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Las claves

Te llega un mensaje de tu jefe. Es algo "fácil de contestar", piensas. Estás en el sofá, ya fuera de tu horario de trabajo, quizá viendo una serie o cenando con tu familia. Respondes rápido y sigues con lo tuyo.

El problema es que esto, cuando se repite, deja de ser algo puntual y se convierte en una costumbre que afecta al descanso y a la vida personal.

Lo que mucha gente no sabe es que la ley protege el derecho de los trabajadores a desconectar del trabajo cuando termina la jornada, y no respetar este derecho puede suponer multas de hasta de 7.500 euros para la empresa.

El Estatuto de los Trabajadores reconoce el derecho a la desconexión digital y a la intimidad, tanto para quienes van cada día a su puesto de trabajo como para quienes teletrabajan o tienen un modelo híbrido.

Esto significa que, fuera del horario laboral, el trabajador no tiene obligación de contestar llamadas, correos electrónicos o mensajes relacionados con el trabajo. El tiempo libre es para descansar, estar con la familia o hacer planes personales, sin estar pendiente del móvil por temas laborales.

Cuando una empresa contacta de manera continua e injustificada fuera del horario, puede enfrentarse a sanciones económicas que van desde unos cientos de euros hasta superar los 7.000, según la gravedad del caso y el tamaño de la empresa.

No obstante, la norma no habla de una urgencia real y puntual, sino de situaciones que se repiten y acaban generando presión constante sobre el trabajador.

Por lo que, si un trabajador recibe mensajes fuera de su jornada de manera habitual, puede decidir no responder sin miedo a represalias.

Y si el problema continúa, lo primero es comunicarlo dentro de la empresa o al comité de trabajadores. Y si no hay cambios, se puede acudir a la Inspección de Trabajo para denunciar la situación.