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Las claves

Cuando se habla de la DANA, la atención suele centrarse en las viviendas inundadas, las carreteras dañadas o los cientos de negocios que tuvieron que cerrar. Sin embargo, sus efectos también se dejaron sentir en lugares esenciales para la vida cotidiana, como los colegios.

El colegio Juan XXIII, en Torrent, se encuentra entre los más de 100 colegios afectados por el temporal que sacudió la Comunidad Valenciana en octubre de 2024. Aunque las clases pudieron retomarse a los pocos meses, la recuperación completa sigue siendo una meta lejana.

“Un año y medio después, estamos en una normalidad del 90%”, resume Germán Palomino, director del centro. La DANA alteró mucho más que la actividad educativa. Durante semanas, la comunidad tuvo que adaptarse a la incertidumbre, los problemas de acceso y las dificultades para recuperar los espacios cotidianos.

Capítulo 2 (2): Placas solares y un proyecto educativo

Cap 2 (2): Placas solares y un proyecto educativo

Este centro, situado frente al barranco del Poyo, vio cómo el único puente que lo conectaba con la localidad de Torrent era destruido por el agua. Tras las lluvias, las familias no tenían forma de acceder al colegio.

Con el tiempo, se inauguraron rutas de autobús que trataban de sortear las carreteras dañadas, pero a veces tardaban incluso horas en llegar al centro. Ahora, gracias a la reconstrucción y apertura del nuevo puente en 2026, las rutinas de los niños vuelven a ser las de antes.

El centro en sí no sufrió grandes daños materiales más allá de quedar aislado, pero en este tiempo han aprovechado la oportunidad para realizar algunas mejoras. El colegio forma parte de los 40 centros educativos seleccionados para participar en el programa ‘Sumando Energías por Valencia’, impulsado por Fundación Naturgy.

“Se pusieron en contacto con nosotros y nos explicaron el proyecto, que no solamente era la instalación de unas placas solares sino que también había un proyecto pedagógico detrás”, afirma el director del centro.

“Un año y medio después de la DANA, estamos en una normalidad del 90%”

Germán Palomino, director del colegio Juan XXIII

El proyecto contempla la instalación de placas solares, la realización de auditorías energéticas y la creación de consejos energéticos escolares que involucren a toda la comunidad educativa. El objetivo es mejorar la eficiencia del edificio y reducir su gasto energético para que los recursos puedan destinarse a otras necesidades del centro.

Pero la propuesta va más allá de las mejoras técnicas. A través del programa Efigy Schools, también se realizan talleres y actividades que convierten el propio colegio en un espacio de aprendizaje para niños y familias sobre sostenibilidad y transición energética.