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En junio de 1941, Iósif Stalin ordenó al antropólogo Mijaíl Gerásimov abrir el mausoleo de Gur-e-Amir en Samarcanda para reconstruir el rostro de Tamerlán, el último gran conquistador nómada de Asia Central y heredero de Genghis Kan. Tras abrir la tumba, los arqueólogos descubrieron una inscripción grabada en la lápida de jade: "Cuando me levante de entre los muertos, el mundo temblará". Los vecinos también les hablaron de la maldición que la protegía: "Cualquiera que perturbe mi tumba desatará un invasor más terrible que yo". Dos días después, Hitler invadió la Unión Soviética con tres millones de hombres. En noviembre de 1942, con los nazis a las puertas de Stalingrado y el país en llamas, la desesperación hizo que la leyenda llegara a oídos de Stalin y ordenara devolver inmediatamente los restos a Samarcanda. Pocos días después del reentierro, el ejército soviético lanzó la Operación Urano para cercar a los alemanes en el punto de inflexión definitivo de la Segunda Guerra Mundial. La suerte de Hitler se acabó justo cuando Tamerlán volvió a descansar en paz. En el siglo XV, mucho antes de que los soviéticos desafiaran esta maldición, otro hombre tuvo la inmensa audacia de mirar directamente a los ojos a este conquistador cuando era el monarca más temido de la faz de la tierra. Se trataba de un valiente noble gallego de las Rías Baixas que cruzó el mundo conocido para forjar una alianza imposible. Esta es la historia de Paio Gómez de Sotomaior y su legendaria expedición a la corte de Tamerlán.

Recreación de la apertura del mausoleo de Tamerlán. Iván Fernández Amil

En el siglo XV, el continente europeo vivía aterrorizado bajo la amenaza constante de la aniquilación absoluta a manos de una fuerza imparable llegada de Oriente. El Imperio Otomano, liderado con puño de hierro por el sultán Bayaceto I, avanzaba imparable por los Balcanes aplastando a los ejércitos cristianos.

Con los turcos cercando estrechamente la milenaria ciudad de Constantinopla, estrangulando sus rutas de suministro y amenazando con barrer la Cristiandad de la faz de la tierra, el pánico se apoderó de los monarcas occidentales, que veían cómo sus reinos fragmentados eran incapaces de organizar una resistencia militar efectiva y unificada contra Bayaceto.

Bayaceto I. https://es.wikipedia.org/

Ante este panorama apocalíptico, las cortes de Occidente buscaban desesperadamente algo a lo que aferrarse, recordando las viejas leyendas medievales que hablaban del Preste Juan, un mítico y poderoso rey cristiano de Oriente que supuestamente acudiría algún día con sus ejércitos inmortales para salvar a Europa de los infieles.

En medio de este terror colectivo, el rey Enrique III de Castilla, poseedor de una de las mentes geoestratégicas más agudas y brillantes de su tiempo, decidió que su reino no podía quedarse de brazos cruzados esperando a que los ejércitos turcos llegaran a las puertas de la Península Ibérica.

Enrique III de Castilla. https://es.wikipedia.org

El monarca castellano, que mantenía una extensa red de informadores y espías comerciales en el Mediterráneo oriental, había recibido algunas noticias sobre la existencia de un nuevo señor de la guerra que estaba arrasando Asia Central, un caudillo invencible que reclamaba ser el legítimo heredero de Gengis Kan y que había levantado un imperio colosal y sangriento desde las estepas de Samarcanda hasta las fronteras de la India y Persia.

Aquel líder era Timur Lang, conocido en Occidente como Tamerlán o el Gran Tamorlán. A pesar de su brutalidad despiadada en el campo de batalla, era un refinado mecenas de las artes, la poesía, las matemáticas y la arquitectura que estaba transformando su capital en la joya más deslumbrante de la Ruta de la Seda, atrayendo a los mejores artesanos del mundo para construir mezquitas y palacios de proporciones titánicas.

Tamerlán. https://es.wikipedia.org

Enrique III comprendió que la única forma viable de detener el imparable avance de los turcos otomanos hacia Europa era lograr que este conquistador mongol los atacara por la retaguardia de sus dominios, pero para ello necesitaba que aceptase una desesperada alianza.

Para llevar a cabo una misión diplomática de semejante envergadura, complejidad y peligrosidad, el rey de Castilla eligió a un noble gallego, Paio Gómez de Sotomaior, a quien acompañaría el experimentado militar madrileño Hernán Sánchez de Palazuelos, y un selecto séquito de escoltas armados, intérpretes y criados de confianza.

Tamerlán. https://es.wikipedia.org

Así fue como el embajador Paio Gómez de Sotomaior partió de Castilla en el año 1401, con una carta oficial que proponía una ofensiva conjunta, iniciando un incierto viaje repleto de peligros mortales hacia lo desconocido a través del Mediterráneo.

Tras superar los dominios bizantinos y cruzar hacia Asia Menor, la embajada castellana se adentró valientemente en la inhóspita península de Anatolia, siguiendo el gigantesco rastro de polvo, destrucción y muerte que dejaba tras de sí el colosal ejército de Tamerlán.

Imperio timúrida en el año 1400. https://es.wikipedia.org

Sin embargo, las comunicaciones en la Edad Media eran desesperadamente lentas y la geopolítica internacional se movía a una velocidad que los barcos de vela y las caravanas de mulas no podían igualar, provocando que la realidad sobrepasara a la diplomacia.

Por eso, mientras los agotados embajadores castellanos seguían el rastro del ejército timúrida, el conquistador ya había tomado la decisión unilateral de aplastar a los otomanos sin necesidad de esperar ninguna alianza cristiana, motivado por los constantes insultos de Bayaceto, que había osado exigir tributos a los vasallos del mongol y dado refugio a sus enemigos.

La embajada logró alcanzar la vanguardia del gigantesco campamento de Tamerlán, justo a tiempo para ser testigos directos de uno de los enfrentamientos militares más trascendentales y sangrientos de toda la historia de la Edad Media, la apocalíptica Batalla de Angora, librada en julio del año 1402.

Tamerlán pasando revista a sus tropas en la Batalla de Angora. https://es.wikipedia.org

En aquella inmensa llanura, Paio Gómez de Sotomaior contempló atónito cómo chocaban dos de las maquinarias bélicas más perfectas, letales y disciplinadas jamás concebidas por el ser humano. Allí se enfrentaron las fanáticas tropas de élite otomanas y los jenízaros de Bayaceto, contra la aterradora e inagotable marea de la caballería ligera de Tamerlán.

La batalla culminó con la total aniquilación del ejército otomano y la captura en vida del hasta entonces invencible sultán Bayaceto, que fue humillado, encadenado y encerrado en una jaula de hierro en la que Tamerlán lo exhibía como un trofeo de caza.

Bayezeto I en su jaula. https://es.wikipedia.org

Con los turcos masacrados y la Europa cristiana salvada, Tamerlán recibió finalmente en audiencia a los agotados embajadores de Enrique.

Paio Gómez de Sotomaior supo ganarse el respeto inmediato del desconfiado y temible conquistador asiático, presentándole sus respetos y entregándole los ricos presentes, que incluían halcones de caza y paños finos, que el rey de Castilla había enviado desde el otro extremo del mundo.

Halagado por el hecho inaudito de que un monarca cristiano del lejano y casi mítico Occidente europeo hubiera enviado a sus mejores hombres cruzando mares, imperios y desiertos solo para buscar activamente su amistad y reconocer su poder supremo, Tamerlán decidió tratar a los emisarios españoles a cuerpo de rey.

Recreación del encuentro entre los castellanos y Tamerlán. Iván Fernández Amil

Durante semanas, los castellanos asistieron a banquetes interminables, presenciaron exhibiciones ecuestres de una destreza sobrehumana y fueron testigo de demostraciones de un poderío militar y económico que empequeñecía y dejaba en ridículo a todos los reinos europeos occidentales juntos.

Para demostrar su inmensa y calculada generosidad y su firme deseo de mantener una alianza estratégica y duradera con la lejana pero respetada corona castellana de Enrique III, Tamerlán entregó a Paio Gómez de Sotomaior, y a su compañero Hernán Sánchez, enormes arcones de madera rebosantes de joyas preciosas de tamaño inaudito, ricas sedas orientales, especias exóticas y piezas de orfebrería persa de incalculable valor.

Recreación del campamento de Tamerlán. Iván Fernández Amil

Pero el obsequio más valioso fue un grupo de mujeres de alta alcurnia y trágico destino que Tamerlán había rescatado como su botín de guerra personal tras saquear el harén del sultán turco Bayaceto.

Entre estas cautivas destacaban dos jóvenes princesas cristianas de legendaria belleza y purísima sangre: Angelina de Grecia, descendiente de los emperadores bizantinos, y una noble de nombre María, emparentada con las grandes casas de los Balcanes. Ambas fueron entregadas a la protección de Paio Gómez de Sotomaior con el mandato expreso de que las llevara sanas y salvas a la corte de Castilla.

Para el viaje de retorno a la península, la embajada contó con la compañía de un emisario diplomático personal del mismísimo Tamerlán, el noble y erudito Mohamad Alí, cuya exótica presencia en las cortes de Europa causaría gran asombro, certificando la alianza entre Castilla y el imperio más grande del mundo.

Museo de Tamerlán en Taskhent, Uzbekistan. https://es.wikipedia.org

Paio Gómez de Sotomaior fue recibido como un héroe nacional rodeado de un aura de leyenda que le convirtió en una de las figuras más respetadas, admiradas e influyentes de la nobleza castellana y gallega. Muy pocos hombres vivos en Europa podían presumir de haber mirado directamente a los ojos al terrible amo de Asia y haber regresado con la cabeza intacta.

El éxito de esta primera expedición gallega fue el detonante para que el rey Enrique III, entusiasmado con los resultados estratégicos y los fabulosos tesoros obtenidos, decidiera enviar una segunda embajada a la corte de Samarcanda al año siguiente, liderada por el madrileño Ruy González de Clavijo, quien dejaría testimonio escrito en sus detalladas crónicas.

Ruy González de Clavijo. Ruy González de Clavijo

Las princesas cristianas rescatadas causaron sensación en la sofisticada corte castellana y acabaron perfectamente integradas en la alta sociedad peninsular gracias a una serie de matrimonios estratégicos apadrinados por el propio rey, que las unieron con miembros de la más alta aristocracia.

Tras su épica embajada en Oriente, Paio Gómez de Sotomaior regresó a Galicia envuelto en un aura de prestigio y con una inmensa fortuna que le permitió consolidar el poder de su linaje. Vivió el resto de sus días como un señor feudal poderoso y respetado, ostentando títulos como el de Señor de Rianxo y cabeza de la antigua Casa de Lantañón. Su fama y las riquezas traídas de Asia convirtieron a la Casa de Sotomaior en la familia más formidable, temida y respetada de toda Galicia durante varias generaciones.

Falleció en el año 1454 en sus dominios del actual municipio pontevedrés de Meis. Fue enterrado con honores en el convento de San Domingos, en la ciudad de Pontevedra, entre cuyas ruinas todavía puede admirarse su sepulcro de piedra con una escultura en la que aparece ataviado con una pesada armadura y sosteniendo su espada entre las manos.

Estatua del sepulcro de Paio en las ruinas de San Domingos. https://www.facebook.com/MuseoPontevedra

Mientras las proezas de viajeros como Marco Polo o Cristóbal Colón llenan páginas y páginas en las enciclopedias mundiales y en los libros de texto de nuestros hijos, nadie recuerda la heroica figura de este gallego.

Este ilustre embajador, cuyas vivencias reales y documentadas superan con creces la trama de cualquier novela de aventuras o la imaginación de la mayor superproducción cinematográfica de Hollywood, espera pacientemente el día en que se le reconozca definitivamente como uno de los mayores viajeros, militares y diplomáticos que jamás haya dado la Península Ibérica.

Interior de las ruinas de San Domingos. https://es.wikipedia.org

¿Y qué fue de Tamerlán? Pasó el final de su vida gobernando con puño de hierro el inmenso Imperio Timúrida desde su capital Samarcanda, en el actual Uzbekistán. El final del mayor conquistador de su época llegó a causa de una enfermedad el 17 de febrero de 1405, a los 68 años de edad, en la actual Kazajistán.

Lideraba a un ejército colosal para emprender la que iba a ser su campaña más audaz, la invasión de la China de la dinastía Ming. Su cuerpo fue trasladado de vuelta a Samarcanda y enterrado en el majestuoso mausoleo de Gur-e-Amir, donde fue sepultado bajo la enorme e imponente lápida de jade oscuro que los soviéticos levantaron en 1941.

Mausoleo de Gur-e-Amir. https://es.wikipedia.org

Curiosamente, cuando Stalin decidió devolver a Tamerlán a su tumba en 1942, ordenó subir los restos a un avión para que volaran sobre el frente de batalla e "inspirar" a las tropas soviéticas que luchaban contra los nazis. Hoy, su mausoleo sigue siendo uno de los lugares más sagrados y respetados de Asia central y nadie ha vuelto a proponer abrir esa tapa.

Tumba de Tamerlán. https://es.wikipedia.org

Los historiadores te dirán que Hitler ya tenía planeada la invasión meses antes y que la fecha fue pura casualidad. También te dirán que la Operación Urano también estaba planeada con antelación. Y tienen razón. Esa es la explicación racional, pero las casualidades de 48 horas en eventos que cambian el mundo suelen ser sospechosas…

Recreación de Tamerlán. Iván Fernández Amil

Iván Fernández Amil escribe cada semana Historias de la Historia en Quincemil. Consigue sus libros en https://www.ivanfernandezamil.com/libros

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Referencias:

es.wikipedia.org

elespanol.com/quincemil

turismo.gal

lavozdegalicia.es

galiciamaxica.eu

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medievalistas.es

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