'Kristin', 'Joseph', 'Leonardo' y ahora 'Marta'. Si hubiese que definir el comienzo de este 2026 en una sola palabra, sin duda, una de las candidatas sería 'borrasca'.
La sucesión de temporales que han empapado todo el territorio nacional desde que arrancase este nuevo año ha puesto en jaque a los embalses españoles. Y si no, que se lo digan, más concretamente, a Andalucía.
La comunidad del sur ha visto en menos de dos semanas como muchas de sus presas -las primeras fueron las de Sevilla- empezaban a descargar agua tras haber alcanzado prácticamente el límite de su capacidad.
Llegados a este punto, a muchos solo se les ocurre una pregunta: si después se teme a la sequía, ¿por qué no deja de 'tirarse' el agua?
Pues bien, tal y como cuenta Mónica Aguilar Alba, profesora del departamento de Geografía Física de la Universidad de Sevilla (US), a EL ESPAÑOL de Sevilla, esta es una "idea errónea y obsoleta" anclada en el "paradigma hidráulico".
Este es un modelo de gestión del agua basado en la idea de que los problemas hídricos se resuelven principalmente mediante grandes infraestructuras.
Una "prioridad" de la UE
Según defiende la experta, "el agua no se tira en ningún momento". Y es que, el desembalse de la masa "es necesario para mantener vivos los ríos, que son una prioridad de la Unión Europea (UE)".
Los cauces necesitan que el agua corra constantemente, que no quede estancada, y un mínimo de metros cúbicos. Asimismo, destaca que el agua "no se desperdicia" al abrirse las compuertas.
Esta acaba en los acuíferos o en la red de abastecimiento de las ciudades. Una vez que se han cubierto estas necesidades, es cuando la masa llega al mar.
Hace dos años, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, intentaba traer barcos cargados de agua a la comunidad debido a la sequía que estaba teniendo lugar. Esta medida fue descartada finalmente tras las lluvias que empañaron la Semana Santa de 2024.
No obstante, esta es una situación que, debido a los "fenómenos extremos que se van seguir dando como consecuencia del cambio climático, casi con total probabilidad, acabará repitiéndose".
Por este motivo, se plantea la duda de si Andalucía necesita más infraestructuras que recojan las lluvias. Ante esto, Aguilar es clara. "Si se destinase dinero a la construcción de embalses y presas, sería desperdiciarlo".
Al hilo de esto, destaca que la comunidad "no necesita más pantanos", sino más bien "una mayor regulación".
"Consumo desproporcionado"
Es decir, en palabras de la profesora, "el problema es el consumo desproporcionado de agua, sobre todo en algunos sistemas de regadío como los de los olivares extensivos". Estos cultivos se abastecen, además de con el agua de la lluvia, con otros sistemas de riego artificial.
En paralelo, la experta sostiene la "necesidad" de la ciudadanía de "acostumbrarse a las situaciones extremas, que cada vez se repiten más". "Se debe aprender a vivir con ellas," subraya.
En lo que respecta a la construcción de los embalses, hace hincapié en el levantamiento del último de Sevilla, el de Los Melonares, ubicado en la Sierra Norte, sobre el río Víar, y que tuvo un aterrizaje "muy polémico".
En el año 2022, esta presa -la más grande de la provincia- 'salvó' a Sevilla de sufrir restricciones durante la sequía. Ahora, ha sido una de las que se ha visto obligada a descargar agua tras las persistentes lluvias de las semanas anteriores.
La crítica situación por la que pasa la comunidad andaluza actualmente -con miles de desalojos en diferentes municipios, ríos en nivel rojo y alertas por desbordamiento de los caudales- ha obligado a las autoridades a tomar medidas.
Descarga "controlada"
Por ello, uno de los últimos embalses en comenzar a descargar agua fue el de Torre del Águila, situado en El Palmar de Troya.
La apertura de compuertas comenzó después de que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) lo dictaminase teniendo en cuenta que la tarde se iba a caracterizar por más precipitaciones.
Estos protocolos de vaciado se activan de forma preventiva, puesto que rebasar el límite de la capacidad de los pantanos supondría "una verdadera catástrofe".
La descarga debe hacerse de manera "controlada y progresiva", teniendo en cuenta las características de cada una de las infraestructuras.
Es decir, expulsar el agua de manera abrupta se traduciría igualmente en "consecuencias desastrosas", casi del mismo nivel que la rotura de la infraestructura.
En definitiva, la clave, concluye Aguilar, "no es construir más, sino una mayor conciencia con el uso del agua". Asimismo, destaca la necesidad de aprender a convivir con estas situaciones extremas que, cada vez, van a darse más.
