Los pacientes del Área Sanitaria de Santiago y Barbanza cuentan con una nueva técnica para el tratamiento de los tumores renales: la crioblación renal mediante frío.
Se trata de un procedimiento multidisciplinar que implica la coordinación de varios servicios: la Unidad de Radiología Vascular e Intervencionista, que es quien indica la técnica y la realiza; el servicio de Urología, que ingresa y controla al paciente en planta; y el de Anestesia, que da soporte durante el procedimiento.
El primer paciente fue tratado recientemente en el Clínico resultando la técnica un éxito. En la misma participaron, entre otros, los especialistas en radiología intervencionista, Jorge González, Adrián Martínez y Ana Afonso, la técnico de Radiogiagnóstico, Carmen Vilas, la DUE, Raquel Silva, y la residente, Marta Aumente y la especialista en anestesiología, Inmaculada Vidal.
El paciente presentaba alto riesgo quirúrgico para el que este procedimiento era el más indicado. Hasta ahora, las únicas opciones eran, o bien la cirugía, o bien la ablación con calor. Con este nuevo procedimiento de crioablación se respetan estructuras del riñón, por lo que el daño producido en el órgano sano será mínimo.
La crioblación renal es una técnica mínimamente invasiva que permite destruir tumores renales mediante frío externo.
Consiste en introducir, guiado por ecografía o TAC, una o varias agujas especiales (criosondas) en el interior del tumor. Estas agujas generan temperaturas muy bajas (hasta -40ºC o inferiores), formando una "bola de hielo" que destruye las células tumorales sin necesidad de cirugía abierta.
Habitualmente se realiza de forma percutáneo, con anestesia general o sedación profunda, y suele permitir una recuperación más rápida que la cirugía convencional.
La técnica está indicada, principalmente, en pacientes con tumores renales pequeños (habitualmente menores de 4 cm), lo que se conoce como tumor renal T1a; también en quienes presentan sospecha o diagnóstico de carcinoma de células renales, el tipo más frecuente de cáncer de riñón; pacientes con alto riesgo quirúrgico (edad avanzada o comorbilidad) y, por último, en pacientes monorrenos o con función renal comprometida, en los que es prioritario preservar el máximo tejido sano.
Entre el 20 y el 30% de los tumores renales diagnosticados son pequeños (menos de 4 centímetros) y potencialmente candidatos a tratamientos conservadores.
