Albert Rivera, en la plaza de Los Fueros de Rentería (Guipúzcoa) durante la campaña electoral del 26-N.

Albert Rivera, en la plaza de Los Fueros de Rentería (Guipúzcoa) durante la campaña electoral del 26-N. E.P.

LA TRIBUNA

Para lo que has quedado, Bildu

El autor, secretario de Comunicación de Ciudadanos en Navarra y parlamentario foral, analiza el papel de la coalición 'abertzale', que acaba de solicitar el veto del Parlamento vasco a los líderes de PP, Cs y Vox en la campaña electoral.

Para lo que ha quedado Bildu, señores. La última ocurrencia ultrarrevolucionaria es presentar una proposición no de ley para que el Parlamento vasco vete la presencia de Albert Rivera, Pablo Casado y Santiago Abascal durante la campaña en “Euskal Herria” (sic). La premisa es que, aun “teniendo en cuenta la libertad de expresión”, esos fascistas no tienen otra cosa que hacer que venir a tensionar la convivencia en nuestra tierra de armonía sabinaresca, y eso no se puede permitir. Y aunque les resulte un tanto extraño, ya les digo que entiendo perfectamente la propuesta de los que ya media Europa conoce como “los artesanos de la paz”.

Bildu está atravesando un momento complicado, una crisis de identidad y madurez que le empuja de forma inminente a elegir qué quiere ser de mayor. No es fácil desprenderse de la connivencia con la lucha armada mientras media España -calculo que dos tercios de ésta, socialista- se empeña en presentarte como una fuerza democrática más surgida de nuestra Transición.

Primero fue la moción de censura que situó a Pedro Sánchez en La Moncloa. Una moción que se orquestó sin pedir nada a cambio. Sí, nada. Ni la amnistía, ni siquiera el acercamiento de presos, tampoco la independencia, ni un cachito de Nafarroa… Nada, señores, nada. Tantos cajeros quemados, tantas manifestaciones pidiendo la libertad de los terroristas, tantas horas agitando las calles… Para nada.

Luego vino el Ayuntamiento de Pamplona donde, a pesar del falso relato epistolar de Sánchez, el PSN acabó votándose a sí mismo, quizás esperando hasta última hora que Bildu evitase el bochorno de un gobierno trifachito de Navarra Suma que, recuerdo, fue apoyado por el 40% de los pamploneses. Total, si ya había sucedido en la moción, ¿por qué no iba a suceder otra vez? Pero ahí no pudo ser, ¿cómo iba a vender Arnaldo Otegi a sus bases que habían cedido Iruña, la joya de la corona de su construcción nacional, al que ellos llaman partido de los GAL?

Más tarde llegaría la Mesa del Parlamento de Navarra, donde todos pudimos presenciar el espectáculo bochornoso del Partido Socialista para acabar cediéndole un lugar a Bildu. Todo por una Secretaría que al final algunos acabarían regalándoles a cambio de una abstención. Fíjense qué cuota de poder tiene esta gente en su Euskal Herria que hasta “el régimen” y la derecha vasca deben cederles lo que ellos no pueden sacar por sus propios votos.

Después, la abstención para la investidura en el Gobierno de Navarra. Después de semanas amenazando con que Bildu no iba a dejar que se le ningunease si no se sentaban con ellos, ahí tienen a María Chivite. Apunten, Bildu decidiendo facilitar una presidencia socialista. ¿Qué pensarán el carnicero de Mondragón o De Juana Chaos sobre todo esto? Tanta lucha armada para acabar pidiéndole permiso a tus bases sobre una abstención para un gobierno socialista.

Y luego sucedió “lo de Huarte”, donde sólo la cobardía de un PSN que no quiso recoger su acta de concejal, desembocó en el pago de una alcaldía para Bildu. Así lo había anunciado durante el Pleno de investidura la portavoz de la izquierda abertzale. ¡O nos dais Huarte y Sartaguda o la montamos! Me disculparán todos los huartearras y sartagudenses, pero imagino que para un abertzale de pro esa petición sólo es un leve consuelo.

Ahora ya sólo queda elegir quién preside la Mancomunidad de Pamplona, que han negociado con el Partido Socialista de Navarra el mismo día en que una de sus miembros aceptaba su condena por pertenecer a la banda terrorista ETA. Sobre la actitud de compadreo del PSOE, ellos verán cómo encajan esto con el paso de los años, pero Bildu… ¡para lo que han quedado!

A ver cómo encaja con el paso de los años el PSOE su actitud de compadreo con Bildu... pero los 'abertzales'... ¡para lo que han quedado!

Por eso tiene sentido la iniciativa que han presentado en el País Vasco y que engloba -les voy a comprar el lenguaje- a toda Euskal Herria. Bildu es una fuerza política sin ninguna cuota de poder en su Narnia abertzale. No gobiernan en ninguna capital de provincia, ni en País Vasco ni en Navarra. Han perdido enclaves como Pamplona y Estella en favor de Navarra Suma al igual que ya hace tiempo naufragaron en San Sebastián. Su papel en Euskadi se basa principalmente en ponerse a cocinar cenas de Navidad mientras asumen una posición irrelevante ante el tándem PNV-PSE. No ostentan ninguna Diputación Foral y en Madrid han pasado a formar parte de la terna de escaños con los que un gobierno socialista puede contar para una investidura.

¿Para qué ha servido todo esto, Arnaldo, para qué? Después de 857 muertos sin condenar y más de 200.000 desplazados, y no gobiernas ni el gaztetxe. Y es ahí donde nace la propuesta que ha presentado Bildu en el Parlamento vasco.

Debe de ser tremendamente elogioso que la izquierda abertzale haya abandonado las armas para apoyar iniciativas tan revolucionarias como que líderes democráticos no visiten sus aposentos. “Al menos ya no matan”, pensará más de uno con especial interés por olvidar. Una suerte de “invéntate algo radical, que las bases nos están viendo el plumero”, ya que Bildu es partido irrelevante en el ámbito gubernamental que necesita de vez en cuando este tipo de ocurrencias para que no se remueva la militancia. ¡Sigamos haciendo la revolución!

¿Y nosotros? Nosotros les vamos a acompañar en esta insurrección. Ahí estaremos en Euskadi, Navarra y donde haga falta, durante la campaña y fuera de ésta, para que así puedan demostrar una vez más a sus acólitos que estamos tocando con los dedos la independencia de Euskal Herria.

Pero cuidado con la credibilidad y los golpes de efecto en las calle, que los carga el diablo. No vaya a ser que los gudaris que te acompañan en la lucha acaben por darse cuenta que el duro discurso callejero se ha convertido en una súplica e irrelevancia supina en las instituciones. No vaya a ser que un día os acerquéis con vuestros compañeros a reventar un acto de los "fascistas" y tengáis que salir escoltados a nuestro lado.

*** Alberto Bonilla es parlamentario foral por Navarra Suma y secretario de Comunicación de Ciudadanos Navarra

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