Seis letras pueden cambiar tu vida. Tus preocupaciones hasta esa fecha, de repente, desaparecen. Eran lo más importante del mundo y pasan a ser totalmente secundarias porque, con esas seis letras, todo tu plan se ha caído y debes reordenar tu cabeza, tus prioridades y pasar a abordar una batalla: la de pelear contra esas seis letras.
Suenan tabú, pero sus protagonistas no quieren ocultarlas. Es el cáncer, una enfermedad que por desgracia cada año se lleva por delante vidas, familias e ilusiones, pero de la que muchos también consiguen salir a pesar de quedar con secuelas, con heridas de guerra tanto físicas como mentales que llevarán por el resto de sus vidas, porque sí, después del cáncer, hay vida.
Diego tiene 40 años. Tras orinar sangre, acudió al médico. Sus antecedentes médicos no daban pie a pensar en el diagnóstico final: cáncer de vejiga. Entró en un programa de ensayo clínico.
"Yo pensaba que era algo puntual y pasaría. Como no pasó, fui al médico. No era fumador, no entraba dentro de lo que ellos creían que podía ser cáncer. El primer diagnóstico fue una infección y me dio tratamiento para ello, pero en vez de mejorar, empeoró la cosa", reconoce con nervios a pregunta de Quincemil.
"Llevaba una vida normal de trabajo, casa, amigos, tomar unas cervezas sin preocupación y, de repente, me veo preocupado por las citas médicas, los resultados, acudir continuamente al hospital, etc"
"Llegué al punto de que me costaba expulsar los coágulos", recuerda. Por ello, decidió tomar una de las mejores decisiones de su vida: hacerse un cultivo de orina y una ecografía. Ahí se detectaron "bultos". El primer indicio de que el camino era diferente.
"Me derivaron directamente y de urgencia a urología y me operaron a los pocos días. Me diagnosticaron un cáncer de vejiga de alto riesgo", relata.
El día lo tiene marcado: junio de 2023. "Es un mundo encima", zanja.
Su estado, "tirando"
Como buen gallego, Diego va "tirando". Es consciente de que le queda una parte del tratamiento por delante, pero también de que ha pasado ya un tramo duro. Ha logrado salvar la vejiga, gracias a este ensayo clínico.
"Ahora estoy mejor. Al principio me encontraba mal porque fueron muy duros los seis primeros meses de tratamiento, pero ahora se lleva mucho mejor".
Su rutina ha variado. "Llevaba una vida normal de trabajo, casa, amigos, tomar unas cervezas sin preocupación y, de repente, me veo preocupado por las citas médicas, los resultados, acudir continuamente al hospital, etc".
"Al principio me encontraba mal porque fueron muy duros los seis primeros meses de tratamiento, pero ahora se lleva mucho mejor"
Diego se asusta cuando se le pide un consejo para alguien que acabe de recibir esta noticia, pero aun así saca fuerzas para darlo. "Cuando te den el diagnóstico, que no pierdan la esperanza, que confíen en los médicos y que sepan que no están solos, que los apoya mucha gente". Y, además, que hagan deporte. "Fue algo que me recomendaron tanto los psicólogos como lo vi en internet. Los beneficios del deporte en las personas con cáncer son increíbles", relata.
Además, no quiere olvidarse de un agradecimiento clave: los trabajadores del área de urología del CHUAC. Ellos han ejercido como su ángel de la guarda.
La ayuda de la Asociación Española contra el Cáncer, fundamental
Diego supo en ese momento que tenía que cambiar su vida, porque su objetivo era poder mantenerla. Y uno de sus sostenes fue precisamente la Asociación Española contra el Cáncer, que le ayudó en todo lo que requirió.
"Fueron importantísimos. Me ayudaron en el asunto psicológico, en saber llevar la enfermedad, el tratamiento. Es muy duro hacerlo solo y ellos estuvieron ahí. Son maravillosos y no sé cómo darles las gracias", confirma.
"Los beneficios del deporte en las personas con cáncer son increíbles"
La AECC estuvo también con otros servicios, que Diego finalmente no necesitó. Por todo ello, hace un claro llamamiento a acudir a la AECC. "Aparte de la gran labor que hacen, aquí hablan el mismo idioma que un paciente con cáncer", asevera.
Unos ángeles de la guarda vestidos de verde
La AECC tiene presencia en las cuatro provincias gallegas. Con más de 50.000 socios, de los que 22.000 se concentran en la provincia de A Coruña, es un ejemplo de la necesidad del tercer sector, o de la red social, para abordar este tipo de casuísticas.
"Nuestros servicios son gratuitos y van destinados a humanizar a todas las personas enfermas y a sus familias", resume su vicepresidente, Carlos Lamora, en conversación con Quincemil.
"Tenemos servicio de psicología, atención social, fisioterapia, logopedia, nutrición, etc. Todo aquello que la sanidad pública por desgracia no cubre", amplía.
"El cáncer es una enfermedad fastidiada pero con prevención y si la coges a tiempo puede cambiar totalmente su panorama"
"A medida que evolucionan los enfermos y la enfermedad, vamos implementando nuevos servicios, porque cambia el panorama", sostiene Lamora, en una jornada en la que se celebra el Día Mundial contra el Cáncer.
Una alegría que puede relatar Carlos es que "ahora hay supervivientes de cáncer que antes eran difíciles de erradicar". Esto implica que quedan secuelas físicas, que con el avance de los años se van agrandando y pueden tener incluso impacto en la vida laboral.
"Hay cosas que a los 40 puedes asumir y a los 60 no. También damos apoyo laboral en ese sentido, asesoramiento y concienciación de las empresas", manifiesta.
Lamora tiene poco más que pedirle a la sociedad. "Es sumamente generosa", resume con orgullo. Si que lanza un deseo: "Que asuman los cribados. El cáncer es una enfermedad fastidiada pero con prevención y si la coges a tiempo puede cambiar totalmente su panorama".
Y concluye con un ejemplo: "El cáncer de colon, que es uno de los que mayor incidencia tiene en Galicia, solo participan en cribados el 45% de la población diana que tiene planteada el Sergas".
