Su nombre es Uma Rebiere y con 15 años ya se atreve a surfear las imponentes olas de Nazaré, en Portugal, considerada una de las mecas mundiales del big wave surfing. "En ningún momento pensé que lo haría", confiesa a Quincemil.
Al otro lado del teléfono, esta joven de A Coruña, hija del surfista profesional francés Eric Rebiere, habla de su experiencia el pasado invierno en aguas portuguesas. Un lugar en el que no hay tiempo para improvisar. Las olas que rompen frente al Faro de Nazaré pueden superar los veinte metros y han sido escenario de algunos de los récords más extremos de la historia del surf.
"Fue algo improvisado. Estaba con mi familia en Nazaré y mi padre estaba en el agua con el surfista Sebastian Steudtner. Me quedé flipando y con ganas de hacerlo yo", cuenta.
Más tarde, cuando su padre salió del agua, ella ya tenía claro que le iba a pedir intentarlo: "Le dije: 'Papá, quiero probar'. Y la verdad, como es el mejor en lo que hace, me da muchísima seguridad. Si no supiese que es él quien me va a coger con la moto de agua si pasa algo, no creo que fuese capaz de hacerlo".
"Quiero demostrarme a mí misma que soy capaz y lo suficientemente fuerte como para hacerlo"
Uma Rebiere, surfista gallega de 15 años.
Por ahora, Uma ha empezado por olas de poco más de 7 metros, aunque a todo se andará en un futuro. "Estaba muy nerviosa, pero una vez dentro de la ola no sé por qué me quedé súper relajada. Fue algo muy especial", reconoce.
Ahora su objetivo es seguir entrenando para llegar algún día a surfear olas más grandes. "Es adictivo, no solo con las olas grandes sino que también con las pequeñas. Siempre que tienes una buena, quieres más y más. Creo que eso es lo que hace que todos los surfistas quieran seguir", dice la coruñesa.
Uma Rebiere surfeando en Nazaré
Entrenamiento diario
Como buena hija de su padre, Uma aprendió a surfear desde pequeña, pero no fue hasta hace tres años cuando empezó a practicar todos los días en la playa de Bastiagueiro, en Oleiros, y en la de Sabón, en Arteixo. También lo hace en los arenales de la Costa da Morte, donde su padre tiene una escuela de surf en Fisterra.
Unos entrenamientos —surf, natación, preparación física, seguridad acuática y rescate en el mar— que compagina con sus estudios. "La verdad es que cuesta un poco, los días que tengo un examen muy importante me quedo estudiando. Lo que suelo hacer es llegar a casa e ir directo a surfear. Si no hay olas me voy a entrenar al gimnasio y después quedo hasta tarde estudiando. En clase intento aprovechar al máximo para tener más tiempo por la tarde para entrenar".
"Siempre que tienes una buena ola, quieres más y más. Creo que eso es lo que hace que todos los surfistas quieran seguir"
Uma Rebiere, surfista gallega de 15 años.
Para su padre, Eric, verla en el mar de Nazaré es algo que nunca va a olvidar: "Ver el faro, las olas y a mi hija allí dentro me provocó una euforia y una alegría que nunca había sentido". Aunque, reconoce la preocupación y responsabilidad que supone surfear en un lugar tan peligroso.
Durante las vacaciones de verano, Uma aprovechará para centrarse en su preparación de cara a la próxima temporada, pues de momento no compite. "Quiero demostrarme a mí misma que soy capaz y lo suficientemente fuerte como para hacerlo", concluye.
Aunque empezó por olas de algo más de siete metros, una altura que ya equivale aproximadamente a un edificio de dos plantas, Uma tiene claro que quiere seguir progresando. Todo dentro de una disciplina, la de olas grandes, en la que las deportistas continúan enfrentándose a una menor visibilidad, menos oportunidades y menos patrocinio que sus homólogos masculinos.
