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Paulo decidió pasar unos meses con su madre, Sara, en Ubrique (Cádiz), donde ella trabajaba como acompañante de personas de la Tercera Edad y de ayuda a domicilio.

Allí, Sara Raquel había llegado incluso a entablar una relación sentimental con Ambrosio González, un lotero jubilado y ciego, de una familia hostelera muy conocida en el pueblo.

El viaje hasta el sur de España fue largo y costoso. Pero a finales de septiembre, de súbito, Paulo puso mar de por medio y se volvió a Colombia. La semana pasada lo detuvo la Policía Nacional de Colombia mientras caminaba por un barrio del sur de Cartagena de Indias.

Lo interceptaron llevando un cartón de 24 huevos. Los agentes lo interceptaron en plena calle. El hombre soltó el cartón en la acera, no se le fueran a romper. Ahí mismo lo engrilletaron. Sobre él pesaba una requisitoria, con distintivo rojo, activada por la policía española y EUROPOL

Según la información judicial facilitada por España a las autoridades colombianas, "el requerido habría ingresado a la vivienda de una persona con discapacidad visual, a quien agredió de manera extremadamente violenta con arma blanca, causándole la muerte".

¿Su propósito? "Ubicar y acceder a una caja fuerte oculta en el inmueble. La brutalidad del hecho generó profunda conmoción social en la comunidad donde ocurrió".

Al portador de los huevos se le imputan los delitos de asesinato con alevosía y ensañamiento, robo con violencia y allanamiento de morada, con el agravante de que su víctima estaba ciega.

La Policía Nacional de Colombia, deteniendo a Paulo César Sandoval en Cartagena de Indias.

La persona con discapacidad visual era Ambrosio González, de 61 años, ex pareja sentimental de su madre. Su cuerpo, cosido con 50 puñaladas, dos de ellas mortales de necesidad, lo encontró la hermana de Ambrosio en la casita de campo que el hombre tenía en Tavizna.

Ambrosio quedó ciego de un ojo hace muchos años. Luego, por un accidente doméstico, quedó ciego del otro. El cuponero de Ubrique, treinta años trabajando para la ONCE, soltero, sin hijos, con familia conocida y amplio cariño en el pueblo gaditano, se prejubiló 8 años antes de morir.

Siempre estaba de buen humor, para vender cupones no dudaba en hasta disfrazarse, aprendió a tocar el piano de manera autodidacta aun siendo invidente, volcó su cariño en sus sobrinos y enseñaba a tocar el instrumento a sus sobrinos nietos.

Luego de su prejubilación, raro era el día que Ambrosio no hiciera parada en el Bar Acapulco, en el centro de Ubrique. El local había pertenecido a su familia, pero Ambrosio no perdonaba el café o la tapa de chicharrones, según la hora a la que llegase al local.

Luego se retiró. Era tan independiente que era capaz de coger el autobús hasta la casa de Tavizna, a 8 kilómetros de Ubrique, pasar el día y regresar solo en el mismo autobús a las 9 de la noche.

Además, incluso entabló una relación sentimental con Sara Raquel Picalua, una cuidadora de ancianos, aunque aquello no llegó a buen puerto.

El ataque

La víspera de su muerte, el 27 de septiembre, su hermana se extrañó de que cayese la noche y no regresase y comenzó a llamarlo por teléfono. Nadie respondía.

El chalé de Ambrosio, en Tavizna, precintado por la Guardia Civil. EFE

La hermana de Ambrosio esperó y esperó. Pasando la medianoche, cogió el coche y se fue a buscarlo a Tavizna.

Era la 1 de la madrugada del sábado cuando el 112 recibió la llamada de alerta. El interior de la vivienda estaba un poco revuelto, aunque no demasiado. El colchón de la cama estaba volcado y había muchos rastros de sangre. El cuerpo de Ambrosio yacía sin vida.

Presentaba múltiples puñaladas, incontables en un primer momento. Recibió al menos una en el cuello, y el resto, en su mayoría, fueron por la espalda. Así, hasta al menos 50.

De las puñaladas recibidas, 48 eran superficiales: se cree que su asesino lo torturó para que le entregase el dinero, y que Ambrosio se defendió.

"Inexplicable". "No tenía enemigos". Lo atestiguaron familiares y conocidos. Hace cuatro años Ambrosio ya sufrió un robo en su casita de Tavizna, aunque no se encontraba en el lugar cuando saquearon la casa.

"Por eso, instaló cámaras de seguridad. Pero estaban desactivadas, y dudo que eso lo hiciera él", precisó entonces otro vecino a este periódico.

También indicó que "el viernes por la mañana, y antes de irse a Tavizna, acudió a sacar dinero del banco".

"Ambrosio era totalmente autosuficiente. Si no lo llevaba allí su hermana en coche, cogía el autobús solo. Tenía la parada a escasos metros de la puerta de su casa y a escasos metros de la puerta del chalé", atestiguan vecinos de Ubrique.

En el chalé de Tavizna, Ambrosio tenía una caja fuerte. Y aunque la casa apareció algo revuelta, no faltaba dinero.

Por eso, y como ya contó EL ESPAÑOL, las pesquisas se centraron en que aquel viernes 27 de septiembre, en aquella pista de que el hombre acudió al banco y sacó dinero. Y que desde ese instante fue seguido, sin que él se diese cuenta, hasta su chalé, donde finalmente fue asesinado.

El presunto autor, Paulo César Sandoval Picalua, estudió Contaduría Pública en la Universidad de Sinú. Hasta la semana pasada estuvo haciendo vida normal en Colombia.

Ignorando que ya estaban sobre su pista, en diciembre se hospedó en el Hotel Campestre Villa Martha, en Tubaco, a 8 kilómetros de Cartagena de Indias.

Le gustó tanto la estancia que dejó una reseña en Google con su nombre compuesto y sus dos apellidos: "Excelente servicio. El personal está bien capacitado y siempre dispuesto a atender a sus clientes".

Al otro lado del charco, el mismo 4 de febrero en el que la Policía Nacional de Colombia detenía al hijo, la Guardia Civil detuvo a su madre en Ubrique.

La Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Ubrique, plaza número 1, ordenó su ingreso en prisión sin fianza el pasado viernes. La mujer se negó previamente a declarar.

Figura investigada como presunta cooperadora necesaria de los delitos cometidos por su hijo Paulo: asesinato, allanamiento de morada, contra la integridad moral y robo con violencia e intimidación.

A ella, además, se le imputa el delito de encubrimiento al haber ocultado el crimen y colaborado en su ejecución.

Nada más conocerse las detenciones, la familia de Ambrosio escribió en sus redes sociales un comunicado de agradecimiento a la Guardia Civil por resolver el caso. "Hemos tenido que esperar mucho, demasiado, pero ojalá ahora se haga justicia y [los detenidos] paguen por el daño irreparable que han causado y por el dolor que han dejado detrás".

"Hay muchas cosas que se nos pasan por la cabeza y que pensamos sobre estos animales, pero preferimos guardárnoslas. Quienes nos conocen saben perfectamente lo que podemos sentir en estos momentos".

La noticia de la detención "no va a devolvernos a Ambrosio ni a llenar el vacío que dejó, pero al menos ahora ya se puede poner cara a los autores y sentir, en parte, un pequeño alivio al saber que están detenidos. Ahora solo nos queda confiar en que se haga justicia y caiga todo el peso de la ley sobre los asesinos".