Pasada la cuesta de enero y superados los excesos de Navidad estábamos deseosos de nuevas experiencias cuando Manuel Costiña nos llamó. No pudimos, claro, resistirnos a coger carretera hacia Santa Comba —concretamente a Retiro Costiña Villas— para descubrir de primera mano qué tenía pensado el chef esta vez, sabiendo que siempre consigue sorprender.
En el interior de una villa amplia pero acogedora y perfectamente integrada con la naturaleza de alrededor, nos sentamos unos pocos afortunados a descubrir esta nueva propuesta. Cuando Manuel Costiña apareció, sonriente como siempre, y cargado con cuatro centollos de varios kilos sabíamos que la experiencia no había hecho más que empezar.
En una Galicia que cada vez seduce más por lo auténtico de su cocina, hay cocineros que elevan el concepto de escapada gastronómica a otro nivel. El equipo de Costiña lo sabe bien y muestra de ello es este viaje gastronómico exclusivo que combina tres placeres que rara vez se encuentran en un mismo paquete: un menú de centollo tratado como una obra de arte, una noche en sus villas bioclimáticas privadas y un desayuno gastronómico que atrae cada día a viajeros de medio mundo.
El centollo como nunca antes lo habías probado
Tras haber abierto boca con tres aperitivos seleccionados y creados para la ocasión, comienza la clave del asunto. En manos de Manuel Costiña, el centollo gallego deja de ser simplemente un marisco excepcional para convertirse en un ejercicio de precisión, respeto al producto y alta cocina. “No podemos obviar la artesanía y debemos ponerle cariño a cada paso”, afirma el chef, que selecciona únicamente machos con caparazón grueso y completamente maduros, procedentes de zonas de aguas bravas como Lira, Portocubelo o Carnota.
Ante nuestros ojos pasaba cada pieza para ser sometida a un ritual casi ceremonial previamente a llegar a nuestro plato. Desde la relajación del animal para evitar el estrés a la cocción del mismo boca arriba para que conserve intactos todos sus jugos. Y una vez listo, la parte más fascinante: la apertura. Costiña extrae manualmente la carne de patas, cuerpo y pinzas sin dejar rastro de cáscara, logrando una presentación impecable y una degustación limpia, elegante y directa perfecta no solo para paladares exquisitos sino también para manos refinadas.
El comensal se enfrenta así a una experiencia única: seis jugosidades y tres sabores distintos que se descubren siguiendo un orden preciso, desde las patas hasta la cabeza. Y en cada bocado una lectura diferente de las notas delicadas y profundas del mar gallego. Un manjar maridado con champagne Taittinger Brut, que potencia sin ocultar el sabor y nos permite brindar sin necesitar más excusa que estar viviendo esta experiencia.
Y tras un rato hablando sobre el centollo y comiéndonoslo a la vez, no quedaron sobre los platos más que trozos de cáscaras color coral y el buen sabor de boca. Por suerte, aún quedaba más: postre, café de especialidad de origen sostenible, amplia selección de destilados y petit fours.
Dormir en un retiro de lujo en plena naturaleza
Después de la cena, la experiencia no termina sino que se transforma. Las siete Villas de Costiña están integradas en el paisaje gallego como si de castros celtas se tratasen y en su interior espacios amplios, grandes ventanales, materiales nobles y obras de arte colgadas en la pared.
Echarse a dormir tras una cena tan exquisita y sabiendo que estás rodeado de ese paisaje verde y húmedo que solo existe en Galicia es sin duda una parte esencial de esta experiencia. Y aunque en el exterior el temporal de lluvia, viento y truenos dispersos azotaba con fuerza... dentro, absoluta serenidad.
Un desayuno por el que todos viajan a Galicia
A la mañana siguiente, habiendo descansado como pocas veces antes y con el recuerdo de la cena de ayer, la experiencia continúa con uno de los grandes reclamos de Costiña: su desayuno gastronómico de diez pases.
El olor de la cocina te guiará casi a ciegas hasta la villa principal para sentarte a vivir una secuencia de pequeños platos que recorren el territorio gallego: huevo campero escalfado en tomate natural, patata panadera y tocino ibérico, tostadas de pan de especias con mantequilla y mermelada artesana, selección de quesos gallegos, copa de lomo ibérico Joselito, frutas de temporada con yogur ecológico… entre otras muchas delicias caseras recién elaboradas. Todo ello acompañado por infusiones en flor, café recién hecho, zumo recién exprimido y más Champagne Taittinger, por favor.
Productos locales, elaboraciones de alta cocina y una narrativa que transforma el desayuno en una experiencia tan memorable como la cena. No es casualidad que turistas de todo el mundo viajen expresamente para probarlo: este ritual matinal se ha convertido en una de las propuestas gastronómicas más comentadas de Galicia.
Y tras haber vivido un sueño en el que se despieza un centollo a medianoche, se duerme en camas palaciegas y se desayuna brindando con champagne... toca volver a la realidad. Aunque seguir soñando es sencillo: reserva el paquete completo para disfrutar de miércoles a sábado en servicio de cena hasta el 15 de marzo. Más información y reservas a través de la web o llamando al +34 609 82 06 11.
