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Cuando Ulises, el rey de Ítaca, emprendió su viaje de regreso a su hogar tras la caída de Troya, tuvo que enfrentarse a cíclopes devoradores de hombres, a sirenas que enloquecían a los marineros y a la ira de los dioses durante diez años, antes de poder abrazar a su esposa Penélope. La literatura clásica lleva siglos recordándonos que el regreso es siempre tortuoso y está lleno de pruebas, pero la cruda realidad del siglo XX superó con creces a la mitología. Mientras España intentaba salir de la posguerra y el mundo se dividía en dos bloques irreconciliables durante la Guerra Fría, un grupo de madres, esposas e hijos seguían esperando contra toda esperanza, aferrados a una fe irracional que les decía que sus seres queridos no habían muerto en combate, sino que aguardaban en algún remoto lugar más allá del Telón de Acero. Sus sueños se convirtieron en realidad una fría mañana de abril de 1954. Ese día, tras una década de silencio y angustia, un viejo carguero con nombre de reina babilónica legendaria, rompió la niebla del puerto de Barcelona. En su interior portaba a centenares de fantasmas que volvían a la vida tras haber sobrevivido al averno en la tierra. Esta es la historia del Semíramis y de los gallegos que regresaron del infierno helado de Stalin.

Mapa del legendario viaje de Ulises desde Troya (1) hasta Ítaca (14). https://es.wikipedia.org

El Gulag soviético fue una trampa mortal gigantesca que atrapó a personas de distinta condición, origen y pensamiento por razones totalmente opuestas, uniéndolos en un destino común de miseria.

La historia más conocida nos habla de los voluntarios de la División Azul, que eran jóvenes que salieron de España en 1941 entre vítores y música militar. Algunos lo hicieron movidos por una ferviente ideología falangista, pero muchos otros, como el vigués Constante Vicente o tantos otros reclutas forzosos, se subieron a aquellos trenes simplemente "para salir de la aldea, huir del hambre de la posguerra y ganar algo de dinero" para enviar a sus familias.

Llegada de integrantes de la División Azul a San Sebastián en 1942. https://es.wikipedia.org

Estos hombres acabaron siendo carne de cañón en el frente del Este, capturados en batallas tan feroces y sangrientas como la de Krasny Bor, donde la nieve se tiñó de rojo y miles de ellos pasaron directamente de la línea de fuego a las columnas de prisioneros que marchaban hacia el este.

Pero la historia ha olvidado a menudo al otro gran grupo que viajaban en las bodegas de aquel barco y cuya odisea comenzó mucho antes: las tripulaciones de los buques mercantes republicanos que quedaron atrapados en la URSS al finalizar la Guerra Civil Española.

Tropas de la División Azul combatiendo en el frente ruso. https://es.wikipedia.org

Hablamos de barcos como el Cabo San Agustín, el Cabo Santo Tomé o el Inocencio Figaredo, buques que habían sido enviados por el gobierno de la República para traer material bélico o víveres y que, tras la caída de Madrid en 1939, fueron incautados por las autoridades soviéticas en los puertos del Mar Negro con marineros de A Pobra do Caramiñal, de Mugardos, de Bueu o de A Coruña.

Por una cruel y suprema ironía del destino, estos republicanos acabaron compartiendo barracones, piojos, enfermedades y hambre con los soldados de la División Azul a los que se habían enfrentado en España, unidos ahora por un enemigo común mucho más implacable que cualquier ejército: el frío ruso y la deshumanización del sistema estalinista.

Campo de concentración de Vorkutá en 1945. https://es.wikipedia.org

Todos ellos fueron dispersados por la inmensa red del Gulag, acabando en campos de concentración con nombres impronunciables que helaban la sangre solo con su mención: Karaganda, Vorkutá, Cherepovets, Voroshilovgrad…

En aquellos lugares, donde las temperaturas caían habitualmente hasta los cincuenta grados bajo cero, la vida humana valía menos que la herramienta que se usaba para trabajar. Si un pico se rompía era un problema para la producción, pero si un hombre moría, simplemente se traía a otro para ocupar su lugar en la fila.

La rutina diaria era una tortura científicamente diseñada para anular la voluntad con jornadas laborales de doce o catorce horas talando árboles en la taiga infinita, picando carbón en minas con galerías inestables o construyendo vías férreas sobre el permafrost que se tragaba los raíles cada primavera.

Localización de algunos de los campos del Gulag. https://es.wikipedia.org

Allí, entre alambradas de espino y torres de vigilancia con focos que barrían la noche, se forjó una extraña y conmovedora hermandad entre antiguos enemigos políticos. El sufrimiento compartido actuó como un poderoso igualador social. Ante el hambre atroz, el escorbuto que hacía caer los dientes y el tifus que diezmaba los barracones, no había fascistas ni comunistas, solo había españoles desesperados intentando sobrevivir un día más para volver a ver a sus madres.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, la angustia se vivía en un doloroso silencio marcado por el miedo a la represión franquista y la falta de información veraz.

Documentos de víctimas del Gulag. https://es.wikipedia.org

En A Pobra do Caramiñal, un pueblo marinero que pagó un precio especialmente alto en esta historia, siete familias esperaban noticias de sus marineros desaparecidos desde 1937 y 1938, sin saber si sus hijos y maridos estaban vivos, si habían formado nuevas familias en Rusia o si sus huesos reposaban bajo la nieve de Kazajistán.

Durante años, las gestiones de las familias chocaron contra un muro de burocracia y silencio, ya que España no tenía relaciones diplomáticas con la URSS y los rusos consideraban a estos hombres como "criminales de guerra" o espías, negándoles el estatus de prisioneros de guerra y condenándolos a penas de 25 años de trabajos forzados.

Sin embargo, la muerte del dictador Iósif Stalin en marzo de 1953 fue el deshielo inesperado que permitió que la oxidada maquinaria diplomática se pusiera en marcha.

Tropas de la División Azul combatiendo durante el Sitio de Leningrado. https://es.wikipedia.org

La Cruz Roja Francesa, presidida por hábiles diplomáticos y actuando con una discreción absoluta para no herir susceptibilidades en plena Guerra Fría, inició unas negociaciones con el Kremlin en París y Moscú para lograr la repatriación de estos hombres olvidados.

Finalmente, tras meses de tensión y listas que iban y venían, en marzo de 1954 los supervivientes fueron sacados de los campos y trasladados en trenes de ganado a través de las inmensas llanuras rusas hasta el puerto de Odessa, en el Mar Negro, curiosamente el mismo lugar donde muchos de los marineros republicanos habían perdido su libertad años antes.

Despidiendo a la División Azul en Madrid, 1941. https://es.wikipedia.org

Allí, bajo la vigilancia de soldados soviéticos armados, les esperaba el Semíramis, un viejo carguero de bandera liberiana fletado por la Cruz Roja que, aunque no era un transatlántico de lujo, les pareció el barco más hermoso del mundo.

Para aquellos hombres esqueléticos, desdentados, con la piel curtida por el frío y envejecidos prematuramente, subir a bordo fue como nacer de nuevo. Muchos lloraron desconsoladamente al ver sábanas limpias, al sentir el calor de una ducha y al comer caliente en platos de verdad por primera vez en años.

Oficiales de la División de Voluntarios Españoles en permiso por Alemania. https://es.wikipedia.org

Entre los 286 repatriados que viajaban en las bodegas del Semíramis había una nutrida representación de las cuatro provincias gallegas. Destacaba por su drama colectivo el grupo conocido como los "siete de A Pobra": Juan Antonio Castro López, Manuel Dávila Eiras, José García Gómez, Vicente García Martínez, Domingo García Mieites, José Pérez Pérez y José Piñeiro Pazos.

Eran marineros humildes que habían salido de casa en 1937 pensando en un viaje comercial rutinario y volvían en 1954, habiendo perdido su juventud y sus mejores años picando piedra en los campos de concentración de Karaganda y Kazajistán, viendo morir a compañeros y soñando cada noche con la Ría de Arousa.

Algunos de los españoles del Semíramis. https://x.com/250divisionazul

También regresaba en aquel barco Pedro Armesto Saco, natural de A Pobra do Brollón, en Lugo, otro marino republicano que sobrevivió milagrosamente a las purgas y al hambre, y José Camba Fragio, de Abegondo, junto a Carlos Bouzas Pérez, de Lugo, y el vigués José Aparicio Pérez.

Finalmente, el viernes 2 de abril de 1954, cuando la silueta del Semíramis atracó finalmente en el puerto de Barcelona, más de 300.000 personas colapsaron los muelles y las calles adyacentes en una manifestación de duelo y alegría que desbordó a las autoridades.

Llegada del Semíramis a Barcelona. https://x.com/250divisionazul

Las crónicas periodísticas de la época, aunque sometidas a censura, no pudieron ocultar las escenas desgarradoras que se vivieron a pie del muelle barcelonés con madres ancianas que se desmayaban al no reconocer en aquellos hombres canosos y demacrados a los hijos jóvenes y fuertes que habían despedido en las estaciones de tren años atrás.

Llegada del Semíramis a Barcelona. https://x.com/250divisionazul

Hubo esposas que los habían esperado contra toda lógica y consejo, y niños ya convertidos en adolescentes que conocían por primera vez a unos padres que para ellos eran solo una fotografía en blanco y negro sobre la cómoda.

Para los gallegos, sin embargo, el viaje no terminó en Barcelona. Tras los primeros reconocimientos médicos y los interrogatorios de la policía franquista, que desconfiaba de los que habían pasado tanto tiempo en la URSS temiendo que hubieran sido adoctrinados, aún les quedaba el último tramo en tren hasta el noroeste.

Llegada del Semíramis a Barcelona. https://x.com/idazten

El viaje en ferrocarril hasta las estaciones de Monforte de Lemos, Ourense, A Coruña o Santiago fue una procesión de emociones, donde sus pueblos les esperaban con bandas de música y pancartas para cerrar un círculo que había permanecido abierto demasiado tiempo.

El regreso a la vida normal en la Galicia de los años 50 no fue ni mucho menos sencillo. Muchos volvieron con la salud destrozada para siempre por la tuberculosis crónica, las secuelas de la congelación y el escorbuto, y fueron incapaces de retomar sus antiguos oficios en el mar o en el campo.

Llegada del Semíramis a Barcelona. https://x.com/250divisionazul

Pero más allá de las heridas físicas, todos traían cicatrices profundas en el alma que nunca terminaron de curar, pesadillas recurrentes de hielo, hambre y guardias gritando en ruso que los acompañarían en el silencio hasta el fin de sus días.

El régimen franquista intentó capitalizar su vuelta como una gran victoria propagandística frente al comunismo, organizando misas y recepciones oficiales, pero para los vecinos de Catoira, donde recibieron a los hermanos Castañeda, o de A Pobra, lo único que importaba de verdad era que sus hombres habían vuelto del infierno y estaban en casa.

Llegada del Semíramis a Barcelona. https://x.com/250divisionazul

La reinserción fue especialmente dura para los marineros republicanos, que tuvieron que vivir bajo la sospecha constante de las autoridades y a menudo sufrieron gran marginación laboral, teniéndose que ganar la vida como podían en un país que había cambiado radicalmente durante su ausencia.

Con el paso de los años y las décadas, los supervivientes del Gulag fueron falleciendo uno a uno, llevándose consigo a la tumba los detalles más escabrosos y dolorosos de su cautiverio, quizás en un último intento de proteger a sus familias del horror absoluto que habían vivido.

¿Y, qué fue del propio barco? La ironía del destino quiso que aquel carguero, construido en 1935 con el nombre de Calabar, en los mismos astilleros de Belfast que habían visto nacer al Titanic, tuviera una segunda vida radicalmente opuesta a la tristeza de su misión en Odessa.

El Calabar (futuro Semíramis) en el astillero. https://www.theyard.info

Tras cumplir su papel como transporte de la Cruz Roja, el Semíramis fue adquirido por la naviera griega Epirotiki para ser transformado, apenas un año después, en uno de los primeros cruceros turísticos modernos del Egeo y pasó el resto de sus días transportando a turistas adinerados, champán y música de fiesta entre las islas griegas, convertido en una especie de "barco del amor" pionero que surcó las aguas azules del Mediterráneo ajeno al dolor que una vez cargaron sus bodegas.

El bar de la sala de fumadores del Semíramis convertido en crucero de lujo. http://ssmaritime.com

En 1980, fue vendido por última vez para emprender su viaje final a un astillero de Singapur, donde fue desguazado convertido en chatarra. Hoy, el viejo Semíramis ya no navega por ningún mar y la Unión Soviética es historia pasada, pero el recuerdo de la odisea de aquellos hombres debe permanecer vivo como un testimonio imborrable de la capacidad de resistencia del ser humano.

El Semíramis en 1966. http://ssmaritime.com

Iván Fernández Amil escribe cada semana Historias de la Historia en Quincemil. Consigue sus libros en https://www.ivanfernandezamil.com/libros

Otras historias de gallegos en la Segunda Guerra Mundial:

Referencias:

es.wikipedia.org

elespanol.com/quincemil

lavozdegalicia.es

abc.es

elperiodico.com

historia.nationalgeographic.com.es

museo.ejercito.es

elcorreogallego.es

rtve.es

defensa.gob.es

ssmaritime.com