Murcia

El jueves 2 de diciembre en el quirófano de la Clínica Virgen de la Caridad de Cartagena había algo más que una paciente y un cirujano contratado en un centro de cirugía plástica y medicina estética: los dos eran amigos. El médico que practicó la lipoescultura por la que Sara se debate entre la vida y la muerte en la UCI del Hospital Santa Lucía, rompe su silencio, y concede una entrevista en exclusiva a EL ESPAÑOL para ofrecer su versión sobre esa intervención, así como para desvelar su vínculo con la paciente.

"Es una amiga, nos conocemos desde hace años y tenemos multitud de amigos en común, ella conoce mi trayectoria profesional y me pidió que fuera yo quien la operara por esa amistad, confiaba en mí como persona y profesional. Quiero dejar claro que a ningún médico le gusta que en una cirugía haya complicaciones, pero menos cuando la paciente es amiga, y ella lo es. Sólo quiero que se recupere: mi único pensamiento ahora mismo es Sara", asegura este facultativo. 

"Desde muy pequeño me gustó la Medicina, por ello me he esforzado toda mi vida en estudiar y formarme en diferentes áreas, para poder ofrecer un mejor servicio a los pacientes: siempre ha sido mi pasión ser médico", apostilla en la entrevista que concede a este diario poniendo una condición: no desvelar sus datos personales ni los nombres de las clínicas donde trabaja porque el caso de Sara se ha judicializado. Todo ello, después de que la familia de esta agente inmobiliaria, y madre de dos hijos, haya contratado a Ignacio Martínez, abogado de la Asociación del Defensor del Paciente.

"Desarrollo mi actividad en multitud de clínicas como colaborador externo en áreas de cirugía cardiovascular, medicina estética y cirugía estética. Prefiero no dar nombres de esos centros en una entrevista por respeto a las mismas, pero todas son de prestigio", explica este facultativo, cuya carrera empezó en 2013, como médico general y de urgencias del Hospital Morales Messeguer de Murcia. Posteriormente fue cirujano cardiovascular en los hospitales Virgen de la Arrixaca, Vinalopó de Elche y General de Torrevieja, antes de fichar por el sector privado.

—¿A lo largo de su trayectoria alguno de los pacientes a los que ha intervenido ha acabado al borde de la muerte como Sara?

—He participado en múltiples trasplantes de corazón y cirugías de riesgo vital, tanto en la Región de Murcia, como en otras comunidades autonónomas. También he ido a extraer corazones por todas partes de España, donde afortunadamente junto al equipo que me acompañaba hemos podido salvar la vida a múliples pacientes.

El primer percance serio en el expediente médico de este cirujano chileno lo ha sufrido su amiga Sara: una agente inmobiliaria de Alcantarilla, de 39 años, que contrató una lipoescultura en una clínica privada de Murcia, que se publicita como un referente de prestigio internacional en alta cirugía plástica, medicina estética, tratamientos antienvejecimiento y servicios VIP, a cargo de un equipo de especialistas.

La lipoescultura a la que se sometió esta madre de dos hijos, consistente en la extracción de grasa del abdomen mediante una cánula, la envío a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Santa Lucía de Cartagena.

Nora, la hermana de la paciente, ha confirmado que la familia ejercerá acciones legales porque Sara está ingresada con pronóstico grave por sufrir "una carnicería": 27 perforaciones en el intestino, el colón, los riñones, el hígado... "Está enganchada a máquinas, luchando". 

Sara, en primer plano, junto a su querida hermana, Nora. Cedida

—La Inspección de los Servicios Sanitarios ha abierto una investigación para esclarecer los motivos por los que Sara acabó en la UCI, el jueves 2 de diciembre, a raíz de una lipoescultura practicada por usted. ¿Está acreditado para ejercer en España intervenciones de cirugía estética?

—Por supuesto. De lo contrario no me contratarían en clínicas ni podría entrar a un quirófano. Para zanjar dudas que puedan darse por mi nacionalidad, soy chileno y español por parte de padres, y quiero aclarar que estudié Medicina en la Universidad de Murcia. No tengo un título no homologado. Además, hice la especialidad como cirujano del Hospital Virgen de la Arrixaca, un puesto muy difícil para realizar la especialidad. También tengo varios másters y post doctorados en diferentes universidades nacionales e internacionales para la especialiciacion en cirugía estética, consiguiendo el Board Internacional de Cirugía Estética, la máxima distinción mundial. En esa entidad, entre el profesorado está el Doctor Giorgio Fischer, inventor de la técnica de la liposucción en 1974. 

—¿Cuánta experiencia suma llevando a cabo lipoesculturas, abdominoplastias, aumentos de senos…?

—Como cirujano estético llevo varios años y he practicado múltiples y variadas intervenciones. Enumerar cuantas me sería imposible. He realizado intervenciones en diferentes países, incluyendo España, por supuesto. 

—Usted afirma que es amigo de Sara. ¿Ella le contrató a usted directamente la lipoesculura o lo hizo a través de la clínica?

—La paciente contactó y contrató [la lipoescultura] con una clínica de Murcia de gran trayectoria. Al igual que en una pregunta anterior, no voy a decirle el nombre de la misma. Sara sabía dónde trabajaba yo, contrató la intervención y la clínica me asignó dicha operación.

—A la vista de las fotos facilitadas por la familia sobre Sara y su espectacular físico: ¿Considera que era necesario que se sometiese a una lipoescultura y que usted, como médico, cumplió con el código ético y juramento hipocrático al no desaconsejárselo?

—Este procedimiento está indicado para quienes quieren mejorar su aspecto físico, no en términos de adelgazamiento, sino para moldear su figura o para corregir las imperfecciones que por otros métodos no pueden conseguir. El procedimiento que se iba a realizar debe quedar dentro del secreto profesional, como las conversaciones que se tuvieron. En ningún momento he faltado a mi labor como profesional, y quien afirme lo contrario estará faltando a mi honor y pondré el asunto en manos de profesionales que gestionen las afirmaciones que se están realizando sobre mi persona en diferentes medios y redes sociales. Creo que ahora es el momento de apoyar a Sara y luchar para que salga adelante: sólo deseo eso. Veo bien las muestras de apoyo a ella, pero no mezclar eso con un ataque a mi persona o mis bienes.

Sara, luciendo su espectacular físico en una playa. Cedida

—¿En algún momento, usted o personal de la clínica le indicaron a Sara que no se sometiera a la lipoescultura porque no presentaba aspectos inestéticos y la intervención no reunía criterios de eficacia?

—La paciente quería cambiar su aspecto físico, voluntariamente. Las conversaciones privadas con la paciente no las puedo revelar, pero se habló todo lo relacionado con la intervención.

—¿Qué pasó durante la lipoescutura en la Clínica Virgen de la Caridad para que Sara acabase en la UCI?

—En toda intervención quirúrgica existen riesgos de todo tipo: anestésicos, quirúrgicos y post operatorios. Los riesgos en cada persona pueden ser mayores o menores, dependiendo de sus características basales y antecedentes quirúrgicos. La intervención fue guiada en todo momento por el anestesista, que ante cualquier inestabilidad, o sospecha, puede poner fin a la misma. La operación de Sara finalizó con el resultado estético esperado, comenzando a presentar cierta inestabilidad en el post operatorio inmediato. Me percaté de que recibiendo cuidados por el personal de la clínica, no mejoraba, motivo por el que decidí seguir junto a la paciente, pendiente de si el equipo lograba estabilizarla. Viendo que esto no ocurría, decidí, junto al anestesista, trasladarla a un hospital con servicios de cuidados intensivos donde recibiera toda la atención necesaria.

Siendo mi paciente, y además, mi amiga, me desplacé allí [al Hospital Santa Lucía]. Le expliqué a los médicos de la UCI todos los extremos de la operación para ayudar en la recuperación. Acompañé y hablé con Sara cogiéndola de la mano. Lo único que quiero es que se recupere. No voy a revelar extremos médicos de Sara y me sorprende que otras personas lo estén haciendo. Creo que deberían respetar su intimidad y esperar a que mejore para que ella pueda decidir qué contar y qué no contar.

—¿Hubo errores durante la lipoescultura por parte del personal que le asistía a usted y que pertenecía a la Clínica Virgen de la Caridad de Cartagena?

—Yo sólo puedo y debo hablar, aquí, de mí. Todos son grandes profesionales.

—El entorno de Sara ha denunciado que usted metió en el quirófano a su novia, camarera de una conocida discoteca de Murcia, que se estuvo haciendo fotos y las subió a redes sociales. ¿Por qué entró su pareja al quirófano?

—Se está hablando mucho y con muy malas intenciones. Aparte del personal de la Clínica Virgen de la Caridad, estaba presente mi ayudante personal, en calidad de observadora, al margen del quirófano. La persona a la que se refiere [su novia] es sanitaria y auxiliar de enfermería, estando esto dentro de su formación para el posterior manejo post operatorio de este tipo de procedimientos en los pacientes.

—¿Es cierto que se equivocaron en el grupo sanguíneo de Sara cuando le hicieron transfusiones para estabilizarla?

—Lo desconozco. Y repito: debemos ser respetuosos con Sara y sus datos médicos.

—¿Cuál era el pronóstico de Sara cuando salió de la Clínica Virgen de la Caridad rumbo al Hospital Santa Lucía?

—Era imposible de saber, por eso se decidió trasladarla inmediatamente cuando, junto con el anestesista y el equipo de la sala de recuperación, consideramos que necesitaba cuidados más avanzados de los que podía ofrecer esa clínica. Yo participé activamente en esa decisión.

—¿Usted habló con Sara una vez hospitalizada en el Santa Lucía?

—Sí. Estuve con ella y, una vez consciente, le expliqué que podía haberse producido una de las complicaciones de las que previamente le había advertido que podían suceder en este tipo de intervenciones. Ella lo comprendió y le expliqué que lo más importante en ese momento era estar tranquila porque estaba en la UCI. Me dijo que lo entendía cogiéndola de la mano. Repito que es paciente, pero también es mi amiga.

La clínica que promueve el cirujano amaneció este viernes con una pintada por el caso de Sara.

—La clínica que promueve en Alcantarilla amaneció el viernes con una pintada que decía: 'Carnicero'. ¿Ha recibido amenazas?

—Sí, por las redes sociales y contra la clínica. Por parte de los familiares, amigos y demás han iniciado una campaña de desprestigio en internet, además de haber informado a todos los medios de comunicación. Se está haciendo un juicio mediático en mi contra, vulnerando mi presunción de inocencia, mis derechos, mi imagen y mi honor, organizando campañas por redes sociales, e incluso protestas, llegando a dañar las dependencias de mi clínica, que nada tiene que ver con la intervención. Todos estos hechos han sido denunciados y seguiré denunciando.

Toda intervención tiene riesgos y se pueden dar compliaciones, sobre todo cuando esas complicaciones estaban advertidas dentro de las posibles y aceptadas por la paciente. Por supuesto, nadie las desea. Lo que se está orquestando va en contra de todos mis derechos, por eso he aceptado hablar con usted.

Como médico en los servicios públicos de salud de la Región de Murcia, he presenciado varios ataques de familiares contra el personal sanitario, cuando a la familia se le dan malas noticias sobre una operación; y generar esta alarma social creo que es desproporcionado. Ahora lo importante es que Sara se salve, y lincharme a mí no va a ayudar a ello.

—Usted se queja de que sufre un linchamiento mediático y un juicio paralelo: ¿Qué mensaje le gustaría trasladar a los ciudadanos para defenderse?

—En toda intervención quirúrgica, por muy leve que sea, existe la posibilidad de sufrir riesgos, ya sea por la salud de los pacientes, antecedentes de operaciones, o circunstancias ajenas, ya que interviene todo un equipo, no únicamente un cirujano. Todos los riesgos son comunicados antes de la intervención, siendo aceptados por los pacientes, de lo contrario no se opera. Como médico, realizo mi trabajo de la mejor manera, evitando cualquier complicación para mis pacientes y siguiendo los protocolos, motivo por el que siempre solicito su historial clínico y análisis, pero la cirugía no es una ciencia exacta y pueden intervenir muchos factores.

Toda persona que me conoce sabe la clase de profesional que soy y el cuidado a los detalles que aplico, motivo por el cual Sara descartó otras clínicas y especialistas y acudió a la clínica donde colaboro, pudiendo haber sufrido estas complicaciones u otras peores con cualquier otro profesional o clínica. Juzgar sin saber, y por rumores, es muy grave. Se están diciendo muchas mentiras sobre mí. Dicen que he operado sin tener la habilitación, lo que no es cierto; a mí se me está juzgando y, lo que es peor, condenando, sin ser jueces. Seamos todos respetuosos con la situación.

—Todo cirujano se expone a perder a algún paciente sobre la mesa de operaciones, es uno de los riesgos que tiene la profesión médica. ¿Cómo se encuentra emocionalmente al tratarse de una paciente que es su amiga?

—Preocupado. He estado pendiente de su salud y evolución desde el primer momento: eso es lo más importante. He pasado noches en vela por ella, por su familia, y por sus hijos. El linchamiento mediático que se me está realizando por parte de la familia, amigos, e incluso personas que quizás ni Sara conocía, me está causando inestabilidad emocional y daño a mi honor e imagen. También está afectando a mi familia y amigos, a quienes igualmente se les está incriminando y acosando, causándoles problemas para desempeñar su vida normal. Todo esto es verdaderamente duro para mí.

Preparado por si hay juicio

Pablo Martínez, el abogado contratado por el cirujano que le practicó la lipoescultura a Sara. Cedida

Este cirujano cardiovascular, miembro de la Sociedad Internacional de Cirugía Estética con sede en Ginebra, se podría enfrentar a un delito de lesiones por imprudencia profesional o a un delito de homicidio por imprudencia, en función de la evolución de Sara.

Por este motivo, ya ha contratado al letrado Pablo Martínez, de cara a las acciones legales que emprenderá la Asociación del Defensor del Paciente, en nombre de la familia de la agente inmobiliaria que se sometió a la lipoescultura.

"Comprendo los apoyos a Sara, pero la libertad de expresión acaba donde empiezan los derechos del otro: espero que cesen los ataques al honor y a los bienes de mi cliente, para evitar tomar medidas judiciales porque como jurista no comparto esos comportamientos", reflexiona el prestigioso penalista, Pablo Martínez, tratando de templar la tempestad social que se cierne sobre su cliente.

"En este momento no tengo que defenderlo de nada pues ningún procedimiento hay abierto contra él, salvo el juicio mediático que se le está haciendo en redes sociales. Hace pocos días todos celebrábamos el día de la Constitución Española, pero olvidamos los derechos que ella recoge: me refiero a la presunción de inocencia y a las garantías que se recogen en las normas", insiste el abogado del bufete Mariano Bó & Pablo Martínez. "Todos se sorprendieron con el documental de 'El caso Wanninkhof' pero a la primera de cambio se ha juzgado a mi cliente".

—¿Cuál será la línea de defensa que usted seguirá?

Pablo Martínez: Si es llamado a sede judicial, en caso de que finalmente sea demandado, lo primero será determinar qué tipo de procedimiento se inicia: siempre que el juez considere que hay una base. Mi trabajo será acreditar todo lo que aquí se ha afirmado y otros extremos que puedan aclarar todos los detalles de lo ocurrido. Ver y analizar las pruebas. Se estudiará cualquier acción legal, caso de darse, y será combatida con pruebas y en los Tribunales, que es donde se deben hacer los juicios, no en la calle. Por ahora lo importante es que Sara se recupere, es lo que todos deseamos.

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