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Las claves

El Gobierno ha lanzado una propuesta para reforzar la alimentación saludable en escuelas infantiles: más fruta y verdura fresca a diario, incluir más legumbres y pescado en los menús y facilitar la lactancia materna.

También se reducen las frituras, los productos precocinados y las bebidas azucaradas en la etapa de 0 a 3 años. Así es, a grandes rasgos, las medidas propuestas por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 bajo la batuta de Pablo Bustinduy.

“La etapa de 0 a 3 años es fundamental para construir hábitos, educar el paladar y normalizar el consumo de alimentos frescos desde el inicio de la vida”, afirma Miguel Ducrós, nutricionista de Monarka Clinic.

Salud pública

“Aumentar la presencia de fruta, verdura, legumbres y pescado, y limitar frituras, precocinados y bebidas azucaradas no debe interpretarse como una medida restrictiva, sino como una estrategia básica de salud pública”, continúa Ducrós.

Y es que el experto no duda en subrayar que este tipo de políticas no solo tienen un impacto educativo, sino también sanitario y económico.

Porque la mejora de los hábitos alimentarios en edades tempranas puede contribuir a reducir la prevalencia de obesidad, resistencia a la insulina, enfermedades cardiovasculares y otros trastornos metabólicos en la edad adulta.

La obesidad supone en España alrededor del 9,7% del gasto sanitario, reduce el PIB un 2,9% y genera un coste fiscal adicional estimado de 265 euros por persona al año, según la OCDE.

Recordemos que, en España, más de un tercio de los niños de entre 6 y 9 años presenta exceso de peso, según el estudio ALADINO 2023.

“El impacto de la obesidad no es solo individual, sino también colectivo. Está asociado a desigualdades sociales, peores hábitos de vida y un mayor riesgo de enfermedades metabólicas en el futuro”, incide Ducrós.

De ahí que resalte que “intervenir desde la infancia es una de las estrategias más eficaces que tenemos. Es mucho más eficiente actuar en la infancia que asumir posteriormente el coste sanitario de enfermedades crónicas relacionadas con la mala alimentación”.

Y concluye: “Invertir en alimentación infantil es prevenir enfermedades en la edad adulta”.