad que no te lo puedo decir, pero muchas horas seguro", explica Rebeca.

Personalizaciones de dos centímetros

La escala, 1:87 supone que una figura humana no llegue a los dos centímetros en un 'micromundo', aunque Rebeca asegura que es difícil de imaginar bien el tamaño hasta que no se tiene delante uno. "Lo que me dicen siempre mis clientes es que les parece más pequeño al natural que en las fotos".

En este minucioso trabajo, Rebeca intenta personalizar al máximo sus creaciones para que se parezcan lo más posible a los personajes reales. "A veces tengo que cambiar la postura, añadir pelo, colocarles un sombrero, ponerle un vestido de novia o pintar los rombos de un jersey, por ejemplo". A la hora de enfrentarse a grandes monumentos, como una Torre Eiffel, "tengo una pendiente", concreta que trabaja "bastante a ojo". "Buscaría una foto en la que se viese la torre y personas al lado para intentar sacar la proporción".

El recuerdo más emotivo

Entre los momentos que ha recreado, se queda con uno por lo emotivo de lo que representaba. "Una chica me encargó una escena para su hermana que acababa de quedarse viuda. Estaba embarazada y el padre no llegó a conocer al bebé. Al parecer, habían planeado realizar una sesión de fotos en su lugar favorito toda la familia con el recién nacido, pero esa sesión nunca llegó, así que pensó que yo podía plasmar ese momento que nunca fue y encapsularlo para siempre 'mágicamente'". Los dolores de espalda y de manos que siguieron al trabajo se compensaron después de entregarlo. "Me escribió y me contó que le había hecho un lugar especial en su casa y que a veces sorprendía a su hijo mayor mirándolo".

Sus 'micromundos' representan otro tipo de lugares insospechados; el más curioso, una zanja en la carretera "porque el protagonista era una operario de gas natural". Así, la idea nace en la persona que lo encarga, aunque Rebeca, una vez que sabe qué es lo que quiere plasmar, propone cómo llevarlo a cabo. "Normalmente en ese punto me dicen que lo haga como yo considere. Me gusta trabajar con el cliente e ir explicándole los pasos y enseñándole fotos del proceso, aunque no siempre pueda hacerlo porque se me echa el tiempo encima".

Ese proceso es uno de los contenidos que comparte en su cuenta de Instagram. Además del resultado final, la minuciosa elaboración de cada 'micromundo' quedan recogidas en sus stories y se pueden disfrutar en sus destacados.

Un 'micromundo' navideño a lo grande

Después de observar detenidamente una de sus creaciones, la imaginación vuela ampliando horizontes: un mundo en miniatura. Algo así llevó a cabo con un Belén navideño que creó para la compañía eléctrica Xenera, que el año pasado, dadas las medidas restrictivas derivadas de la pandemia, sólo se podía observar en el escaparate de su oficina del centro, lo que deslucía el trabajo ya que estaba hecho "para ver de cerca", algo que espera que este año no ocurra y que se pueda acceder a las instalaciones para que se pueda observar cada detalle con minucioso rigor.

Si la propia Rebeca Terrón encargase un 'micromundo', encapsularía un 'mix', que englobaría "una estación de esquí, mi Manzaneda del alma o Baqueira, pero también me gustaría el Palomar, mi casa del monte".

Por el momento, nos tenemos que conformar con el mundo que nos ha tocado vivir. Pero podemos, gracias a estos recuerdos encapsulados, soñar con que podemos elegir donde quedarnos a vivir o, al menos, a pasar un rato lo más largo posible.

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