Según Aristóteles, nacemos con la característica social y la vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida, necesitamos de los otros para sobrevivir. Es una de sus reflexiones que no deja de rondarme la cabeza porque creo que estamos perdiendo esta característica tan diferencial del ser humano.Últimamente me está pasando que, manteniendo conversaciones con diferentes personas de mi entorno, reconocen que de manera habitual hablan con Chat GPT. No es que consulten algo, es que hablan. Chatean. Mantienen conversaciones.
Además, incluso hay gente que ya reconoce que dedica más tiempo a hablar con la inteligencia artificial, que a mantener sus propias relaciones sociales. Según Brad Lightcap, director de operaciones de OpenAI, ChatGPT cuenta con 400 millones de usuarios semanales.
Usamos esta herramienta desde para pedir consejos hasta saber la documentación que necesitamos para un trámite administrativo. Desde preguntarle por la opción más saludable de cena que podemos hacernos con lo que tenemos en la nevera, hasta que nos recuerde la receta de las lentejas. Incluso, debatimos con ella cuando no nos devuelve la respuesta que esperábamos.
Además, ahora tampoco hacemos brainstorming con el equipo de trabajo o consultamos al de lado la duda que nos surge. Hemos cambiado los espacios de intercambio y de generar ideas en conjunto a hablar con la IA y, en el mejor de los casos, poner en común el punto al que hemos llegado cada uno.
Decía Aristóteles a lo largo de su obra, que la sociabilización es la naturaleza del hombre. Pero nos encontramos ante situaciones en las que cuestiones que antes eran llamadas a la familia o amigos, conversaciones que antes se mantenían con la gente de nuestro alrededor, ahora se difuminan en prompts, haciendo más artificial que nunca nuestra condición de seres humanos.
No lo digo yo, si no que ya hay una investigación de OpenAI y el MIT Media Lab en la que se concluye que, aunque ChatGPT se diseñó como herramienta de productividad, algunas personas lo utilizan como sustituto de interacciones humanas debido a su estilo conversacional y amplias capacidades.
Y ya estamos empezando a ver cómo pueden verse afectadas nuestras relaciones interpersonales, hasta derivar en trastornos psicológicos. Según otra investigación de OpenAI en colaboración con el Instituto Tecnológico de Massachusetts las personas que pasan más tiempo al día escribiendo o hablando con ChatGPT tienden a presentar mayores niveles de dependencia emocional.
En este sentido, hace unos días el cofundador de OpenAI Sam Altman anunciaba que ya han podido mitigar con nuevas herramientas las restricciones necesarias para ser más cuidadosos con la salud mental. “Sabemos que esto lo hacía menos útil y agradable para los usuarios sin problemas de salud mental” reconocía en una publicación de X, en la que también adelantaba que en unas semanas se lanzará una nueva versión de Chat GPT que “permite a los usuarios tener una personalidad más parecida a la que les gustaba”.Estamos dejando en manos de un ente artificial nuestra capacidad de relación. En muchos casos, quizá, porque nos da una respuesta inmediata, que es lo que necesitamos. Sea adecuada o no, nos la da sin esfuerzo y sin exposición. El miedo, la pereza y la inseguridad se disipan a la hora de poder escondernos tras una pantalla.
La doctora en Inteligencia Artificial Lara Neira, durante su intervención en un evento, decía que en dónde la máquina no supera al humano es en conciencia, intuición y emociones. Así que llegados a este punto nos toca reflexionar qué tipo de uso le damos cada uno de nosotros a estas nuevas herramientas y por qué lo hacemos, sin olvidarnos de poner por delante nuestra condición humana para entender si realmente las utilizamos como sustituto de comunicación con nuestro entorno.