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Las claves

Molina de Segura es un municipio murciano situado en la comarca de la Vega Media del Segura, con una población de 78.458 habitantes. Más allá de su fuerte tradición agrícola, el municipio se ha ganado la fama de ser la capital mundial de las golosinas.

Apenas cuatro kilómetros separan a las tres grandes fábricas de chuches asentadas en Molina de Segura: Fini, Jake y Vidal, que forman el núcleo industrial del sector y acumulan una facturación conjunta superior a los 700 millones de euros.

Su presencia ha convertido a la localidad en un auténtico polo de la confitería, un fenómeno que se remonta a los excedentes de azúcar y a la tradición agroalimentario de la zona.

La capital española de las golosinas

Se estima que en España, el sector del dulce mueve unos 7.800 millones de euros al año, de los que unos 800 millones corresponden a caramelos y chicles.

Sin embargo, gran parte de estas golosinas provienen de un mismo lugar: Molina de Segura, un municipio en Murcia que pasó de ser enclave de emprendimiento local a convertirse en la verdadera meca de las chucherías.

Entendiendo el contexto, desde principios del siglo XX, Molina de Segura fue un centro conservero con decenas de fábricas y un notable saber hacer en la industria alimentaria.

Esa base industrial, sumada a la disponibilidad de maquinaria, proveedores y mano de obra especializada, facilitó que la producción de golosinas se asentara y creciera con fuerza.

La historia moderna de este sector comenzó en 1963, cuando Francisco Hernández Vidal decidió fabricar caramelos en su domicilio de 70 m², con apenas cuatro máquinas y una inversión inicial de apenas 90.000 pesetas (lo que hoy serían 550 euros).

El éxito llegó pronto: un pedido de 56 kilos supuso el despegue de Vidal, que en los años 70 se convirtió en la primera empresa española en producir de forma industrial caramelos, chicles y marshmallows.

Mientras Vidal se consolidaba, Manuel Sánchez Cano y su familia dieron un giro desde su negocio local de licores en Molina de Segura hacia el chicle artesanal.

Bajo la marca Fini, nombre tomado del apodo de Josefa Bernal, esposa de Sánchez Cano, lograron su primer gran éxito con el chicle enrollado.

Tras dos décadas centrados en el mercado español con un crecimiento exponencial, se expandieron internacionalmente en los años noventa, estableciendo en Brasil su segunda fábrica.

Pero Fini y Vidal no eran las únicas que encontrarían su lugar en la industria de las golosinas.

En paralelo, los hijos de Juan Antonio Vicente Espallardo comenzaron en 1939 con su tienda JAVE, dedicada al pan de higo y las especias. En los años 50 dio el salto a centrarse en la fabricación de dulces y chicles, pero todo de manera local.

En 1976 se constituyó como Jake S.A., con sede en Molina de Segura y amplió su exportación y producción, consolidándose como una empresa relevante dentro del sector.

Hoy, las tres empresas siguen siendo el principal motor económico del municipio. Fini emplea a unas 3.600 personas entre España y Brasil y facturó alrededor de 500 millones de euros en 2024, con una tercera fábrica en construcción en México que expandirá más aún su negocio.

Vidal cuenta con unos 520 trabajadores y superó los 200 millones de facturación en 2023, mientras que Jake mantiene cerca de 300 empleados y alcanzó alrededor de 110 millones de euros en ventas en el mismo año.

Aunque cada empresa tiene su tamaño y alcance, todas han contribuido a consolidar Molina de Segura como un referente internacional de las golosinas, convirtiendo al municipio en un ejemplo de cómo la tradición industrial y el emprendimiento pueden crear un verdadero imperio de las chuches.