Publicada

La voluntad de conocimiento es una pulsión inherente al ser humano, quizás no a todos, pero sí a aquellos que esconden una intensa curiosidad por el mundo que les rodea. Esta emoción tan sencilla, es un generador absoluto de cultura. Mientras le preparaban la cicuta, el filósofo Sócrates practicaba de forma persistente una melodía con la flauta. Cuando le preguntaron el porqué de esa paradoja, Sócrates contestó que la razón por la que practicaba dicha melodía era para “aprenderla antes de morir”. La función no está basada únicamente en la necesidad, sino que esta se puede interpretar como algo inherente a otra capa de la vida, a la que la hace realmente interesante. La cultura define a la sociedad, y esta es un concepto enormemente ramificado. La arquitectura es una expresión cultural latente que se evidencia en la ciudad permaneciendo y acompañando al ser humano a lo largo de su vida. Habitar el lugar transforma a las personas porque el espacio influye en el comportamiento, las rutinas y las emociones. La curiosidad por conocer el hábitat es un acto vital, no sólo una mera acción de supervivencia. La cultural del lugar impregna a sus habitantes y de ella se derivan sus acciones y sus emociones.

“Creo que fue en el año 1951. Fráncfort había sido arrasada por las bombas durante la guerra. Había estado en Essen, en Bochum… El Ruhr no había resultado tan perjudicado. Un pintor que estaba en París me prestó su estudio. Estaba preparando una exposición para la Zimmergalerie Franck, y todas las mañanas llevaba a mi hijo caminando al colegio. Para llegar al colegio teníamos que atravesar una enorme extensión asolada por las bombas. Un inmenso montón de escombros en el que habían allanado algunos espacios aquí y allá una especie de senderos, para que la gente pudiera cruzarlo. Aún quedaban algunas fachadas en pie. Una puerta de entrada y unos cuantos pedazos de pared. Era un paisaje surrealista, y fue para mí una profunda fuente de inspiración. Si te paseas por una ciudad en ruinas, lo primero que te viene a la mente es construir. Y después, mientras reconstruyes esa ciudad, te preguntas si la vida volverá a ser la misma o si será diferente. Después reflexionas sobre la influencia del entorno” Constant, entrevista con Linda Boersma, en BOMB, primavera de 2005.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX aparece una nueva estética. Los enormes cambios culturales que se generan a partir de los traumáticos eventos históricos o de los avances tecnológicos, dibujan un panorama de incertidumbre. La mirada sobre un futuro incierto siempre provoca la búsqueda de parámetros confortables, de códigos que provocan una cierta seguridad. Girar la mirada hacia los elementos de la arquitectura clásica presenta implicaciones estéticas que afectan a la forma de vida. El clasicismo o la atmósfera clásica que crean una seguridad basada en las formas y en la memoria, en cierto modo sesgada, que esta genera. Muchos arquitectos de principios del siglo XX utilizaron este lenguaje arquitectónico como una manera de relajar la tensión de la ciudad. Además, el clasicismo trabaja con la monumentalidad, introduciendo en la ciudad una escala singular.

Obras de Felipe Bouza y Tredis en Ourense, Jardín do Posío y edificio de viviendas. Vía archivo provicial de Ourense

Obras de Felipe Bouza y Tredis en Ourense, Jardín do Posío y edificio de viviendas. Vía archivo provicial de Ourense

Un edificio de viviendas neoclásico

En la calle San Andrés, en los números 14-15 se construyó una obra del arquitecto Felipe Bouza y Tredis en 1863. El arquietcto, muy prolífico en la ciudad de Ourense, residió un tiempo en Coruña donde desarrolló algunas obras como este volumen residencial. El estilo habitual utilizado por Bouza y Tredis es el neoclasicismo, desarrollando una estética limpia y un poco distanciada del lenguaje vernáculo habitual a finales del siglo XIX. Entre sus obras destacadas se pueden encontrar intervenciones como el Jardín do Posío en Ourense (1846), un jardín botánico concebido por los profesores de la cátedra de física, química e historia natural del antiguo Instituto de Enseñanza Secundaria (en la actualidad Instituto Otero Pedrayo) o varios edificios de para viviendas en esta ciudad.

Foto: Luis Santalla

En A Coruña, desarrolla un proyecto de vivienda sencillo, pero que incluye dos núcleos de comunicación. El edificio, de tres plantas y bajo comercial, presenta un aspecto convencional, es decir, una imagen neutra e integrada en la ciudad. Cabe destacar que, frente a esta obra, se situaba una gran construcción aristocrática el Palacio Almeiras de estilo tardobarroco. Este palacio era una obra de sillería con una volumetría consolidada y muy reconocible. Frente a él Bouza y Tredis proporciona una respuesta arquitectónica muy adecuada mediante el uso de su lenguaje neoclásico. La planta baja, así como las aristas del edificio se ejecutaron en sillería, mientras que en la primera planta el lienzo se rellenó con mampostería revocada y pintada. En las plantas segunda y tercera incorporó una galería a pesar del lenguaje neoclásico. El uso sobrio de la ornamentación describe el criterio neoclásico, con huecos recortados sin apenas recercado. Este pequeño detalle, la definición escueta de los recercados, casi inexistente en los huecos de acceso de la planta baja, y con pequeñas acanaladuras en la primera planta, evidencian la depuración de un lenguaje que busca la sobriedad y la austeridad monumental frente a la decoración profusa o impostada. La fachada no trasmite una falsa imagen burguesa, a cambio muestra la sencillez del monumentalismo neoclásico liberado de ornamento. Las galerías de las plantas superiores son igualmente sobrias, incorporando únicamente un pequeño elemento decorativo discreto que se desarrolla en los montantes. El edificio cierra la manzana con medianera hacia un lado y hacia la parte posterior. El lateral que da hacia la calle Herrador presenta un conjunto regular de huecos muy ordenado y profuso que, aunque cegados hoy en día, muestran la condición inicial del volumen en el que esta era una fachada más el volumen con un frente libre. La fachada posterior, la que da hacia el patio de manzana, está formada por una galería similar a la de la fachada principal.

Foto: Luis Santalla

El volumen, no presenta una apariencia tan compacta como las obras posteriores de carácter regionalista, sino que la disposición de los huecos, así como de las galerías le proporcionan una imagen rígida, monumental pero no pesada. El neoclasicismo popular, es decir, el que se produce en tipologías comunes como el tejido residencial, crea una imagen homogénea y relajada de la ciudad. Esta estética dibuja una ciudad tranquila y elegante, sin estridencias, pero rotunda.

Aprender una melodía antes de morir

La ciudad cambia. Siempre. Sus habitantes van pasando por ella convirtiéndola en escenario de sus historias personales. A finales del siglo XIX y principios del XX, la mayor parte de ciudades europeas atravesaron traumáticas transformaciones de su tejido. La reconstrucción del tejido urbano responde a una voluntad cultural en la que la restauración de la identidad de una sociedad es una necesidad fundamental para la supervivencia. Incluso ante la incertidumbre de una nueva destrucción, la ciudad se reconstruye a sí misma una y otra vez.

Foto: Luis Santalla

“Y recuperaremos las calles y nuestras iglesias y nuestro futuro porque ya no os pertenecemos a vosotros, a los que son como tú —nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos— porque ha llegado la hora de separar las sangres y no habrá ni perdón ni olvido. Oscuro.” La piedra oscura, Alberto Conejero

Quizás como Sócrates, aunque el horizonte próximo aventure un final aciago, es necesario continuar trabajando y reconstruyendo la cultura propia en favor del progreso y la identidad. Tal y como relataba Conejero en La piedra oscura, cuando la guerra civil parecía acercarse de manera inevitable, la voluntad de recuperación del lugar aparecía como afirmación incluso antes de la destrucción. Aunque la ciudad cambie, nunca desaparece porque como Sócrates, aprender una melodía antes de morir es un manifiesto reivindicativo de la cultura humana.