Desde este 1 de mayo, los consumidores podrían comenzar a notar un cambio progresivo en el precio de frutas y verduras.
La entrada en vigor provisional del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) abre la puerta a un abaratamiento que, aunque no será inmediato en todos los casos, marca una nueva tendencia en los supermercados.
El mecanismo que explica esta bajada es claro: la eliminación progresiva de aranceles.
Según lo pactado, los gravámenes inferiores al 5% desaparecen desde el primer momento, mientras que los situados entre el 5,1% y el 10% se reducirán en un plazo de cuatro años. Aquellos superiores al 10% lo harán en un máximo de siete.
Este calendario permitirá que productos como melones, sandías, papayas o ciertos cítricos (habituales en las importaciones sudamericanas), lleguen con costes más bajos, incrementando la competencia y presionando los precios a la baja.
No obstante, el impacto será desigual. Algunos productos reflejarán la rebaja de forma casi inmediata, mientras que otros tardarán años en hacerlo. Además, existen límites diseñados para evitar distorsiones graves en el mercado.
El acuerdo incluye cláusulas de salvaguardia que permiten reintroducir aranceles si las importaciones crecen de forma significativa y afectan a los precios durante varios años.
A esto se suma la normativa de "deforestación cero", que podría restringir la entrada de productos que no cumplan ciertos estándares ambientales.
De ese modo, el acuerdo, considerado como uno de los mayores pactos comerciales firmados por la Unión Europea, no solo afecta a los consumidores. También tendrá consecuencias para el sector agrícola español.
Organizaciones agrarias han advertido de que la llegada de productos más competitivos desde Sudamérica podría reducir los márgenes de los productos nacionales, obligándoles a adaptarse a un entorno más exigente.
Desde Bruselas, sin embargo, se insiste en que el equilibrio está garantizado. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha defendido que el acuerdo supone "una buena noticia para los consumidores" y también para los agricultores europeos, que podrán acceder a nuevos mercados.
En la misma línea, el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, subrayó que la entrada en vigor provisional representa un paso clave para reforzar la posición de la UE como socio global.
Más allá de las cifras y previsiones, el efecto más visible para los ciudadanos será cotidiano: la posibilidad de encontrar frutas tropicales o de fuera de temporada a precios más asequibles.
Aunque la rebaja será gradual, el acuerdo UE-Mercosur inaugura una nueva etapa en el mercado alimentario europeo, marcada por una mayor competencia, pero también por la necesidad de equilibrar precios, sostenibilidad y protección del productor local.
