Ainhoa Labaka trabaja en una explotación ganadera en Zizurkil donde tienen unas 380 vacas, de las cuales 160 están en producción. Así, la joven ganadera puso un rostro a la crisis estructural del sector lácteo en España.
Así, según informó el HuffPost, la ganadera explicó la asfixia económica provocada por los altos costes de producción frente a los bajos precios que perciben los productores, desmitificando la idea del relevo generacional en el campo.
Labaka no dudó en definir su trabajo como "esclavo" y exponer la brecha existente entre el esfuerzo ganadero y el precio que el consumidor paga en el supermercado, dejando claro que el futuro de la ganadería tradicional está en peligro.
"No se paga lo que cuesta"
En el caserío de Ugarte, donde trabaja Ainhoa Labaka, producen unos 6.000 litros de leche diarios. No obstante, esto depende de muchos factores, ya que el ganado puede contraer enfermedades que cambian los niveles de producción.
"No es un trabajo duro, es un trabajo esclavo", comentó Labaka explicando que en esta línea de trabajo no hay festivos ni fines de semana porque los animales comen todos los días y necesitan cuidados todos los días.
Además de esto, la ganadera señaló que los efectos de la guerra se han sentido en su sector y todo ha subido mucho de precio con lo cual producir es mucho más complicado.
Puso de ejemplo que en dos semanas han gastado hasta 1.000 euros en combustible, un dinero que luego sienten que no queda reflejado en el precio porque "no se paga lo que cuesta producir".
"La gente compra un litro de leche por 1,19 euros, pero no sabe lo que cuesta producirlo", explicó la ganadera. Lo cierto es que con el aumento de precio de muchos materiales y la subida de la inflación, al final acaba con que estos trabajadores acaban viéndose con menos ingresos.
A pesar de los contratiempos que puede presentar esta profesión, Labaka pudo haber tenido una vida completamente diferente.
Trabajó como auxiliar de enfermería en un centro odontológico donde tenía una estabilidad que en el campo no existe, pero aún así decidió volver porque "quería otra cosa. Quería formar una familia".
Sin embargo, a la vez señaló que "no quiero que mis hijos vivan como yo". Con esto, demostró que realmente la importante falta de relevo de este sector se debe a esta imposibilidad de parar o descansar, no es solo algo económico.
La ganadera explicó que entiende que muchos jóvenes no quieran dedicarse a esta línea de trabajo donde la estabilidad es algo inexistente: "Así es muy difícil que alguien quiera quedarse".
Así, Ainhoa Labaka se convirtió en la voz de una generación y de un sector que pide un respiro económico en medio de un contexto económico que parece ahogarlos.
