Las claves
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A pesar del auge del consumo de dispositivos electrónicos entre los más pequeños, los juguetes siguen ocupando un lugar central en el ocio infantil y en el desarrollo de la creatividad.
Sin embargo, la producción en masa y la entrada en el mercado europeo de juguetes fabricados a bajo coste han elevado las alertas sobre seguridad.
Por ello, la Unión Europea ha activado un nuevo reglamento que afecta directamente a la venta de juguetes e impone requisitos más estrictos en materia de sustancias químicas, diseño seguro y trazabilidad digital.
Cambios en la fabricación y venta de juguetes
Desde el 1 de enero de 2026, la venta de juguetes en la Unión Europea se rige por un nuevo marco legal mucho más exigente.
Se trata del Reglamento (UE) 2025/2509 sobre seguridad de los juguetes, una norma ya en vigor que introduce criterios comunes y obligatorios para todos los Estados miembros.
El cambio no es menor: por primera vez, las reglas se aplican de forma directa y uniforme en todo el mercado europeo.
El objetivo del reglamento es reducir la presencia de juguetes inseguros y reforzar la protección de la salud y la seguridad de los menores, tanto en el plano físico como en el mental.
La norma afecta a todos los juguetes comercializados en la UE, con independencia de su origen y del canal de venta, incluidos los productos importados y los vendidos a través de plataformas online.
Cabe mencionar que legalmente se considera juguete cualquier artículo destinado al juego de niños menores de 14 años, desde peluches y juegos de mesa hasta juguetes electrónicos, de baño o conectados a aplicaciones móviles.
Uno de los cambios más relevantes está en el endurecimiento de las restricciones químicas.
El reglamento amplía las prohibiciones más allá de las sustancias cancerígenas, mutágenas o tóxicas para la reproducción e incorpora nuevas categorías vetadas o limitadas, como los alteradores endocrinos, sustancias que afectan al desarrollo o a órganos concretos y determinados sensibilizantes respiratorios.
Especial atención reciben los PFAS, los llamados "químicos eternos", cuyo uso intencionado en juguetes queda prohibido, salvo excepciones muy concretas para componentes electrónicos inaccesibles para el niño.
También se refuerzan los límites de bisfenoles y se amplía de forma notable la lista de sustancias alergénicas que deben declararse en el etiquetado de fragancias.
En la práctica, esto obliga a reformular o retirar del mercado muchos juguetes fabricados con plásticos baratos o compuestos de baja calidad que hasta ahora se utilizaban para abaratar costes.
El reglamento no se limita a la composición química y refuerza también la seguridad física, mecánica y eléctrica de los juguetes.
Se elevan las exigencias para evitar riesgos de atragantamientos, quemaduras, descargas eléctricas o niveles de ruido excesivos, así como los relacionados con la higiene y la contaminación microbiológico.
En el caso de juguetes con pilas botón, los compartimentos deben requerir herramientas para abrirse, mientras que las baterías recargables no pueden ser extraíbles por el usuario final.
Los juguetes conectados, por su parte, están sujetos a evaluaciones específicas sobre ciberseguridad, protección de datos y posibles impactos en el desarrollo y la salud mental.
Otra de las grandes novedades ya activas es el Pasaporte Digital de Producto.
Cada modelo de juguete debe contar con un pasaporte accesible mediante un código QR u otro soporte digital, que incluye información sobre el fabricante, la conformidad con la normativa y los requisitos de seguridad.
Este sistema permite a las autoridades aduaneras y de vigilancia de mercado verificar de forma rápida la trazabilidad del producto, e incluso en las ventas online, y está pensado para frenar la entrada de juguetes inseguros.
Aunque el reglamento está en vigor desde este año, prevé un periodo transitorio de unos cuatro años y medio, hasta alrededor de 2030, para la adaptación completa de la industria.
Durante este tiempo, los fabricantes están reformulando materiales, rediseñando productos y desplegando sistemas de trazabilidad digital.
El resultado es un cambio estructural en el mercado del juguete europeo, con mayores obligaciones para fabricantes, importaciones y plataformas, y con un estándar de seguridad más alto para los consumidores.
