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Las claves

El debate sobre la reducción de la jornada laboral en España ha ganado intensidad tras la última propuesta del Ministerio dirigido por Yolanda Díaz, de situar el límite en 37,5 horas semanales.

Y es que mientras la medida encuentra resistencias en parte del tejido empresarial, la comparación con otros países europeos introduce nuevos argumentos en la discusión.

Según los últimos datos de Eurostat, la jornada media efectiva en Países Bajos se sitúa en torno a las 32,2 horas semanales, la más baja de la Unión Europea.

En España, esa media asciende a unas 36,4 horas, aunque en muchos casos reales, especialmente entre autónomos, se superan ampliamente las 40 horas semanales.

Pese a esta menor carga horaria, los salarios en Países Bajos se mantienen en niveles más elevados. El salario medio mensual bruto ronda los 3.800 euros, frente a los aproximadamente 2.500 euros que se cobra en España.

Sin embargo, el factor determinante es la productividad. Según datos de la OCDE ajustados por paridad de poder adquisitivo, Países Bajos genera alrededor de 94 dólares por hora trabajada, mientras que España se sitúa en torno a los 73 dólares.

Una brecha real que refleja una mayor eficiencia en el uso del tiempo de trabajo en la economía neerlandesa.

Otro rasgo diferencial es la extensión del trabajo a tiempo parcial. Y es que, lejos de asociarse a precariedad, como ocurre con frecuencia en el sur de Europa, en Países Bajos forma parte del funcionamiento habitual del mercado laboral.

Una proporción significativa de trabajadores opta voluntariamente por jornadas reducidas, especialmente en torno a las 32 horas semanales.

Este modelo está respaldado por un marco legal que facilita la adaptación de horarios y por una cultura empresarial menos centrada en la presencia física y más orientada a resultados.

En cambio, el mercado laboral español continúa condicionado por factores como el presencialismo, estructuras organizativas más rígidas y menores niveles de productividad por hora.

Ante esto, los expertos señalan que la experiencia neerlandesa apunta a que una eventual reducción de la jornada laboral en España requeriría cambios paralelos en la organización del trabajo y en la eficiencia empresarial para garantizar su viabilidad económica.