El empresario de Carmona José Antonio Rodríguez, creador de la ginebra Puerto de Indias.

El empresario de Carmona José Antonio Rodríguez, creador de la ginebra Puerto de Indias. Cedida

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José Antonio Rodríguez, de arruinarse a hacerse millonario con la ginebra: "Tengo la patente de la mascarilla que caduca"

Este albañil de profesión empezó su proyecto, junto a su hermano, en una destilería centenaria en Carmona.

Llegó a facturar 65 millones de euros en 2017 con su famosa ginebra Puerto de Indias.

Más información: Puerto de Indias, la casualidad millonaria de dos hermanos que “democratizaron” la ginebra en España

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La historia vital y laboral del empresario de Carmona (Sevilla) José Antonio Rodríguez es larga. No le da ningún miedo cambiar de sector, tanto si las cosas se tuercen como si van bien.

Muestra de ello es que en pocos años pasó de arruinarse en la construcción -su profesión es albañil- a hacerse millonario con la famosa ginebra rosa de Puerto de Indias, junto a su hermano Francisco en una destilería centenaria de la localidad. En 2017 llegaron a facturar 65 millones de euros.

Todo ello, tras un exitoso error en la maceración de las fresas. Ahora tiene otro reto por delante. Poner en el mercado una mascarilla que "avisa" cuando deja de ser eficiente, que él mismo inventó durante la Covid. Es decir, cuando caduca, cambia de color.

Su actual empresa de destilería Andalusi Beverages S.L ha obtenido hace unos días una patente europea para poner en marcha este sistema innovador de indicación visual del tiempo de exposición en mascarillas de protección facial.

En conversación con EL ESPAÑOL de Sevilla, José Antonio cuenta cómo se le encendió la bombilla. Iba en el AVE a finales de 2020 en uno de sus múltiples viajes a Sevilla cuando vivía en Madrid y observó que la mascarilla de la señora que viajaba a su lado "estaba muy usada" y tuvo miedo a que no le protegiera de coger el virus que atemorizó al mundo entero.

"Pensé que si una aspirina tiene caducidad, una mascarilla también puede tenerla", asegura José Antonio a este medio. Fue entonces cuando empezó a llamar a las distintas puertas para hacer realidad su idea.

Con la empresa privada no pudo ser, así que finalmente firmó un acuerdo de colaboración con el grupo de investigación OMEGAs, liderado por el profesor del Centro de Nanociencia y Tecnologías Sostenibles (CNATS) de la Universidad Pablo de Olavide (UPO), José María Pedrosa.

Este ha desarrollado la idea junto a los investigadores Javier Roales y David Rodríguez. La explotación comercial de esta tecnología le corresponderá a José Antonio Rodríguez, quien ha financiado la investigación y quien ya está trabajando en el desarrollo de los primeros prototipos y en la búsqueda de alianzas con empresas del sector sanitario y de equipos de protección individual.

El empresario carmonense insiste en otra cuestión importante. Su precio en el mercado sólo supondrá "unos tres o cuatro céntimos más" de lo que cuesta una mascarilla quirúrgica convencional.

La tecnología patentada

La tecnología patentada, según informó la pasada semana la propia universidad, propone una solución práctica: un pequeño indicador adherido a la superficie externa de la mascarilla, que contiene un sistema químico diseñado para cambiar de color de forma irreversible tras un tiempo de uso prefijado.

El dispositivo pasa de un estado ligeramente amarillento a un tono oscuro visible, alertando de que la mascarilla debe ser sustituida.

Patente de las mascarillas desarrollado por la UPO e inventado por el empresario carmonense José Antonio Rodríguez.

Patente de las mascarillas desarrollado por la UPO e inventado por el empresario carmonense José Antonio Rodríguez. Cedida

Además, su diseño facilita la integración en distintos modelos comerciales —como mascarillas quirúrgicas, FFP2 o N95— sin alterar su estructura ni sus prestaciones filtrantes, facilitando su integración industrial.

"Mi idea es vender el producto a otros países, pero también facilitar la maquinaria", señala el empresario, quien cree que los fabricantes "venderán más cantidad al tener caducidad". A su juicio, este mecanismo "debería ser obligatorio".

Para ello, ha establecido contactos con una empresa de maquinaria farmacéutica para que creen la máquina que adhiera el indicador que avisa cuando la mascarilla caduca.

También quiere contactar con la Junta de Andalucía para implantarla en los hospitales públicos. "Mi objetivo es que tanto el que use esta mascarilla como el que esté en frente se sienta seguro o que cuando alguien entre en un quirófano tenga la garantía de que esa mascarilla es útil", asegura José Antonio Rodríguez.

Su error más exitoso

Rodríguez es de este tipo de empresarios cuya cabeza nunca descansa, por eso no es de los que creen en las casualidades porque la inspiración, parafraseando a Picasso, siempre le pillará trabajando. O, al menos, en alerta.

Junto a su hermano Francisco, hizo que la ginebra rosa Puerto de Indias tuviera una cuota de mercado del 80% y presencia en 14 países.

Casi por sentimentalismo a principios de este siglo, se hicieron con una histórica destilería de Carmona con idea de transformarla en un enclave para bodas y eventos.

Su suculento precio y el negocio listo para ser explotado hicieron que los Rodríguez adquirieran la histórica fábrica de Anís 'Los Hermanos', custodiada por reliquias romanas que forman parte de la peculiar producción.

El empresario José Antonio Rodríguez, creador de la ginebra Puerto de Indias y de la patente de las mascarillas.

El empresario José Antonio Rodríguez, creador de la ginebra Puerto de Indias y de la patente de las mascarillas. Cedida

Fundada en 1880 por un emigrante vasco que huyó de guerras carlistas, el negocio pasa de familias a familias y los Rodríguez toman el testigo para adentrarse al mundo del anís.

Los Rodríguez la compraron con una condición. La familia saliente tenía que enseñarle el oficio: del anís al licor de canela, turrón o pacharán.

Con la base aprendida, empezaron a innovar con un peculiar lema de I+D: prueba y error. Así visualizaron su siguiente proyecto que sería macerar fruta para “decorar” los combinados y para ello recurrieron a las fresas. Su error más exitoso fue que las altas temperaturas hicieron polvo la fruta y el resultado fue toneladas para tirar.

La vuelta de su idea

El proyecto quedó en un cajón y las sobras del experimento en un rincón de la histórica factoría. Las fresas fueron directas al contenedor, pero el alcohol macerado no porque debe ir a unas plantas concretas, por lo que lo dejaron en la destilería listo para su reciclaje.

En 2012, la cosa cambia. La moda de las ginebras de sabores cogió protagonismo y es aquí cuando los Rodríguez recordaron su idea fallida.

Comenzaron así en 2013 a hacer pruebas: ginebra, esencia de fresa de la región… Así nació Puerto de Indias. La criatura sevillana fue poco a poco entrando al mercado gracias al consumidor. Los hijos de los Rodríguez tenían en Carmona una terraza de verano y ofrecían el producto para ver su repercusión. El rudimentario marketing de cercanía hizo el resto.

Los dueños, que eran los que hacían los envíos, fueron viendo en muy poco tiempo el incremento de la demanda. En un solo día llegaron a salir de la fábrica 162 palets.

El boca a boca o la insistencia en crear riqueza en la tierra incentivaron la creación de departamentos que no entraban en sus planes: I+D, exportación, logística, marketing con una plantilla cada vez considerable. Los hermanos no imaginaban tal éxito, pero lo tuvieron y aprendieron a digerirlo.

Tanto que el fondo de capital riesgo HIG Europe lo supo ver y se hizo con la participación mayoritaria de la empresa, pero sin desligar a los hermanos fundadores de la marca, hasta que José Antonio y sus hijos decidieron crear otra empresa de licores.

Andalucía Beverages sigue operando hoy día y ha creado licores tan pintorescos como el que sabe a torrijas o un tequila que sabe a melón.

José Antonio siempre se sentirá el padre de esa criatura llamada Puerto de Indias- hasta el logo lo hizo él-. Empresa, por cierto, que ahora está a punto de salir a la venta otra vez.

Al igual que ahora de estas mascarillas, con las que tiene una aspiración más, proteger la salud e, incluso, salvar una vida.

Aunque como nunca descansa, ya está pensando en otro proyecto más, una marca de ropa con un hipopótamo como logo, el mismo que ilustra su botella de vodka Beremot. Y visto lo visto, parece que nada se le resiste al empresario carmonense.