Es de un cinismo mayúsculo que el Gobierno predique sin descanso su apuesta por lo público y, cuando le toca elegir, no se aplique su propia receta.
Ha ocurrido con la entrevista a Pedro Sánchez en Televisión Española.
En lugar de hacerla los profesionales de la cadena, la realizó una productora privada con dos periodistas ajenos a la casa. O sea: servicio público con gestión privada... a la medida de Sánchez.
No extraña que el Consejo de Informativos de TVE protestara formalmente.
Moncloa puso la hora —¿y el guion?— para que los entrevistadores fueran quienes fueron: Esther Palomera y Jesús Cintora.
El resultado: una entrevista cómoda y complaciente con el presidente del Gobierno en su peor momento desde que llegó a la Moncloa: desbordado por la crisis de Ceuta y acorralado por los casos de corrupción.
No hubo repreguntas a afirmaciones, cuando menos, llamativas.
Sánchez dijo que Ceuta tiene que asumir "una realidad estructural": convivir con miles de migrantes en instalaciones públicas. Silencio.
Dijo que él tiene derecho a irse de vacaciones en medio de una "violación de la integridad territorial de España". Silencio.
Y dijo que su hermano y su esposa son inocentes, y que así se pone de manifiesto porque, digan lo que digan los jueces, la Fiscalía y la Abogacía del Estado los defienden. Una repregunta elemental de Cintora habría bastado: "¿Y de quién dependen?". Pero el silencio fue de nuevo la respuesta.
Qué diferencia con la entrevista que horas más tarde le hacía Cristina Pardo a Óscar Puente.
La periodista preguntó al ministro sabelotodo si mintió cuando, ¡ya el 1 de agosto!, tuiteó: "Otra crisis resuelta por Pedro Sánchez". La realidad es que 40 días después los ceutíes no salen de la pesadilla.
Cuando el ministro defendió ante las cámaras de Antena 3 que Sánchez tenía derecho a irse a la playa en medio del caos, la periodista le recordó sus palabras exigiendo al presidente de Castilla y León que se pusiera al frente de los incendios: "Las vacaciones están sobrevaloradas".
Sánchez venera lo público. Pero privatiza el terreno que pisa. Para estar en casa y no soltar el mando. Ni el de la tele.
