Entrar en un hotel cinco estrellas para beber vino en una taza de porcelana, caminar entre alpacas de paja, pagar con pesetas y descubrir tapas que llegan por sorpresa. Esa es la propuesta de Furancho Sessions, el nuevo afterwork del NH Collection Finisterre de A Coruña, una iniciativa que toma la esencia de los tradicionales furanchos gallegos para reinterpretarla en un formato completamente diferente.
Detrás de la idea está Tito Fernández, chef ejecutivo del hotel, que buscaba romper con la imagen clásica de un establecimiento de lujo y acercarlo también al público coruñés. "Queríamos que la gente supiese que puede venir a un hotel cinco estrellas y vivir una experiencia completamente diferente", explica.
El resultado es un evento que cada jueves convierte uno de los espacios del hotel en un auténtico punto de encuentro para quienes buscan un plan diferente al terminar la jornada laboral.
Euros por pesetas
La experiencia comienza incluso antes de pedir la primera consumición. Nada más llegar, los asistentes cambian sus euros por una "moneda propia" creada para la ocasión: sus propias pesetas. Con ellas pagan tanto el vino como las bebidas y las tapas, recuperando de forma simbólica una moneda que muchos aún recuerdan con nostalgia.
"Todo funciona con nuestras pesetas. Algunas tienen el valor de cuatro euros y otras de diez. Ya desde el principio queríamos que la gente entendiera que esto era un juego", explica Fernández.
Pero la diversión no termina ahí. Cada bebida incluye una tapa y estas no pueden elegirse libremente. La propuesta gastronómica sigue un recorrido progresivo. "Pides una consumición y recibes la tapa número uno. Si vuelves a pedir otra, te damos la siguiente. Si alguien quiere saltarse el orden porque le apetece una concreta, le ponemos una especie de multa de 25 pesetas. Todo forma parte del juego", cuenta entre risas.
Las tapas cambian cada semana, aunque siempre arrancan con una ensaladilla que va evolucionando según la inspiración del equipo de cocina. "Un día puede ser de langostinos, otro de mejillones o de pulpo. Nos gusta que quien repita encuentre cosas distintas", añade.
Música, sorteos y mucho ambiente
Otro de los pilares de Furancho Sessions es el ambiente. La música acompaña durante toda la tarde con sesiones de DJ y actuaciones en directo que convierten el afterwork en una experiencia mucho más dinámica.
A lo largo de la noche también se celebran varios sorteos entre los asistentes. "Regalamos desde una jarrita de vino con unas tapas hasta un kit de supervivencia con vino, embutidos y otros productos gallegos para llevar a casa", explica Fernández.
Además, durante la semana los clientes pueden participar a través de una aplicación para optar a una "tapa clandestina", una elaboración secreta que únicamente probarán dos personas cada jueves. "Queremos que siempre haya algo inesperado", añade.
Una experiencia sin reservas
Uno de los aspectos que más llama la atención es que prácticamente no existen las reservas. La filosofía es llegar, pedir una copa, moverse, hablar con otras personas y dejar que la tarde vaya evolucionando. "La gente no viene con un recorrido marcado. Vienes a disfrutar y a dejarte sorprender", comenta.
Solo existe una excepción. El hotel ha habilitado una pequeña zona VIP, pensada para grupos de cuatro personas. Por 140 euros incluye una botella Mágnum de vino, todas las tapas de la noche, postre y atención personalizada. "Al principio queríamos que todo fuese completamente libre, pero vimos que había grupos de amigos que venían muy pronto para asegurarse un sitio y decidimos crear este formato", añade.
Lleno cada jueves
La respuesta del público ha superado las expectativas del hotel. Aunque la primera sesión estuvo marcada por la coincidencia con el partido disputado en el estadio de Riazor, las siguientes ediciones han rozado el lleno. "Por muy poco dinero la gente vive una experiencia que no tiene en ningún otro lugar. Comes bien, escuchas música, pruebas tapas diferentes y el ambiente hace que te apetezca quedarte toda la tarde", destaca Fernández.
De hecho, muchos asistentes llegan sobre las siete y media de la tarde y no abandonan el hotel hasta el cierre. "La idea era que la gente viniese un rato después del trabajo y se marchase. Pero al final están tan a gusto que se quedan hasta el final", afirma.
Aunque Furancho Sessions nació como una propuesta para el verano, el éxito de las primeras ediciones ha llevado al hotel a plantear su continuidad. Durante agosto hará una pausa para dar paso a otras actividades estivales, pero regresará después del verano. "Queremos seguir haciendo cosas diferentes. Lo importante es que quien venga sienta que está viviendo algo que no esperaba encontrar dentro de un hotel", concluye.
