Pedro Mantiñán, coruñés de nacimiento pero residente en Monforte de Lemos desde hace décadas, recuerda muy poco de aquella noche del 5 de abril. Había ido a la verbena de las fiestas de Pascua de Caneda, en el mencionado concello lugués, junto a su pareja. Bailaba, se divertía y disfrutaba del ambiente. Después, nada.
"No puedo determinar el momento exacto en el que perdí el conocimiento", explica hoy desde el piso de su hijo en A Coruña, donde continúa recuperándose.
Lo que ocurrió lo reconstruyó gracias a lo que le contaron familiares, médicos y testigos. Pedro sufrió un infarto fulminante en plena verbena, cayó al suelo inconsciente y se golpeó la cabeza, perdiendo una gran cantidad de sangre. Un guardia civil comenzó a practicarle maniobras de reanimación durante cerca de veinte minutos seguidos hasta la llegada de la ambulancia. Cuando el personal sanitario llegó al lugar, Pedro ya no tenía pulso.
La desfibrilación consiguió que su corazón volviese a latir diez minutos después, por lo que, en total, estuvo alrededor de media hora en parada cardíaca.
Hoy, con 70 años, sigue sin asimilar del todo lo sucedido. Confiesa sentirse todavía "desconcertado" y reconoce que le cuesta creer cómo logró superar una situación así. "Fue todo tan repentino... Me parece increíble que esté como estoy después de lo que pasó".
"Los médicos estaban prácticamente seguros de que sería un vegetal"
Pedro Mantiñán, sobreviviente de un infarto severo.
Tras ser estabilizado, Pedro fue trasladado al Hospital Universitario Lucus Augusti, en Lugo, donde permaneció durante semanas en la UCI en estado crítico. "Tuvieron que operarme de urgencia, pero las perspectivas de que sobreviviera eran casi nulas", recuerda.
La principal preocupación era el daño cerebral. "Los médicos estaban prácticamente seguros de que, si mi cuerpo se estabilizaba, sería un vegetal o tendría secuelas cerebrales graves", explica Pedro, consciente de que "mucho menos" de esos 30 minutos sin riego sanguíneo al cerebro suele provocar consecuencias irreversibles.
Sin embargo, ocurrió lo inesperado. Pedro despertó consciente, reconocía a su familia y no presentaba problemas neurológicas. "Mi caso ha sido milagroso porque aquí estoy, hablando, andando y rehaciendo mi vida".
Pedro ayudando en una reforma durante su recuperación
Confiesa que la sensación al abrir los ojos fue extraña y angustiosa al mismo tiempo. "Sentí como si saliera del mar, medio ahogado, y que necesitaba respirar profundamente".
En ese momento, explica, tener a sus seres queridos al lado fue fundamental para tranquilizarse y empezar a entender qué había ocurrido. Después fue trasladado al CHUAC, en A Coruña, donde continuó su recuperación hasta recibir el alta hospitalaria.
Ahora, uno de sus principales objetivos es localizar al guardia civil que le practicó la reanimación durante aquellos minutos decisivos. No conoce todavía su identidad, pero quiere agradecérselo personalmente. "Estoy juntando referencias suyas porque quiero hacerle un regalo y darle un enorme abrazo".
Una recuperación lenta, pero llena de ganas de vivir
Aunque la recuperación está siendo positiva, Pedro todavía arrastra importantes secuelas físicas. Camina despacio, se fatiga con rapidez y necesita silla de ruedas para desplazamientos largos.
"Físicamente estoy muy débil", reconoce. La insuficiencia cardíaca y los problemas de tensión le dificultan la mayoría de tareas cotidianas. A eso se suma una infección urinaria que le obliga a llevar una sonda de forma permanente.
Pese a todo, se niega a encerrarse en casa. Hace apenas unos días acudió al apartamento de unos amigos de su hijo en Ferrol y colaboró como pudo en la reforma de un armario. También asistió al área de fans del Dépor tras la victoria frente al FC Andorra el pasado 17 de mayo, donde incluso volvió a bailar.
Pedro sonríe al recordarlo y explica que fue el propio ambiente lo que le empujó a levantarse y moverse. "Había tanta energía positiva que era imposible no contagiarse".
"Lo realmente importante es el amor"
Pedro Mantiñán, sobreviviente de un infarto severo.
La experiencia cambió su forma de entender el mundo. Considera que la sociedad dedica demasiado tiempo a perseguir dinero y conflictos innecesarios. "Al final esas cosas se quedan aquí", reflexiona, y añade que "la lucha que tenemos entre nosotros mismos por lo material es un sinsentido".
Pedro es un hombre renacido, más humilde y consciente de la fragilidad de la vida. "Creí que era invencible, pero lo cierto es que cualquier día puede ser el último y lo realmente importante es el amor y la compañía de tus seres queridos".
Sus nuevos planes son simples en comparación con los que tenía antes, aunque, para él, son más que suficiente: "Cuidar del huerto, montar una barbacoa y disfrutar de las fiestas del pueblo".
