Maricarmen, mujer de 87 años, desahuciada.

Olga, 53 años, desahuciada. Olga se ha suicidado después de pedir ayuda a todas las administraciones dejando a dos adolescentes huérfanos.

David y su hijo eran desahuciados el mismo día que Maricarmen. En Vallecas, tras la compra de un fondo buitre de 500 viviendas sociales a la Fundación La Caixa.

Cientos de miles de dramas personales que cuentan la historia de un fracaso colectivo y social, de un poder económico que ha hecho de la vivienda un bien para la especulación y de un poder político que le sirve en lugar de proteger el techo como el bien de primera necesidad y derecho que es.

Resulta especialmente hiriente e insultante que el PSOE y la ministra de Vivienda salgan a señalar a las administraciones autonómicas para exculparse y a fingir preocupación por la peor situación de acceso a vivienda en décadas que han provocado.

Ellos, que llegaron prometiendo la prohibición de los desahucios y que esta sería "la legislatura de la vivienda" y bajo cuyos 8 años de gobierno, el "más progresista de la historia", se han producido 272.000 desahucios, 90 de media al día.

135.000 desahucios se produjeron durante la legislatura en la que Irene Montero era ministra, la misma que ahora se presenta en las manifestaciones por la vivienda para hacerse la foto, gritar cual mariantonieta que se le debe un respeto por eurodiputada. Y promocionar su candidatura a las generales con un lema de "paz, techo y trabajo" que sabemos cínico y falsario porque cuando ha tenido la oportunidad, lo ha traicionado.

Ni esta izquierda vendida al capital, ni la derecha neoliberal que no tiene más patria que el dinero y entiende por bien común los intereses de los usureros, van a solucionar nada.

Sólo desde un movimiento social que execre de los partidos institucionales, que eche de sus manifestaciones a los oportunistas e impugne el orden económico podremos conseguir que el techo y trabajo dignos sean realidades y no un lema en boca de embusteros.