Carlos Llanos.

Carlos Llanos. Cedida.

Sevilla

Carlos Llano, el peruano que perdió a su hijo y llegó a Sevilla para pintar vírgenes en la calle: "He vendido obras a EEUU"

Carlos Llanos ha vendido "más de 500" muestras cofrades después de que se viralizase la imagen de una de sus obras de la Esperanza de Triana.

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La pérdida de un hijo es, sin lugar a dudas, lo peor que le puede pasar a unos padres. Y Carlos Llanos lo sabe bien.

Su vida ahora es la de una persona normal, pero para llegar hasta aquí antes tuvo que cruzar el Atlántico, superar la muerte de su pequeño Rey Sebastián y, tal y como el mismo cuenta a este digital, reconciliarse con Dios.

Ahora, este peruano que comenzó a pintar vírgenes sevillanas en la Avenida de la Constitución, la principal arteria peatonal de Sevilla, se gana la vida vendiendo su arte a todas partes del mundo. Hasta a EE.UU., Bélgica o Perú han llegado sus obras cofrades. En total, de su casa en la localidad sevillana de Coria del Río han salido "más de 500 muestras".

Para conocer la historia de ReyS -su firma como homenaje a su hijo fallecido- hay que remontarse a 2016, momento en el que Carlos y su esposa tuvieron que sacar fuerzas de donde no las tenían para hacer frente a la muerte de su bebé tan solo diez días después de que este naciera.

Tras ello, el matrimonio se vio envuelto en una vorágine de tristeza, dolor y rabia. Mucha rabia. "No entendía por qué Dios nos había hecho esto. Perdí la fe, estaba muy enfadado", asegura.

En un intento desesperado por superar la tragedia y "conseguir pasar página", la pareja decidió poner rumbo hasta el citado municipio, pueblo en el que vivían los tíos de su mujer.

Ya asentados en la provincia andaluza, el peruano comenzó a buscar trabajo por la capital. Primero empezó preguntando a los bares del centro de la urbe, pero nada, la suerte no terminaba de irrumpir.

Hasta que "durante una de sus caminatas diarias" en busca de un sueldo que le permitiese vivir, se le ocurrió la idea de comenzar a pintar en el suelo. Para ello, gastó "las únicas monedas que llevaba en el bolsillo".

Así fue como empezó a impregnar la Constitución de caricaturas hechas con la técnica 'marodani', muy común en su tierra natal, y que nada tenían que ver con las cofradías.

Los días pasaban, se acercaba la Semana Santa y eran pocas las ganancias que conseguía agrupar. Pero todo cambió cuando, con motivo de la Cuaresma, le sugirieron que pintara alguna imagen sevillana.

La Virgen de la Esperanza Macarena fue la primera de su repertorio. Desde entonces, su particular 'álbum' aún no ha visto su fin.

Carlos Llanos pintando.

Carlos Llanos pintando. Cedida.

A raíz de comenzar a dibujar devociones sevillanas, Carlos vio como sus ingresos aumentaban y, tras semanas plasmando la cara de la Esperanza de Triana, el Cristo de los Gitanos o el Gran Poder, llegó "la frase que lo cambió todo", la que le hizo "recuperar la fe".

"Una mujer que llevaba un tiempo observando como pintaba me dijo que debía hablar mucho con las vírgenes y los cristos. Además, por este entonces mi mujer se había vuelto a quedar embarazada. Y aquí empezó mi reconciliación con Dios", aclara.

Se hizo viral con la Esperanza de Triana

Uno de los momentos claves en su trayectoria artística llegó de la mano de la Esperanza de Triana.

Un día -a priori- cualquiera, el peruano dibujó el rostro de la Dolorosa frente a la Catedral de Sevilla, pero lo que no se esperaba es que para esa jornada hubiese programada una visita extraordinaria de la 'trianera' al templo hispalense.

Días después, "mientras estaba comiendo la hamburguesa de un euro que cada día almorzaba en el Burguer King", su móvil se conectó a la red Wifi del establecimiento y comenzó a recibir infinidad de notificaciones.

¿El motivo de esto? La imagen de su obra de la Esperanza de Triana entre la multitud que esperaba en las puertas de la Catedral para verla pasar durante su salida extraordinaria se había hecho viral.

Entrevistas y encargos

A raíz de ahí comenzaron las entrevistas y los encargos.

Primero fueron las hermandades de Sevilla las que empezaron a pedirle que pintara a sus titulares a las puertas de las iglesias. Luego esta tendencia se expandió por los rincones de toda Andalucía.

La imagen viral.

La imagen viral. Cedida.

Después vinieron las demandas de sus obras. Particulares que querían una pintura propia de su Cristo o Virgen.

De este momento han pasado ya seis años. Ahora, Carlos Llanos puede decir que ha vendido "más de 500" muestras hechas con la técnica del pastel. Para ello, el peruano reserva una habitación en su casa, aunque ya está inmerso en la búsqueda de un nuevo local en el que montar su propio estudio.

En cuanto a los precios de sus trabajos, estos dependen del tipo de obra que sea. En el caso de las originales, su valor va desde los 100 euros, mientras que el coste de las réplicas parte desde los 25 euros.

Además, una de las últimas iniciativas del artista es la venta de camisetas personalizadas por encargo.

En definitiva, la de Carlos es una historia que comenzó con unas tizas en el suelo y que hoy ha llevado sus vírgenes y cristos alrededor del mundo entero.

Con la pintura, el peruano consiguió recuperar la fe que creyó perdida y hacer de ella su forma de vida.