Uno de los grandes proyectos de Elon Musk con SpaceX es la constelación satelital de Starlink. Un sistema que contará con miles pequeños satélites girando alrededor de la Tierra en órbitas bajas -unos 400 kilómetros- con el fin de proporcionar conexión a internet hasta en los lugares más recónditos del planeta.

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Precisamente en esos lugares donde no sueñan ni con cobertura 3G -y eso que en España ya vamos camino del 5G- ni mucho menos con un despliegue de fibra óptica es donde Starlink tendrá su punto de apoyo más importante. No nos tenemos que ir muy lejos de la civilización, en algunos países basta con alejarse unos cuantos kilómetros de ciudades o pueblos para quedarnos prácticamente fuera de la cobertura de internet por cable de nuestra operadora mientras que la red inalámbrica no da para mucho más que para navegar.

El proyecto Starlink lleva varios años cociéndose a fuego lento dentro de las oficinas de diseño de la compañía y, tras obtener todos los permisos, lleva un tiempo con una cadencia de despliegue bastante buena. Lo último que hemos conocido sobre él lo ha publicado la propia SpaceX y parece que los resultados positivos comienzan a ser una realidad.

Internet de 100 Mbps en mitad de la nada

A través de un par de tweets SpaceX ha comunicado el estado de su servicio Starlink. Mientras sigue en periodo de pruebas internas los "en los test iniciales, el equipo ha estado recogiendo datos de latencia y realizando tests de velocidad estándar del sistema". Así arranca en el pequeño hilo que han creado en la red social que han publicado tras el despliegue de otra tanta de 60 satélites.

Minutos después comunicaban lo que han considerado un éxito: "Los resultados de estos test han mostrado una latencia súper baja y una velocidad de descarga mayor de 100 Mbps, lo suficiente para visualizar múltiples películas en alta definición a la vez y disponer todavía de ancho de banda de sobra". Unos datos que, si se cumplen en todos los escenarios, significarían un cambio en el paradigma de la conectividad a Internet para miles de personas. Y eso que hace escasas dos semanas que SpaceX anunciaba velocidades de 60 Mbps.

Satélite de Starlink SpaceX Omicrono

Una de las barreras a las que se enfrenta el equipo de ingenieros de Starlink es a la latencia. La distancia que tienen que recorrer los datos desde la estación instalada en las casas hasta el sistema satelital es enorme, mucho más que cualquier conexión cableada en tierra firme. Esa distancia hace que los datos puedan llegar con un retraso -latencia- considerable que puede arruinar la experiencia de usuario en tareas como las videollamadas o los juegos en red.

Por el momento la compañía no ha dado un dato concreto sobre este parámetro en la última prueba. Algo que puede ser importante para algunas personas pero que para otras puede significar algo totalmente secundario. En las últimas pruebas disponibles el ping tenía un rango desde los 30 a los 90; nada mal para tratarse de una conexión inalámbrica. No notaremos apenas diferencia, por ejemplo, si estamos viendo un vídeo en cualquier plataforma de streaming o navegando por Internet.

Los planes de Elon Musk pasan por ofrecer el servicio de conectividad satelital este mismo año limitándose a Estados Unidos y Canadá como países pioneros para probar la tecnología. La conexión se realiza con una antena que los usuarios tendrán que instalar en sus tejados y que, según el propio Elon Musk, se parecen a un "OVNI en un palo".

La antena de Starlink SpaceX Omicrono

Los astrónomos están hartos

Mientras una parte de la población mundial está 'deseando' que la constelación de Starlink sobrevuele su casa para poder visualizar uno de los grandes logros tecnológicos de los últimos tiempos, a los investigadores del cosmos no les parece nada divertido.

Satélites Starlink 2

Los telescopios con los que miran al cielo son muy sensibles y captan el paso de la fila de satélites impidiéndoles la observación científica. Desde SpaceX ya han comunicado que van a disminuir el rastro lumínico y que intentarán variar la órbita de la constelación para interferir lo menos posibles en las investigaciones.