Vivimos en una cultura marcada por la tecnología y la inmediatez. Con frecuencia, los ciudadanos esperan que cada visita al médico concluya con una receta, una prueba o una derivación al especialista. "Si no me mandan nada, es que no me han atendido bien", piensan algunos.

Este imaginario social se refuerza por la presión de la industria, por la judicialización de la medicina y por la propia incertidumbre de los médicos, que a veces sienten que hacen más "por si acaso", lo cual puede derivar en la realización de un alto número de pruebas diagnósticas, prescripciones de medicamentos o intervenciones sanitarias no siempre necesarias.

Este círculo tiene un precio: saturación del sistema sanitario, consumo innecesario de recursos y lo más grave, riesgos evitables para la salud. Romper este esquema exige educación sanitaria, confianza en los médicos y un cambio cultural: aprender que la mejor medicina no siempre es la más intervencionista.

Las decisiones en la atención médica no siempre son sencillas. La medicina no es una ciencia exacta. William Osler, eminente médico de principios del siglo pasado, acuñó una frase que atesora un mensaje relevante sobre la filosofía de base del quehacer médico: "La medicina es la ciencia de la incertidumbre y el arte de la probabilidad". Manejar la incertidumbre en medicina no es fácil. Por ello, la adecuación y optimización de las prescripciones médicas exigen un ajuste no solo para evitar la exigüidad, sino también para obviar los excesos.

En la medicina actual se está desarrollando una nueva estrategia promovida por médicos, sociedades científicas y organismos nacionales e internacionales, denominada en Estados Unidos "Choosing wisely" ("elegir sabiamente") y que en España ha sido titulada "No hacer" y que fomenta que los médicos eviten prácticas clínicas de escaso valor, de modo que ajusten de modo sensato y prudente el número de intervenciones sanitarias, resaltando la idea de que "hacer más" no es necesariamente mejor para el paciente.

La estrategia "No hacer" no equivale a abandonar o negar la atención médica. Se trata, más bien, de evitar intervenciones innecesarias o potencialmente dañinas. A veces, un análisis de sangre repetido, una radiografía de control o un tratamiento con antibióticos que no hacen falta pueden generar más perjuicios que beneficios.

Uno de los principales principios de la ética médica es el principio de no maleficencia ("primun non nocere"), es decir, "ante todo, no hacer daño", y que es tan importante como el principio de beneficencia. Si una intervención médica no va a aportar beneficio, el deber del médico es evitarla y con ello no añade riesgos o sufrimientos al paciente.

El programa "No hacer" tiene otro valor añadido y es el hecho de que el paciente tiene derecho a conocer no solo lo que se puede hacer, sino también lo que no es necesario en su atención clínica. La transparencia en la comunicación médico-paciente es esencial, y este último debe conocer por qué no se le indica una prueba o por qué se le recomienda retirar un tratamiento.

En Andalucía, como en el resto de España, muchos médicos de familia ya aplican protocolos de “No hacer”. Por ejemplo, no solicitar análisis rutinarios anuales en personas sanas sin síntomas, no mantener ansiolíticos durante años sin revaluar o no indicar pruebas radiológicas en dolores de espalda banales.

La llamada "desprescripción", es decir, la revisión crítica de los tratamientos de pacientes crónicos, retirando aquellos que ya no aportan beneficio, está siendo incorporada cada vez más a los centros sanitarios, habiéndose demostrado que esta práctica mejora la calidad de vida, previene efectos adversos y reduce ingresos hospitalarios.

La estrategia "No hacer" tiene una base sustancialmente ética; nos invita a reflexionar sobre lo que debemos entender por buena medicina. Frente a la tentación de lo inmediato, lo tecnológico y lo excesivo, surge la sabiduría de la prudencia: hacer lo necesario, evitar lo inútil y, sobre todo, no dañar.

Para los ciudadanos, este mensaje puede ser incómodo al principio, pero a la larga significa más salud, más confianza y un sistema sanitario más sostenible. Porque, en medicina, a veces el mejor gesto de cuidado es precisamente no hacer más, sino hacer lo justo.