Los therian han inundado mi algoritmo y estoy segura de que no soy la única.

Jóvenes, algunos prácticamente recién salidos de la adolescencia, que llevan máscaras, caminan a cuatro patas y dicen sentirse identificados con el lobo estepario, con un carnero o con un mastín.

He buscado con interés, pero no he encontrado todavía a ninguno que se identifique con una garrapata, pero me ha parecido ver que sí hay piojos. No lo puedo confirmarlo porque, presa de un ataque de cobardía, me ha entrado miedo y no le he dado clic al enlace.

Leo sobre el nuevo fenómeno que "arrasa" entre los jóvenes.

Y da igual que tú y yo no conozcamos a ni un solo therian. Si los titulares dicen que arrasa, es que arrasa.

Y si lo llaman "tendencia", para qué vamos tú y yo a calificarlo como trastorno.

Fin (nombre ficticio), un joven de 17 años de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona), que se identifica con un lobo gris albino. EFE

Leo y me pregunto por qué no hablamos de esto como de un problema de salud pública. Por qué una sociedad obsesionada con la salud mental, y que quiere mandar al psicólogo a un niño agobiado por los exámenes, no se atreve a decir en voz alta que un therian es una persona con problemas.

Oigo hablar de comunidades, identidades, aceptación, miedo por la incomprensión, rechazo familiar.

Bajón.

Y a mí, que ya me aprendí la guía del lenguaje políticamente correcto para hablar de las personas trans, me entra flojera.

Soy una joven que siente que esto le pilla ya mayor.

Y aun así, le meto voluntad y aprendo que no es lo mismo therian que furry. Los primeros sienten una conexión espiritual y profunda con el animal con el que se identifican. Para los segundos es simplemente una afición, disfrutan del disfraz y poco más.

Entiendo que es un poco como la diferencia entre lo transexual y lo drag, pero no sé si estoy cometiendo una herejía.

Aprendo que el término therian procede del inglés therianthropy, el cual, a su vez, deriva de las palabras del griego antiguo therion, que significa bestia o animal salvaje, y anthropos, que significa humano.

Aprendo también que los therian no niegan ser humanos y que no buscan necesariamente una transformación física, sino que la conexión con el animal se produce a un nivel más espiritual, más psíquico. Es un je ne sais quoi que no cualquiera puede comprender.

Un escalofrío, pero en el corazón.

Aprendo que uno puede pasar mucho tiempo hasta que descubre cuáles son sus animales, o lo que llaman su kin, su ser animal.

Pueden ser varios, por cierto.

Es un viaje de autodescubrimiento que se produce en los foros chungos de internet. Antes te ibas a la India en busca de un gurú, pero ahora basta con conectarte a Discord. No se puede decir que internet no nos haya facilitado la vida.

Y todo esto me hace pensar que quizá los therian no son en realidad un problema de salud mental.

Quizá nos están enfrentando con el problema existencial por excelencia: qué significa ser humano.

Cuando leo y escucho a los therian decir que desde pequeños notaron una especie de separación de sí mismos y del resto, pienso en todas las personas que formulan esa experiencia de distinta manera.

Me pregunto si no están diciendo lo mismo que el filósofo Javier Gomá, a quien escuché hace poco en una conferencia sobre la dignidad humana decir que "el hombre y la mujer tienen un problema de extrañamiento, una escisión".

Me pregunto si los therian no se estarán refiriendo a lo que el cristianismo llama el pecado original, que fragmenta a la persona y la deja desconcertada respecto a sí misma.

O quizá tiene algo que ver con ese sentimiento que Aurora Treijo, en una presentación de su libro La ternera describió así: "Nacemos, pero no coincidimos con nosotros mismos: tenemos una separación que nos hace sentir incómodos e incompletos".

Dijo también Gomá el otro día que la cultura, en realidad, tiene siempre un único tema. "La dignidad humana en peligro".

Y yo concluyo que la cultura más excelente será, entonces, aquella que nos salve de esa amenaza.

Así que, aunque iba a escribir sobre enfermedad mental, ahora me pregunto si los therian no serán la consecuencia lógica de una cultura que, ante esa dignidad humana en peligro, responde con un neognosticismo que asegura que nuestro camino a la salvación pasa por huir de lo material.

Aunque lo material sea nuestro propio cuerpo.

[Es muy coherente que, si no podemos fiarnos de nuestra propia carnalidad para saber cuál es nuestro sexo, no podamos fiarnos tampoco para saber cuál es nuestra especie].

Me pregunto también si los therian no serán la consecuencia lógica de una cultura que ha respondido desorientando la experiencia carnal del ser humano, favoreciendo la digitalización y lo virtual, y fomentando la idea de que el cuerpo no es algo que se tiene y que se es, sino algo que se posee.

Y que eso nos permite venderlo, negarlo o alterarlo. En definitiva, odiarlo. Odiarnos.

Una cultura que ha respondido negando la trascendencia, pero sublimando la subjetividad.

Elevando la autopercepción, pero negándole un marco de realidad al que aferrarse.

Que ha respondido, como explica Mary Harrington, destruyendo en el disolvente del postestructuralismo la antigua idea de que hay cosas verdaderas y de que podemos conocerlas.

Que ha respondido consumiéndonos tanto en la lucha para que los otros reconozcan nuestra dignidad, que nos ha hecho olvidar que el mayor atentado contra esa dignidad lo podemos cometer nosotros contra nosotros mismos.

Quizá el problema de una sociedad que no sabe explicarle a un therian por qué es imposible su identificación con un animal es que tampoco sabe explicar qué es ser humano.

Concluía Gomá que el primer motor de la formación moral es una educación sentimental que vea como evidente lo bello. Que presente como evidencias aquellas cosas que son verdaderas, buenas y dignas de ser amadas.

Así que si, al ver a los therian, lo primero que se te pasa por la cabeza no es un tolerante encogimiento de hombros, un progresista "si así son felices", sino la idea de que un ser humano que desee vivir como un perro es una auténtica desgracia, te doy mi más sincera enhorabuena.

Porque esa es la verdadera compasión.

Y estoy convencida de que estás más cerca de resolver el problema de la dignidad humana en peligro.