El disco de vinilo ha vuelto; sus ventas han crecido de manera espectacular en España, después de décadas desaparecido.

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Es fácil descartar este crecimiento como fruto único de la nostalgia. Pero teniendo en cuenta que a principios de 2020 los vinilos ya se vendían más que los CDs, puede que haya algo más que eso.

El sector tecnológico ha reaccionado, con dispositivos que nos permite escuchar vinilos en altavoces inteligentes, e incluso los propios vinilos ahora son capaces de mucho más, incluyendo guardar contenido en alta definición.

Disco de vinilo con sistema operativo

Pero lo que ha hecho el ingeniero Jozef Bogin se lleva la palma: ha conseguido usar un disco de vinilo para cargar un sistema operativo para ordenador, de manera efectiva sustituyendo a un disco duro tradicional.

Eso suena extraño, ya que precisamente uno de los motivos por los que los entusiastas prefieren los vinilos para el sonido es porque es un medio analógico; la aguja mide las variaciones en los surcos y las traslada al reproductor para conseguir el sonido más fiel, a diferencia de medios digitales que luego deben trasladarse a analógico.

Este disco de vinilo contiene un sistema operativo Jozef Bogin Omicrono

Un sistema operativo es una serie de ceros y unos, un sistema digital, así que ¿cómo ha podido cargarlo en un ordenador? En realidad, nuestros lectores más veteranos ya se habrán hecho una idea, especialmente si han usado ordenadores que usan cinta de casete.

Código en sonido

El ordenador usado para esta prueba es un viejo IBM, que cuenta con un gestor de arranque ('boot loader') que primero comprueba si puede iniciar desde el disquete o el disco duro; si no puede, busca un lector de casetes y 'escucha' en busca de un sistema que arrancar.

Muchos ordenadores personales antes eran capaces de usar programas almacenados en casete; en España, el Spectrum fue especialmente popular entre aficionados y desarrolladores.

La lógica de Bogin era que, si el sistema estaba buscando un casete, reproducir los mismos datos en un vinilo no era algo tan extravagante. Claro, que se encontró con muchos obstáculos.

En un disco de diez pulgadas, la cantidad de datos que se pueden almacenar no es muy alta; fue capaz de grabar seis minutos y diez segundos de audio a 45 rpm, resultando en 64 kilobytes de memoria. Este sonido debía ser grabado de la manera más clara posible y sin errores, para que el gestor de arranque pudiese interpretarlo como una serie de ceros y unos.

En ese espacio, Bogin grabó una versión recortada de FreeDOS, un sistema operativo libre compatible con MS-DOS, el antecesor de Windows usado en ordenadores de la época.

Sorprendentemente, funciona, y lo mejor es que podemos 'escuchar el sistema operativo'; aunque advertimos que no es nada agradable y no recomendamos usar auriculares.