Según el CIS, el 64% de los españoles piensa que el principal problema del país es la vivienda. Y no es para menos: el metro cuadrado ha alcanzado máximos históricos este año. Una de las estas personas que sufren esta situación es Laura.
Esta mujer paga 700 euros en alquiler de su casa, ganando 1.200. Le queda un total de 500 para poder vivir el mes entero, haciendo imposible que ahorre para poder mudarse, comprarse una casa o mejorar su estilo de vida.
Laura testifica: "Cobro 1.200 euros y 700 se me van en la vivienda. Y eso sin contar la luz, el agua ni la comida. ¿Cómo se supone que tengo que vivir?".
Su situación económica es tan frágil que, por un mínimo cambio, puede perder lo poco que le permite el inmueble recaudar para uso personal: "Ahorrar es prácticamente imposible. Si surge cualquier imprevisto, ya te descuadra el mes entero".
La situación en España ha cambiado con el pasar de los años. El SMI ha subido, pero, en contraste, el gasto de vida se ha inflado mucho más. Los alquileres han subido un 43% desde 2015, mientras que los salarios, un 27%.
Esta diferencia hace que el ritmo de crecimiento de uno y otro haga la vida mucho más complicada para gran parte de la sociedad.
Laura, ante esta situación, opina: "Trabajar y tener un sueldo ya no te garantiza poder vivir dignamente. Pagas el alquiler y te queda lo justo para sobrevivir el resto del mes".
La afectada tiene que hacer malabares con los números para poder llegar a fin de mes, renunciando a ciertas cosas que no son lujos, sino necesidades: "La vivienda se lleva más de la mitad de lo que gano. Al final, tienes que empezar a recortar en todo lo demás, incluso en cosas básicas".
Sobre esto, añade: "No estoy hablando de vivir con lujos, sino de poder pagar un techo sin tener que estar haciendo cuentas cada vez que vas al supermercado".
El compartir piso con personas que no conoces históricamente ha sido parte de la vida de estudiantes, pero, a día de hoy, una de cada cinco personas en esta situación son mayores de 35 años.
Laura, al verse así, dice: "Parece que, si no tienes un sueldo alto, no tienes derecho a vivir solo. Y no todo el mundo puede compartir piso toda la vida".
El principio de cada mes sigue perjudicando a Laura, ya que su salario no sube y el precio del arrendamiento sigue igual, corriendo peligro de que pueda subir algún día y obligarla a plantearse el irse a un piso más chico.
"Lo más agobiante es que sabes que cada mes tienes que pagar lo mismo, pero todo lo demás también cuesta dinero. La nómina no da para más".
La falta de dinero no solo afecta al bolsillo, también puede influir en el estado de ánimo o la cabeza, ya que, como Laura, te puedes pasar días y días preocupada por saber si puedes ir a ciertos sitios con los amigos o decir que no a planes que disfrutas.
"Te pasas el mes trabajando para pagar una casa en la que, muchas veces, apenas puedes disfrutar porque estás todo el tiempo preocupado por llegar a fin de mes".
Desgraciadamente, cada vez son más personas que viven esta situación, sabiendo que no se pueden permitir muchas cosas que antes eran el pan del día a día, como una escapada un fin de semana, vacaciones en la playa o simplemente ahorrar para un futuro mejor.
"La vivienda se ha convertido en un privilegio cuando debería ser algo básico. No pido que me regalen nada, solo poder permitirme un sitio donde vivir", dice Laura.
Laura no tiene claro su porvenir; no sabe qué va poder comprar, cambiar o vender, ya que los precios siguen subiendo, pero los salarios no: "Con 40 años, lo que quieres es tener cierta estabilidad, pero es muy difícil hacer planes cuando no sabes cuánto más van a subir los alquileres".
Como Laura, hay muchos más que sufren la crisis de la vivienda de primera mano, contando los días del mes para poder hacer números y llegar al final sin sufrir en exceso.
