Al otro lado de la millonaria estructura flotante de O Parrote hay un pequeño rincón de la avenida do Porto que parece haberse quedado en el olvido. Pasando el acceso al puerto y antes del monumento a la Virgen del Carmen, conviene ir con la mirada bien puesta en el suelo para no tropezar. Y es que, por muy bonita que quede la madera en este tramo del paseo, el salitre del mar y las inclemencias meteorológicas no parecen casar demasiado bien con este material.
Muchos de los que utilizan este rincón son pescadores, aunque también son numerosos los vecinos y turistas que bordean O Parrote para dirigirse hacia el Castillo de San Antón o A Marina.
Son precisamente los pescadores quienes cuentan a este medio que es habitual ver a turistas tropezar en este punto, muchas veces distraídos por las vistas. Pero no hace falta esperar a una caída para comprobar el estado del pavimento. Basta con apoyar el pie sobre algunas tablas para escuchar cómo crujen bajo el peso.
Con el paso del tiempo, las losetas se han ido desplazando hasta sobresalir hacia el mar. A ello se suma el musgo que aparece con la lluvia durante el invierno y que convierte el pavimento en una superficie todavía más resbaladiza.
La imagen contrasta con la que ofrece apenas unos metros más allá, donde los trabajos del edificio multiusos de O Parrote encaran sus últimos días. Esta infraestructura completará la plataforma de baño inaugurada el pasado mes de octubre con nuevas gradas y dos piscinas.
La obra, un proyecto conjunto entre el Concello de A Coruña, la Xunta y la Autoridad Portuaria, dio paso a la primera plataforma de baño de la ciudad. Sin embargo, en este caso no está tan claro a quién le corresponde arreglar el deteriorado paseo.
Tablas de madera levantadas en O Parrote
Consultada por este medio, la Autoridad Portuaria asegura que "asuntos como la limpieza, el tráfico, la iluminación, los pavimentos y el mobiliario urbano corresponden al Ayuntamiento". Desde el Concello, en cambio, sostienen que sus competencias en la zona se limitan a la iluminación y la limpieza.
Mientras ambas administraciones discrepan sobre quién debe actuar, los coruñeses seguirán paseando por O Parrote con un poco más de cuidado del habitual, no vaya a ser que una tabla levantada termine convirtiendo un paseo junto al mar en un chapuzón involuntario.
