Las claves
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Uno de los puntos que más dudas genera a los inquilinos de una casa de alquiler es quién debe pagar las reparaciones cuando algo se estropea en el piso.
Y es que aunque muchas personas lo arreglan sin preguntar por el hecho de no generar molestias, la ley lo deja bastante claro, recalcando que mantener la vivienda en buen estado no es una opción para el dueño, sino una obligación.
La normativa que regula estos casos es la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), y en concreto, su artículo 21 es el que establece que el arrendador tiene que hacerse cargo de las reparaciones necesarias para que la vivienda siga siendo habitable.
"El arrendador está obligado a realizar, sin derecho a elevar por ello la renta, todas las reparaciones que sean necesarias para conservar la vivienda en las condiciones de habitabilidad para servir al uso convenido, salvo cuando el deterioro de cuya reparación se trate sea imputable al arrendatario a tenor de lo dispuesto en los artículos 1.563 y 1.564 del Código Civil", detalla la norma.
Esto significa que problemas como una tubería rota, fallos graves en la electricidad, humedades importantes o un calentador que deja de funcionar deben ser asumidos por el propietario.
Además, el dueño no puede aprovechar estas obras para subir el alquiler, ya que este tipo de reparaciones obligatorias no pueden usarse como excusa para aumentar la renta, lo que protege al inquilino de gastos extra inesperados.
Eso sí, la obligación del propietario tiene un límite. Y es que la ley recuerda que "la obligación de reparación tiene su límite en la destrucción de la vivienda por causa no imputable al arrendador. A este efecto, se estará a lo dispuesto en el artículo 28".
Por su parte, el inquilino también debe colaborar y avisar a tiempo cuando surge un problema, permitir el acceso para que se hagan las reparaciones y cuidar la vivienda en el día a día.
De este modo, se evitan conflictos y la casa se mantiene en condiciones adecuadas para vivir.
