Una universidad al servicio de la verdad y del bien común

Para el papa León XIV, la universidad está llamada a desempeñar un papel decisivo en la construcción de una sociedad más justa, humana y esperanzada.

Lejos de concebirla como un simple centro de formación profesional o de producción científica, la presenta como una comunidad educativa donde convergen la búsqueda de la verdad, el crecimiento integral de la persona y el servicio al bien común.

Su visión nace tanto de su trayectoria académica —como estudiante en Villanova, Chicago y el Angelicum de Roma—, como de su experiencia pastoral y universitaria al frente de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, en Chiclayo.

Desde esa doble perspectiva, ha elaborado un auténtico programa de renovación de la educación superior inspirado en el humanismo cristiano.

Fe, razón y diálogo: el corazón de la universidad

León XIV recuerda que las primeras universidades surgieron en el seno de la Iglesia como lugares privilegiados para el encuentro entre la fe y la razón. Por ello, defiende una institución donde todas las preguntas puedan plantearse libremente y encontrar respuesta mediante el estudio, el diálogo y la investigación rigurosa.

Bien sabe el papa que la Universidad es "un centro incomparable de creatividad y de irradiación del saber para el bien de la humanidad". Lugares "donde las preguntas no se silencian y la duda no se proscribe, sino que se acompaña y el método es el de la escucha que reconoce al otro como un bien, no como una amenaza".

Inspirándose en san John Henry Newman, sostiene que la universidad debe ser un espacio donde "el corazón habla al corazón", capaz de superar la creciente polarización cultural mediante el encuentro, la escucha y el respeto mutuo.

En esta perspectiva, el conocimiento nunca constituye un fin en sí mismo, sino un camino hacia la verdad y, en último término, hacia Dios. Educar es "ofrecer la luz amable a quienes, de otra forma, podrían quedarse prisioneros de las sombras particularmente insidiosas del pesimismo y el miedo".

La delegación de la Universidad de Castilla-La Mancha, en la misa celebrada en Cibeles con el Papa León XIV. .

Más que profesionales: ciudadanos comprometidos

Uno de los ejes centrales del pensamiento del pontífice es la estrecha relación entre conocimiento y servicio. La investigación, la docencia y la innovación alcanzan su verdadero sentido cuando contribuyen a mejorar la vida de las personas y a construir sociedades más solidarias.

Por ello insiste en que las universidades deben convertirse en "laboratorios de esperanza", donde no sólo se preparen profesionales competentes, sino también ciudadanos responsables, capaces de afrontar los grandes desafíos contemporáneos desde la justicia, la paz y la solidaridad.

Esta misión adquiere una especial relevancia en un contexto marcado por la revolución tecnológica.

León XIV reconoce las enormes posibilidades de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías, pero advierte del riesgo de que el progreso técnico quede desvinculado de la ética.

Una universidad que forme excelentes especialistas, pero olvide la dimensión humana y espiritual de la persona, terminaría produciendo un conocimiento eficaz, aunque carente de alma.

"En la perspectiva de León XIV, el conocimiento nunca constituye un fin en sí mismo, sino un camino hacia la verdad y, en último término, hacia Dios"

Una formación verdaderamente integral

Frente a la fragmentación del saber, el Papa propone una educación que integre las dimensiones técnica, emocional, social, espiritual y ecológica de la inteligencia humana. Sólo una visión unitaria del conocimiento permitirá responder a la gran pregunta sobre el sentido de la existencia.

En este planteamiento ocupan un lugar privilegiado San Agustín y san John Henry Newman. Del primero toma la convicción de que el estudio conduce a la sabiduría cuando orienta al encuentro con la verdad. Del segundo, la defensa de una educación que forme simultáneamente la inteligencia, el carácter y el corazón.

Por ello, reclama un diálogo permanente entre filosofía, teología, ciencias humanas y disciplinas científicas, evitando tanto el racionalismo cerrado como el fideísmo.

Las universidades católicas tienen una tarea decisiva: "Ofrecer una 'diaconía de la cultura', menos cátedras y más mesas donde sentarse juntos, sin jerarquías inútiles, para tocar las heridas de la historia y buscar, en el Espíritu, sabidurías que nazcan de la vida de los pueblos".

El Pacto Educativo Global y nuevos desafíos

León XIV asume plenamente el Pacto Educativo Global impulsado por el papa Francisco y sitúa a la persona en el centro de todo proceso educativo.

Escuchar a los jóvenes, promover la dignidad de la mujer, fortalecer el papel educativo de la familia, favorecer la inclusión y cuidar la creación forman parte de las prioridades que atribuye a la universidad.

A estas añade tres desafíos propios.

El primero consiste en cultivar la vida interior mediante espacios de silencio, discernimiento y encuentro con Dios.

El segundo propone educar para un uso ético y responsable de las tecnologías digitales y de la inteligencia artificial, garantizando siempre la primacía de la persona sobre el algoritmo.

El tercero invita a formar auténticos constructores de paz, capaces de promover la reconciliación y el diálogo entre los pueblos.

Una universidad abierta a todos

La opción preferencial por los más pobres ocupa también un lugar central en su magisterio universitario.

Para León XIV, el acceso a la educación superior no puede convertirse en un privilegio reservado a unos pocos, sino que debe garantizar oportunidades reales para quienes encuentran mayores dificultades económicas o sociales.

La inclusión, la solidaridad y la gratuidad forman parte de la identidad misma de la universidad católica.

Asimismo, anima a profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia para ofrecer respuestas éticas a los desafíos planteados por la economía digital, las nuevas formas de trabajo y las transformaciones tecnológicas.

Una misión compartida en todo el mundo

Durante sus viajes apostólicos, León XIV ha concretado estas ideas en distintos contextos culturales.

En África definió la Universidad Católica de África Central como un faro destinado a formar líderes íntegros comprometidos con la verdad y la lucha contra la corrupción.

En Guinea Ecuatorial comparó la misión universitaria con la ceiba: un árbol profundamente arraigado que crece sólido porque hunde sus raíces en la verdad y en la memoria.

En la Universidad La Sapienza de Roma destacó, además, que toda la comunidad universitaria —profesores, estudiantes, familias y personal administrativo— participa de una misma misión educativa.

Allí denunció también la expansión de los discursos de odio y de la simplificación ideológica, proponiendo el estudio riguroso y el diálogo como los mejores antídotos frente a la violencia y la división.

"El buen docente no sólo transmite conocimientos, sino que acompaña a sus alumnos en la búsqueda de la verdad y en la formación de una conciencia ética sólida"

Los jóvenes y los profesores, protagonistas

El Papa considera a los estudiantes protagonistas de la transformación social. Les invita a desarrollar un pensamiento crítico, cultivar la vida interior y poner sus conocimientos al servicio de los demás.

El éxito profesional, afirma, sólo alcanza su verdadero valor cuando está acompañado por la rectitud moral y el espíritu de servicio.

También concede una importancia decisiva al profesorado.

Enseñar constituye, para él, una auténtica vocación y una forma eminente de caridad. El buen docente no sólo transmite conocimientos, sino que acompaña a sus alumnos en la búsqueda de la verdad y en la formación de una conciencia ética sólida.

Su tarea debe apoyarse en cuatro pilares: interioridad, unidad, amor y alegría, valores que permiten formar personas capaces de afrontar con esperanza los retos del presente.

Un nuevo humanismo para el siglo XXI

El pensamiento universitario de León XIV configura, en definitiva, un amplio proyecto de humanismo cristiano.

Ante las incertidumbres culturales, sociales y tecnológicas del siglo XXI, propone una universidad abierta al diálogo entre fe y razón, comprometida con la dignidad humana y orientada al servicio del bien común.

Su objetivo no es únicamente preparar excelentes profesionales, sino formar personas libres, responsables y solidarias, capaces de transformar la sociedad desde la justicia, la paz y la esperanza. La universidad aparece así como una auténtica comunidad de vida donde profesores y estudiantes aprenden juntos a buscar la verdad, servir a los demás y contribuir a la construcción de un mundo más humano.

Universidad e inteligencia artificial

Nos recuerda León XIV en su primera encíclica, Magnifica humanidad, que el gran reto de la universidad es la integración de los conocimientos, formando tanto en la capacidad de conectar y fusionar saberes para interpretar la complejidad, como en las técnicas de verificación de los hechos.

Advierte que la educación adquiere una importancia decisiva, pero estamos poco preparados y esa omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad.

Para custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA, debemos volver a reflexionar sobre el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la justicia social.

Anima así el Papa a las academias y las universidades a revitalizar estos principios, de forma que se adapten a los tiempos actuales y sean eficaces para afrontar la revolución digital.

Educar en el uso de la IA implica, por tanto, educar para decidir cuándo y para qué no utilizarla.

La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo.

El Papa nos anima, en definitiva, a aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita.

*** Isaac González Marcos, OSA, es profesor de Historia de la Iglesia en la Facultad Teológica de Burgos.