Coto Matamoros está en un punto de su vida en el que busca tranquilidad. "Soy un anciano", ríe. A sus 69 años no quiere llevar el ritmo de vida que llevaba antes. "Cinco gramos de cocaína diarios durante treinta años", confiesa. No sabe ni cómo sigue vivo. "Me falta una arteria que conecta directamente con el corazón. Sin eso es muy difícil que bombee", explica. Ni los médicos lo entienden. Pero ahí sigue.
Desde hace tres años vive en el municipio coruñés de Oleiros. No sale mucho de casa. Ya salió todo lo que tenía que salir. "Soy asocial", dice. Pero tampoco se esconde. Busques donde busques, está activo. Cada dos por tres lo llaman de canales de YouTube y tuitea en X prácticamente a diario. Por eso mismo le sorprendió que el pasado 26 de junio su hermano Kiko publicara en Instagram una imagen de su cara denunciando su desaparición.
"Si algún amigo común sabe cómo puedo localizarlo, me gustaría ayudarle en la humilde medida de mis posibilidades", solicitaba Kiko Matamoros a sus seguidores. Parecía preocupado. Sin embargo, en el móvil de Coto no había registro de una sola llamada de su hermano. Ni un mensaje. No le parecía raro. Así llevaba siendo desde hacía más de dos décadas. Todo desde que Coto dejó la tele —"porque me fui yo, no me echaron"— y la relación con su hermano se torció hasta el punto de odiarse.
"Yo no le odio", responde. ¿Indiferencia? "Sí. Absoluta. El odio lo siente él y eso le reconcome". Piensa que quizá por eso publicó aquel mensaje, aunque sigue sin entender muy bien el porqué del comunicado. "Me parece de desequilibrado hacer eso", explica. No le entra en la cabeza el motivo: "Quiere hacer caja y ya no sabe qué hacer".
Coto cree que se trata de "un momento de crisis". Ni siquiera lo relaciona con el nombre de su hermano en la lista de morosos de Hacienda un año más. "Si fuera por eso no intentaría llamar la atención como lo está haciendo". "He pasado circunstancias muy delicadas en mi vida. He sufrido dos infartos y nunca me ha llamado", recuerda.
Tampoco es que quiera hablar con él. "Yo estoy en paz conmigo mismo", asegura. ¿Se arrepiente de cosas? "Sí, como todo el mundo". Pero en este punto de su vida entiende las relaciones de otra forma. "Busco tener conversaciones con una persona inteligente, no con alguien subdotado", afirma, refiriéndose a su hermano.
Coto tampoco se cortó un pelo en redes sociales cuando vio el comunicado de Kiko. "Estoy muy preocupado por mi hermano Mortadelo. No sé nada de él y me llegan noticias preocupantes sobre su comportamiento degenerado. Es deficiente mental y necesita ayuda", redactaba en X junto a una foto de un pez globo con gafas.
La nueva vida de Coto en A Coruña
Pero antes incluso de que eso pasara, EL ESPAÑOL localizaba a Coto en A Coruña. Este medio respondía así al llamamiento en las redes de Kiko, quien respondió también a través de Instagram con "un muchísimas gracias a todas las personas de buena voluntad que me han ayudado a localizar y conocer las duras vicisitudes de la vida de mi hermano".
Lo cierto es que no costó mucho localizarlo. No es por quitarnos flores, pero no es ningún secreto que Coto viva en el municipio vecino de A Coruña. No sale mucho de casa. Eso es cierto. Pero no se oculta. Está alojado en unos apartamentos cerca de una zona que se llama parque de las Trece Rosas, donde, por cierto, suele fotografiarse para sus redes sociales.
Pero Coto no terminó en A Coruña por pura casualidad. El madrileño estudió Náutica en la ciudad herculina entre los 16 y los 17 años. Le encantó. Aunque su mentalidad aventurera le impidió quedarse. "Me recorrí el mundo entero tres veces", ríe. Vivió en República Dominicana, Brasil, Tailandia... y mucho más.
Pero fue en un viaje a Ibiza cuando decidió volver a A Coruña para recordar viejos tiempos y se encontró con lo nunca antes visto: "20 grados en pleno julio". Y ahí se quedó. En A Coruña lo recibieron con los brazos abiertos. "Me cae muy bien el alcalde de Oleiros, aunque todo el mundo lo odie", ríe. Y es que, para quien no lo conozca, Ángel García Seoane, más conocido como Gelo, es bastante polémico. Como lo fue Coto en su día. Muchos todavía lo recordarán por su paso por Crónicas Marcianas.
"Dejé de ser un descerebrado"
Si bien, ahora Coto está muy tranquilo. "Dejé de ser un descerebrado", indica. Ojo, que disfrutó lo que no está escrito. "Hay que vivir sin limitaciones, si no, no merece la pena". Pero reconoce que esa vida de "politoxicómano", tal y como él la cuenta, tiene sus consecuencias: "Viene con factura mental y física".
A pesar de todo eso, a sus 69 años Coto sigue disfrutando de la vida. Vive en Oleiros y pretende quedarse. "Esto me encanta. Está todo muy bien cuidado", relata. Y ahora, en verano, agradece poder seguir durmiendo con edredón. Está en paz y sigue con su vida.
Respecto a su hermano, no le importa demasiado. No le quita el sueño ni pretende reconciliarse después de más de dos décadas sin hablarse. Ya ni siquiera recuerda el motivo por el que explotó todo. "Fue una suma de circunstancias. Vio oportunidades de crecer en TV y las aprovechó. Fue un asesinato social", confiesa.
