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Las claves

La visita del Papa León XIV (Robert Francis Prevost) a España está levantando pasiones. Sus actos serán multitudinarios. Pero hay muchos aspectos de la vida del sumo pontífice que son desconocidos para muchos ciudadanos.

Uno de esos aspectos tiene que ver con su labor de misionero que desarrolló en Perú. Cuatro fueron los pueblos donde estuvo destinado: Piura, Chulucanas, Trujillo y Chiclayo.

De todos ellos, hay uno que destaca por haber sido el primero que se independizó de España. Hablamos de Trujillo.

Diferentes cargos

El Papa León XIV es un religioso agustino que comenzó su labor en la iglesia en Chicago, lugar donde nació, y donde fue ordenado sacerdote en 1982.

Su labor misionera se desarrolló en Perú. Su primer destino fue Chulucanas, entre 1985 y 1986. Allí fue vicario parroquial de la catedral y canciller de la diócesis.

Regresó a Estados Unidos donde, entre otras labores, se dedicó a recaudar fondos para las misiones en el destino peruano antes indicado. País al que regresó en 1988, siendo en esta ocasión director del proyecto de formación para los aspirantes a agustinos.

Entre otras labores, desempeñó los cargos de prior de la comunidad, director de formación y maestro de profesos.

Y llegó a Trujillo, donde en su archidiócesis prestó servicio como vicario judicial, profesor de derecho canónico, patrística y moral en el Seminario Mayor, director de estudios del centro de formación sacerdotal y rector.

Poniendo el foco en Trujillo, se trata de una localidad cercana al Pacífico que sobresale por sus coloridos edificios coloniales. Se trata de la tercera ciudad más poblada de Perú (900.000 habitantes).

A destacar su Plaza de Armas, legado de la colonización española, con edificios como la catedral (pintada de amarillo), el palacio municipal o el monumento a la Libertad. Este último conmemora la independencia de los españoles lograda en 1820.

Y es que Trujillo fue la primera localidad que logró este hecho en Perú. A modo de curiosidad, este monumento se levantó en el mismo lugar donde el español Diego de Almagro colocó la primera piedra de lo que sería la ciudad.

A pocos pasos de la Plaza de Armas está el paseo peatonal Pizarro, con sus tiendas, cafeterías y comercios. Y, si ponemos el foco en las iglesias, la del Carmen (Siglo XVIII) es digna de visitar con sus altares dorados y docenas de cuadros, sin olvidar La Merced y San Agustín.