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Las artes y los oficios representan una capa silenciosa de la construcción social. Frente a otros eventos que moldean y condicionan el devenir de la historia, las artes y los oficios se sitúan en una capa capaz de construir un tejido narrativo, interpretativo y patrimonial persistente y resistente al paso del tiempo. Modestas y colectivas, estas obras de arte, artesanía o labor definen el contexto del día a día, llevando dentro de sí una enorme capacidad transformadora de las costumbres, el lenguaje y el pensamiento humano.

“El arte es una metáfora del mundo, del universo. Una visión global del mundo, la visión científica o la mirada superficial frente a la visión en profundidad. El arte no es el reflejo de la vida, sino una forma de vida, una forma de vida bastante extraña a veces, pero…El progreso de la técnica es a veces discutible; según los libros, la historia del arte progresa, pero las obras de arte son ajenas a cualquier idea de progreso. Frutos del espíritu […], a lo largo de los siglos y pese a los conflictos más sangrientos, muestran como un anhelo de trascendencia, se imponen a las miserias de los artistas y nos interpelan. Aún y siempre.” Miquel Barceló. De la vida mía

La importancia de las artes y oficios es clave para comprensión de muchos de los cambios sociales ocurridos a finales del siglo XIX y del siglo XX, pero también desarrolló internamente un discurso y una teoría capaz de englobar aspectos estéticos y funcionales con las políticas laborales y la estructura urbana.

“El placer que debiera ir asociado a la fabricación de todo objeto de artesanía tiene por fundamento el vivo interés que todo hombre saludable siente por una vida sana, y se compone principalmente, en mi opinión, de tres elementos: variedad, esperanza de creación y autoestima que se deriva del sentimiento de ser útil a los demás; y todo ello se ha de añadir ese misterioso placer corporal que acompaña el ejercicio diestro de las facultades corporales” William Morris

Imagen via Archivo del Reino de Galicia

La presencia de tejido industrial en la ciudad era muy común en el siglo XIX pero, el uso residencial fue poco a poco empujando la industria hacia la periferia urbana. Mucha de esa industria no era masiva, sino pequeñas fábricas o talleres de producción baja que convivían con el día a día de la ciudad. En A Coruña, el área industrial se concentraba en el área de la bahía Orzán-Riazor, pero al tratarse de una ciudad con puerto comercial, muchas pequeñas fábricas se disponían cercanas al frente de este. Otras se encontraban próximas a otras vías de comunicación de la ciudad, como la actual calle Juan Flórez, entonces Camino nuevo. El crecimiento urbano empujó estas fábricas a la periferia dejando grandes parcelas en el interior de la ciudad. Paralelamente, el desarrollo urbanístico se fue adaptando mediante planes de ensanche y planes urbanos que buscaban acomodar el vertiginoso crecimiento y los cambios derivados de los nuevos transportes, la irrupción del automóvil, así como de equipamientos modernos.

Imagen via Archivo del Reino de Galicia

La Primera Coruñesa

La Primera Coruñesa fue una de aquellas fábricas que formaron parte del paisaje urbano a principios del siglo XX. Aunque dicha denominación no es exacta. Situada en la calle Juan Flórez, la fábrica fue fundada originalmente en 1873 por Luis Miranda Vázquez (capitán del estado mayor) y José Núñez de la Barca (banquero). Su empresa, “Núñez y Miranda” se dedicaría a la producción de hilado y tejidos de algodón. Esta primera instalación ya contaba con una máquina de vapor de 80 CV y unos 50 telares, por lo que daba empleo a más de cien trabajadores y presentaba buenas cifras de producción anual. El crecimiento de la empresa fue motivado en gran medida por las huelgas en el sector textil catalán, de mayor antigüedad, donde sus trabajadores exigían mejores condiciones laborales. Lamentablemente en 1889 sufre un incendio que destruye por completo las instalaciones. Pero la producción se detendría por poco tiempo. En 1900 los herederos de sus fundadores adquirieron otras fábricas como “La Arzuana” que sería posteriormente “Hilados y tejidos de Vilasantar”. Pero en 1905 se refunda la fábrica de Mirand y Núñez, esta vez bajo el nombre de “La Primera Coruñesa” aunque popularmente sería conocida como “Las Pañeiras”. En este momento, Ricardo Molezún será el Director gerente de la fábrica. En 1937 Tomás Rodríguez Sabio se incorporó a la presidencia tras haber hecho fortuna en Cuba y Argentina.

La nueva edificación, se construyó con cierto cuidado, aunque siguiendo el esquema de la original. La estructura estaba compuesta por muros de carga de ladrillo con estructura de hacer y cubierta de zinc. Pero esta vez aumentó su producción y la fábrica daba trabajo a casi 300 personas. A mediados de los cincuenta la fábrica se modernizó incorporando maquinaria más moderna. Este aspecto incrementó la producción y los beneficios, así que comenzaron a desarrollar una labor promoviendo la construcción de viviendas de renta limitada o casas barata, y viviendas para sus obreros. A pesar de toda esta actividad, su producción se vería estancada y decidieron trasladar la fábrica a las afueras de la ciudad. Con este traslado modificaron la estructura de la empresa, reduciendo la producción textil y aumentando más la promoción inmobiliaria. En 1963 se abandonaron las instalaciones de la calle Juan Flórez y al año siguiente fueron demolidas. Desaparecieron del paisaje urbano su tapia y su alta chimenea de ladrillo. En la parcela que ocupaba se encuentra en la actualidad la Torre Dorada de la arquitecta Milagros Rey Hombre.

La fecha de su traslado y demolición coincide con la de muchas fábricas que también se encontraban en esta zona como “La artística”, la “Fundación Ortiz” o incluso obras de otra tipología como viviendas unifamiliares que se habían construido en las, entonces, afueras de la ciudad, pero que ya no lo eran. Algunas de estas viviendas fueron el Chalet de los Molezún o la Casa Pernas.

Imagen via Archivo del Reino de Galicia

Crítica, caos y desorden

La arquitecta y activista por el derecho a la ciudad Jane Jacobs afirmaba que “Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todo el mundo, sólo porque, y sólo cuando, se crean para todo el mundo". Las transformaciones urbanas son representaciones físicas de los cambios socioculturales, una lectura antropológica más de cómo el ser humano modifica el lugar que habita. Pero la imagen de la ciudad siempre es sometida a crisis de forma, a veces, desmedida. La crítica es necesaria para el progreso, como también es lo utopía, resumiendo los dos caminos que el crítico de arquitectura Kenneth Frampton enuncia con respecto a las opciones de avance de una disciplina tan amplia como la arquitectura y el urbanismo. Los planes urbanos recogen estas inquietudes globales, partiendo en muchas ocasiones de una perspectiva antropológica buscando su traducción técnica.

El resultado, en la ciudad contemporánea, siempre parece asemejarse a un collage o simplemente dibuja una atmósfera de aparente caos que en realidad no es así, sino que responde a la estricta verdad del hábitat. Jacobs continuaba su teoría explicando este aspecto: "La intrincada mezcla de usos diversos (urbanos) en las ciudades no son una forma de caos. Por el contrario, representan una forma compleja y altamente desarrollada de orden". Quizás habitar la ciudad de forma crítica no implique rechazar el caos, sino comprender que es necesario integrar la imagen de la ciudad en la cotidianidad. Porque la ciudad es tan imperfecta como lo son sus ciudadanos.