Publicada

Hay una leyenda en la historia de Sevilla que relata que el bar Cruzcampo rellena los barriles de cerveza de una manera un tanto atípica. La taberna hace esquina en la Avenida Cruz del Campo, justo en frente de la factoría de nombre homónimo.

Lo normal sería hacer el pedido de barriles a principio de mes, pero en sus 70 años de vida, muchos vecinos y visitantes han creído que las cosas no se hacen así en este lugar.

Muchos rumoreaban que el establecimiento se conecta con la Factoría Cruzcampo mediante una tubería subterránea. Dicha tubería les suministraría los litros correspondientes de cerveza sin necesidad de que los trabajadores de la fábrica les hagan la visita mensual.

Pero para hablar de este lugar tan emblemático de Sevilla, primero hay que recordar quiénes son y a qué se dedican.

Al entrar en el bar te das cuenta de que no se trata de cualquier establecimiento. Sabes que es un negocio familiar, un local de toda la vida, fiel a Sevilla, con sus mesas altas, su barra impoluta y un tirador de cerveza con más historias que litros tiran al día.

La familia Roldán Guisado fundó este negocio en 1958. De origen palaciego y cabeceño, su idea original era montar una bodega, pero entre unos y otros, subidas y bajadas, acabó siendo el bar tan conocido que es hoy.

Actualmente el negocio lo llevan entre padre e hijos, siendo esta la tercera generación de la familia en ocuparse del local.

Justo este año cumplen siete décadas sirviendo y alimentando a miles de familias. Dentro de todas las personas a las que abastecen, se incluyen a los trabajadores de la Factoría Cruzcampo.

Desde los 90, estos desayunan en el bar antes de entrar a trabajar. Se piden su tostada de pan con aceite y jamón junto a su café correspondiente para coger energías para todo el día.

Aunque había ocasiones en que los propios trabajadores pedían la comida, la familia les pasaba su bocadillo y una litrona bien fría a través de la valla o por encima de la reja, para el disfrute de quienes algunos consideran parte de la familia, debido a los años y años de relación.

Esto consiguió estrechar los lazos del bar con la factoría. Era tal la confianza que Pepe Roldán, el actual dueño, cuenta que más de una vez, en el bar, se han abierto alguna herida o hecho algún corte y, en vez de ir al ambulatorio, han acudido al botiquín de la factoría.

Con el paso de los años, este bar también ha sufrido modificaciones, como, por ejemplo, el horario.

Esta familia solía abrir a las 5 de la mañana, antes de que llegase el COVID, para dar de comer a los trabajadores antes de su jornada laboral. Desde la pandemia, cambiaron el horario y ahora abren a las 7:00 y cierran a las 00:00.

Una de las personas que suele desayunar en el negocio, pese al cambio de horario, es José Luis Sanz. Este suele conversar con Pepe y su familia sobre los toldos del bar, su mantenimiento y diferentes temas relacionados con las instalaciones, formando una relación cercana con la casa.

Alguna vez, incluso, han conversado sobre la famosa leyenda que rodea al bar: 'La leyenda de las tuberías'. Esta historia data de hace mucho tiempo, para ser exactos, desde los años 80, ya que justo enfrente se situaba la antigua fábrica de Cruzcampo, fundada por los hermanos Osborne.

Al estar situados a escasos metros, las personas empezaron a formular diversas historias, relacionando su cercanía en distancia y su cercanía personal con la fábrica. Esto provocó que se crease la famosa leyenda.

Pepe comenta que es simplemente eso, una leyenda, ya que nunca fue cierto. Afirma que el negocio cuenta con 84 depósitos de cerveza, los suficientes como para abastecer a todos sus clientes y que, para rellenarlos, siguen usando el método tradicional de repostaje.

Pero lo importante de este bar no es su leyenda, sino las historias que tiene, las que vienen y se quedan, las que salen de ahí y las que acabarán viniendo. 70 años después, el bar Cruzcampo sigue en primera línea haciendo lo que mejor sabe hacer: servir y escuchar.