Las claves
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Cuidar la alimentación y los hábitos de vida puede ser tan decisivo como un tratamiento médico en el camino hacia la recuperación.
Esa es la experiencia de Odile Fernández, madre, médica de familia y superviviente de cáncer de ovario con metástasis, que ha convertido su historia en un ejemplo de resiliencia y acción consciente.
"Dejé en manos del oncólogo las decisiones médicas e investigué sobre lo que yo podía controlar: la alimentación y los estilos de vida", declaró Odile a RTVE.
Esa elección marcó un antes y un después en su vida y en su forma de enfrentarse a la enfermedad.
El diagnóstico llegó en octubre de 2010 y, como recuerda, "la desesperación, el pánico y el miedo duraron unas dos semanas. Después acepté la muerte como una posibilidad más en el desarrollo de la enfermedad, en vez de como una sentencia firme".
Cambio en el estilo de vida
"Ahí decidí cambiar y afrontar la enfermedad de manera diferente, buscando herramientas que ayudasen a mejorar la efectividad del tratamiento convencional de quimioterapia y a potenciar los mecanismos de autosanación de mi cuerpo", afirmaba Odile.
Cabe mencionar que las metástasis son responsables del 90% de las muertes por cáncer y la quimioterapia es menos efectiva en ese momento. Por ello, consciente de la gravedad de su situación Odile tomó decisiones rápidas.
"Lo primero fue cambiar mi actitud frente a la enfermedad y replantearme mi vida", indicaba. "Decidí aprovechar cada instante y disfrutar al máximo de cada pequeño detalle, pues no sabía cuánto más viviría".
Ese cambio incluyó una transformación completa de su alimentación. Odile eliminó fritos, bollería, alimentos procesados y carne, e introdujo abundante fruta, vegetales, semillas y frutos secos, priorizando productos ecológicos, frescos y de temporada.
Entre sus imprescindibles destacan verduras como ajo, cebolla, brócoli, coles de Bruselas y tomate; frutas como limón, manzana roja, granada, frutas rojas y uva negra.
También incorporó especias y hierbas aromáticas que hoy considera esenciales: cúrcuma, jengibre, cardamomo, canela, mostaza, chile, clavo, perejil, cilantro, tomillo o romero.
"La mostaza, las legumbres y la cúrcuma son imprescindibles", subraya Odile. Su dieta complementaba con legumbres, aceite de oliva virgen extra, semillas de lino, frutos secos y té verde.
Para endulzar, recurría a estevia, sirope de agave, miel ecológica, azúcar de coco o panela. Pero el enfoque de Odile no se limitó a la alimentación.
Tras la primera sesión de quimioterapia comenzó a practicar ejercicio físico y a buscar terapias que le ayudaran a calmar la mente.
"Si a mis pacientes diabéticos les influye la alimentación en sus cifras de glucosa y a mis hipertensos los conflictos emocionales afectan la presión arterial, ¿por qué esas mismas cosas no me iban a influir a mí?", reflexiona.
Su experiencia está recogida en el libro Mis recetas anticáncer, un compendio de consejos prácticos y recetas de vida pensado para prevenir y afrontar la enfermedad.
Entre sus recetas favoritas destacan un té verde con cúrcuma y aroma de limón y una ensalada de col y zanahoria, sencillas pero con gran valor nutritivo.
El mensaje de Odile es claro: no basta con seguir un tratamiento médico. Asumir un papel activo en la recuperación, cuidando la alimentación, la mente y los hábitos de vida pueden marcar la diferencia.
Su historia es un recordatorio de que, incluso frente a un diagnóstico grave, las decisiones conscientes pueden transformar miedo en fuerza y esperanza.
