Lleno de grúas y con el olor del salitre del mar, así recuerda Julieta Valcárcel-Ríos su primera visita al barrio de Os Rosales de A Coruña en 1997. Ella y su marido, Carlos, habían dejado las Rías Baixas por trabajo y buscaban un lugar para vivir cerca de la costa. Finalmente, la ciudad herculina y este singular barrio con mar y monte, que estaba en construcción, se convirtió en el lugar elegido para empezar una nueva vida lejos de casa. "Me enamoré de él porque tiene el mar al lado", confiesa a Quincemil.
En aquel momento, la de Sanxenxo recuerda que Os Rosales era un barrio de gente joven con muchísimos niños (al igual que ocurre hoy con los de Novo Mesoiro y Xuxán). "El parque estaba lleno de niños. Es más, los colegios del barrio llegaron a tener tanta demanda que muchas familias tuvieron que escolarizar a sus hijos en centros de otras zonas de A Coruña", dice.
De barrio joven a la consolidación de una vecina ilustre
La suya es la voz de una de las primeras generaciones de vecinos en Os Rosales que se mudaron al barrio y formaron sus familias allí. "Ahora nuestros hijos están acabando las carreras, trabajando ya o empezando a crear sus propias familias", explica. De hecho, Julieta cuenta que su hija mayor, que ya trabaja, se independizó en el barrio. "Lo curioso es que mi marido y yo hemos conseguido que mis suegros se mudasen desde Pontevedra a vivir aquí", comenta. "Si esto no es hacer promoción del barrio, ya no sé...", añade riendo.
Lo cierto es que en los últimos años este distrito ha crecido de forma imparable, llenándose de conexiones y servicios. Además de ser un punto concurrido por visitantes de cuatro patas como jabalíes y, en las últimas semanas, de zorros. "Los jabalíes me dan más respeto. Puedes verlos pastando a sus anchas tanto por medianas y cruces, como por la subida al Monte de San Pedro", indica.
Además, Os Rosales cuenta desde hace años con una vecina ilustre que ya forma parte del imaginario del barrio: Obdulia y su increíble jardín. "Nunca conseguimos que el Concello hiciese algo con ese terraplén, por él discurría todo el barro del Monte de San Pedro y dejaba la calle hecha un asco. Y esta señora a sus 80 años decidió hacer algo ella misma y levantar con sus propias manos un jardín al completo con muro incluido", cuenta Julieta. "La verdad es que alucino con ella. No sé cómo todavía no le han puesto a esa zona el nombre del callejón de Obdulia, si todo el mundo lo llama así", señala.
"Los colegios del barrio llegaron a tener tanta demanda que muchas familias tuvieron que escolarizar a sus hijos en centros de otras zonas de A Coruña"
Si por algo destaca Julieta a su barrio es por la "gran familia" que forman todos y cada uno de los vecinos, pues muchos de ellos se conocen desde el principio. De hecho, cuenta que hace años solían hacer piña para reivindicar mejoras, como una piscina para el barrio o conseguir que se moviese el Gadis que había en el interior del parque infantil: "Era un peligro para los niños porque los coches desfilaban por las zonas comunes del parque".
Por ello, insiste en que si hay algo que les encanta son "las fiestas y las protestas". Echando la vista atrás, recuerda que llegó a celebrar el "primer y último" rally de Os Rosales: "Una locura, recuerdo mirar por la ventana y ver los coches pasando a toda velocidad cerca de los niños que jugaban en el parque".
La comparsa de Os Rosales
También, en los primeros años de vida del barrio nació la que se conoce hoy como la comparsa Tarde, Mal e Arrastro de Os Rosales. "Había una guardería llamada Bolboreta y a una de sus propietarias le encantaba disfrazarse. Creó la comparsa de la guardería y empezamos a ir los padres con los niños disfrazados", rememora. "Ahora se ha unido todo el barrio: padres, madres, hijos y abuelos. Se disfrazan juntos y van bailando en el desfile de comparsas de Carnavales. Parece una tontería, pero es algo que une mucho a los vecinos", apunta.
"No sé cómo todavía no le han puesto o no han hecho oficial el nombre del callejón de Obdulia, si todo el mundo lo llama así"
La asociación de empresarios organizaba todos los años una sardiñada. "Estaba genial", cuenta esta coruñesa de adopción. "Cerraban sus comercios y se ponían a servir las sardinas y los chorizos criollos a todo el mundo en una gran fiesta en el parque", recuerda.
Y, en tiempos en los que el blog de la reina cotilla arrasaba en la serie Gossip Girl, Os Rosales también tenía su versión particular lejos del Upper East Side de Nueva York. Los propios vecinos escribían en un blog colaborativo informando de todo lo que ocurría en el barrio: "De ahí salió alguna que otra exclusiva. Incluso los periodistas nos llamaban para pedirnos fotos e información".
Hoy, ese espíritu sigue vivo en Os Rosales: un barrio que emergió a orillas del Océano Atlántico como puerta a la niebla y a los temporales en la ciudad, y que con el paso de los años se ha convertido en una gran familia que no ha dejado de hacer barrio en cada uno de sus rincones.
