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Cuando los marineros de Rodrigo de Jerez, aquel explorador que acompañó a Colón en su primer viaje, vieron a los nativos de la isla de Cuba exhalar humo por la boca tras prender unas hojas secas enrolladas, no podían imaginar que aquel extraño ritual acabaría convirtiéndose en una de las industrias más lucrativas, sofisticadas y polémicas de la historia moderna. Para ello, los europeos transformaron una planta sagrada, a la que los indígenas atribuían poderes medicinales y espirituales, en un símbolo de estatus, placer y poder capaz de mover fortunas incalculables y crear imperios comerciales. El poder del tabaco llegó a ser tan extraordinario que, en las cortes europeas, rivalizaba con las arcas de los propios estados. Por eso, el hombre que consiguiese dominar este arte ancestral mejor que nadie podría llegar a convertirse en una de las personas más importantes del planeta. Uno de estos reyes fue un gallego que cruzó el Atlántico con los bolsillos vacíos y regresó convertido en leyenda, demostrando a su país que el verdadero éxito no reside en acumular riquezas para uno mismo, sino en saber devolverlas a la tierra que te vio nacer para transformar su destino. Esta es la historia de Pedro Murias, el Rey del tabaco.

Rodrigo de Jerez en su primer encuentro con el tabaco. https://es.wikipedia.org

Pedro Murias Rodríguez nació en el año 1840 en la parroquia de A Devesa, en Ribadeo, en el seno de una Galicia rural que se asfixiaba y que apenas daba para alimentar las bocas de unas familias cada vez más numerosas.

Eran tiempos oscuros para el campo gallego. Los agricultores trabajaban de sol a sol para obtener unas ínfimas cosechas que a menudo se perdían por el mal tiempo o las plagas, dejando el hambre como única herencia segura.

Galicia en el siglo XIX. https://es.wikipedia.org

En aquel escenario de desesperanza, la única luz que brillaba en el horizonte estaba situada al otro lado del océano Atlántico, en esa isla caribeña que las cartas y los relatos de los primeros retornados pintaban como un nuevo El Dorado y donde el dinero crecía casi tan rápido como la caña de azúcar.

Con apenas dieciséis años, Pedro tomó la decisión más difícil de su vida: meter sus escasas pertenencias en un baúl de madera y despedirse de una familia a la que no sabía si volvería a ver jamás.

Al desembarcar en el puerto de La Habana, el joven Pedro se encontró con una vibrante y caótica ciudad, una urbe colonial donde el lujo convivía con la esclavitud y donde las oportunidades de negocio brotaban en cada esquina para quien tuviera la astucia de verlas.

Presidio de La Habana donde, por supuesto, también se manufacturaba tabaco. https://es.wikipedia.org

Lejos de amedrentarse, Pedro aplicó la ética del trabajo que había aprendido en su aldea natal, aceptando humildes empleos en los talleres de tabaquería que proliferaban por toda la capital cubana.

La industria del tabaco en Cuba era un mundo jerarquizado y complejo, donde se empezaba barriendo el suelo y separando las hojas rotas, para ir ascendiendo lentamente a través de un sistema de aprendizaje que exigía años de dedicación absoluta y una habilidad manual prodigiosa.

Cigarreras en La Habana. https://es.wikipedia.org

Pedro pronto demostró tener un talento natural no solo para distinguir las mejores hojas de Vuelta Abajo, la región sagrada donde se cultiva el mejor tabaco del mundo, sino también para entender la psicología del fumador y las tendencias de un mercado internacional cada vez más exigente.

Su ascenso fue meteórico pero cimentado en el esfuerzo, pasando de aprendiz a oficial y de oficial a maestro tabaquero, ahorrando cada moneda que ganaba mientras observaba atentamente los errores y aciertos de los grandes fabricantes de la época.

El gran salto adelante, el momento que cambiaría su vida y la historia de la emigración gallega, llegó con la fundación de su propia marca y la adquisición de la fábrica "La Meridiana", movimiento que lo catapultó a la primera división del empresariado habanero.

Fábrica “La Meridiana”. https://consellodacultura.gal

Bajo su dirección, “La Meridiana” se convirtió en un templo de la excelencia, un edificio imponente situado en la calle Ánimas donde cientos de personas trabajaban el tabaco.

La calidad de los habanos de Pedro Murias alcanzó cotas extraordinarias, ganando medallas de oro en las exposiciones universales de París, Viena o Filadelfia, y convirtiéndose en el vicio predilecto de banqueros, políticos y aristócratas, que veían en aquella vitola un símbolo de distinción insuperable.

Etiqueta litográfica de Puros La Meridiana. https://www.todocoleccion.net

El éxito de la marca se basaba en una obsesión casi enfermiza por el control de calidad, pues Pedro supervisaba personalmente cada etapa del proceso, desde la selección de las semillas en hasta el anillado final de los puros, rechazando cualquier lote que no rozara la perfección absoluta.

Pero el mundo del tabaco en el siglo XIX era también un campo de batalla despiadado, un escenario de competencia feroz donde las guerras comerciales, el espionaje industrial y las maniobras financieras para hundir al rival estaban a la orden del día entre los grandes magnates, por lo que Pedro tuvo que navegar entre tiburones para proteger su imperio y consolidar su posición dominante.

Vitola de Pedro Murias. https://www.todocoleccion.net

Tras la Guerra de Independencia de Cuba, la situación se volvió cada vez más difícil para Pedro, así que decidió vender la mayor parte de su negocio, incluida la fábrica “La Meridiana”, a la empresa inglesa Henry Clay and Bock Ltd. En 1904, esta histórica fábrica fue vendida a Estados Unidos y acabaría sirviendo como almacén de tabaco durante algunos años más.

Edificio de la fábrica “La Meridiana” en el año 2007. https://es.wikipedia.org

A pesar de su inmensa fortuna y de codearse con la élite social, Pedro Murias nunca sufrió esa amnesia que afectaba a tantos otros indianos quienes, una vez enriquecidos, renegaban de sus orígenes humildes e intentaban borrar su pasado campesino.

Comprendiendo que el verdadero problema de Galicia era el atraso en las técnicas productivas y la falta de formación, Pedro maduró un plan revolucionario que buscaba atacar de raíz del problema que le había obligado a emigrar décadas atrás.

Su visión filantrópica no se basaba en de dar limosna a los pobres, sino en la convicción de que la educación y la tecnología eran las únicas herramientas capaces de emancipar al campesinado gallego y modernizar la estructura económica de Galicia.

Colocación de la primera piedra en la segunda fase constructiva de la Escuela Agrícola. https://consellodacultura.gal

Fue así como concibió la idea de la Escuela Agrícola, un proyecto pionero en su tiempo que pretendía traer a las parroquias de Ribadeo los avances científicos en agricultura y ganadería que ya se estaban aplicando con éxito en los países más desarrollados de Europa y América.

Alumnos en una clase práctica de la escuela en la década de 1920. https://consellodacultura.gal

En su testamento, redactado con la precisión de quien sabe que está legando algo mucho más importante que dinero, dejó instrucciones detalladas y fondos más que generosos para la construcción y mantenimiento de esta institución en su localidad natal de A Devesa.

Porque Pedro no quería una escuela normal, sino un centro de excelencia dotado con los mejores laboratorios, maquinaria agrícola de vanguardia y un cuerpo docente cualificado capaz de enseñar a los hijos de los agricultores que había otra forma de trabajar la tierra más allá del arado medieval.

Alumnos posando en la entrada de la escuela en la década de 1950. https://consellodacultura.gal

La muerte le sorprendió en La Habana en 1906. El traslado de sus restos y la ejecución de su testamento fueron acontecimientos que marcaron una época en Ribadeo, movilizando a la sociedad civil y a las autoridades para hacer realidad el sueño póstumo de aquel hombre que había conquistado el mundo con “humo”.

Acto homenaje en el aniversario de su muerte en 1950. https://consellodacultura.gal

La construcción del edificio de la Escuela Agrícola Pedro Murias fue una obra faraónica para la época, levantándose una estructura funcional, alejada de los caprichos estéticos del modernismo, y pensada exclusivamente para que el que fuera allí aprendiese.

Cuando la escuela abrió finalmente sus puertas, supuso una auténtica revolución social, ya que permitía a jóvenes sin recursos acceder a una formación técnica de primer nivel que hasta entonces estaba reservada exclusivamente a las élites terratenientes o a quienes podían viajar al extranjero.

La escuela poco después de su apertura. https://consellodacultura.gal

Por sus aulas pasaron generaciones de gallegos que aprendieron sobre rotación de cultivos, selección genética de ganado, uso de fertilizantes químicos y gestión empresarial de explotaciones, conocimientos que luego aplicaron en sus aldeas transformando lentamente el paisaje agrario de Galicia.

Alumnos en una clase práctica de la escuela en la década de 1920. https://consellodacultura.gal

El impacto de la Fundación Pedro Murias trascendió lo educativo para convertirse en un motor de dinamización económica, introduciendo nuevas razas de vacas lecheras y variedades de plantas que mejoraron la productividad y la calidad de vida de miles de familias.

A pesar de guerras civiles, dictaduras y cambios de régimen, la escuela se mantuvo en pie como un faro de progreso, adaptándose a los tiempos y resistiendo las acometidas de la historia gracias a la solidez de los cimientos que su fundador había dejado por escrito.

Entrada actual a la escuela. https://es.wikipedia.org

Hoy, más de cien años después de que Pedro Murias cerrara los ojos para siempre en el Cuba, el Centro de Formación y Experimentación Agroforestal que lleva su nombre sigue plenamente operativo y es un referente en la formación profesional agraria de Galicia.

Jornada de puertas abiertas en la escuela en la actualidad. https://www.xunta.gal

Fumar es un vicio perjudicial para la salud, y la industria que enriqueció a Pedro Murias hoy es vista con otros ojos, pero paradójicamente, el humo de aquellos cigarros de "La Meridiana" sirvió para despejar el futuro de miles de gallegos. Quizá esa fue la inversión más valiosa del Rey del tabaco…

Caja de puros vacía La Devesa de Murias Habana. https://www.todocoleccion.net

Iván Fernández Amil escribe cada semana Historias de la Historia en Quincemil. Consigue sus libros en https://www.ivanfernandezamil.com/libros

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Referencias:

es.wikipedia.org

elespanol.com/quincemil

elprogreso.es

ribadeoemigracion.info

lavozdegalicia.es

rah.es

elcorreogallego.es

consellodacultura.gal

jaberni-coleccionismo-vitolas.com

culturagalega.gal

espanaexterior.com

historiadegalicia.gal